El nuevo milagro de Leonardo

Un óleo perdido durante 300 años y en mal estado, adquirido por 900 dólares en el 2005 y subastado en el 2017 por 450 millones de dólares no sólo habla del eterno influjo del gran pintor italiano, sino que retrata la cara más controvertida del mercado

El Salvator Mundi, óleo sobre madera de nogal de 66x45 centímetros vendido en el 2017 por 450 millones de dólares, ha tenido muchas más vidas, muertes y resurrecciones que el propio Jesucristo. Infinitas más. El hijo de Dios forjó su leyenda en apenas 33 años y dejó su huella: “Amaos los unos a los otros”. La obra atribuida a Leonardo da Vinci, padre real o adoptivo, lleva más de cinco siglos cambiando de dueños, de autoría, de continente... 500 años acumulando polvo y limpiezas de cutis, soportando cicatrices y cirugías plásticas que le han devuelto un esplendor inesperado. “Peleaos los unos contra los otros”, parece pensar el Hijo de los Hombres con su pelo castaño de tirabuzones perfectos, sonrisa monalisa marca de la casa, ojos ligeramente entrecerrados y mejillas sonrosadas.

Dos años tras su compra, aún se discute si el cuadro es genuino y sus dueños no saben cuándo se expondrá; costó 450 millones 

Objeto de polémica constante, el cuadro más caro de la historia aspiraba a erigirse en la Gioconda de otro Louvre, el de Abu Dabi. Ahora está por verse, porque ni los expertos se ponen de acuerdo con la autoría de Leonardo ni sus dueños (la familia real saudí) no están ya seguros de haber pagado tanto por algo dudoso hasta el punto que no saben qué hacer con el óleo. 
Las tribulaciones que han acompañado al Salvator Mundi en realidad constituyen un retrato más poderoso que el del Cristo, porque ponen ante el espejo al mundillo del arte, sus operaciones y maquinaciones, sus avenidas resplandecientes  pavimentadas con oro y callejones sin salida por donde transitan historiadores, falsificadores, marchantes, agentes, especuladores, galeristas, subastadores, coleccionistas, falsificadores... 

¿Estamos ante un milagro como los del Nuevo Testamento o una operación a gran escala? En todo caso, que un cuadro perdido durante casi 300 años, en mal estado, reaparecido en 1900 y comprado por unas libras esterlinas en 1953, alcance los 127 millones en el 2013 y los 450 hace dos años tiene igual o más mérito que convertir el agua en vino o multiplicar los panes y los peces. Jesús revivió a Lázaro, pero el mercado del arte ha resucitado un cuadro que había pasado a mejor vida. Para más inri, después de desembolsar tanto dinero los propietarios han decidido no mostrarlo.

Dónde se halla el cuadro es casi una anécdota. Lo importante es por qué no se expone. “La única explicación plausible es que los propietarios se han dado cuenta de que no es todo lo auténtico que debería”, apunta Daley. Las razones del cambio de planes del Louvre Abu Dabi podrían estar relacionadas con la nube que se ha cernido sobre la autoría y que a menudo ha acompañado a este icono. 

Sea como fuere, no hay quien se ponga de acuerdo en quién pintó el cuadro. Igual que hay expertos que defienden con convicción y pruebas la autoría de Leonardo, otros alegan evidencias distintas para señalar a Giovanni Boltrafio o Bernardino Luini, dos discípulos, como los ejecutores de la obra. Hay incluso un tercer grupo que prefiere mantenerse al margen por la humareda acumulada en torno al origen y restauración del óleo. “Sobre esta obra prefiero no pronunciarme. Todo lo que la rodea es demasiado extraño”, comenta uno de los mejores expertos en autentificación en España con una larga carrera a sus espaldas.

En realidad hay muchos elementos que apuntan a la autoría de Leonardo, desde que los paneles de madera sean de nogal (el maestro prefería esta madera a la de chopo), a la presencia de pentimenti, formas originales luego retocadas. Otros detalles de estilo y de su origen, sin embargo, no parecen encajar con la mano del maestro y sí con la de sus alumnos aventajados. 

Hay especialistas que prefieren quedar  al margen del debate: “Sobre esta obra prefiero no pronunciarme. Todo lo que la rodea es demasiado extraño”, cuenta un experto español 

Carmen Bambach, responsable del área del Renacimiento en el museo Metropolitan de Nueva York es la última que frunce el ceño cuando se le pregunta si ve a Leonardo como el autor. “Esa opinión no me representa”, ha declarado recientemente. En el 2008, cuando vio el cuadro por primera vez ya expuso sus peros. Ahora, en su trabajo que aúna cuatro volúmenes sobre el gran maestro del Renacimiento, Bambach ve la mano de Boltraffio en el cuadro “con algunos retoques (de Leonardo)”.

En el endiablado mercado del arte, un cuadro de gran calidad de un discípulo de Da Vinci podría rondar el millón de dólares (en 1999 se vendió uno de un miembro del taller de Da Vinci por 330.000 dólares), nunca 127 o 450 millones. El catedrático emérito de la Universidad de Oxford, Martin Kemp, gran autoridad en la obra del artista, ha asegurado en los últimos años que, pese al mal estado en el que se hallaba la tabla antes de restaurarla, nada le hacía pensar que no sea del artista-científico. El historiador alemán Frank Zöllner, por el contrario, estaría más cerca de las tesis de Bambach. En el prefacio a su obra Leonardo. The complete paintings and drawings (Taschen), el experto asegura que el “(Salvator Mundi) exhibe una fuerte y desarrollada técnica del sfumato que se corresponde más a la manera de pintar de un discípulo activo alrededor del 1520 que la del propio maestro”.

Un espaldarazo definitivo para elevar el caché del óleo lo dio la National Gallery cuando lo expuso en el 2011 como un original de Da Vinci, sin referencia alguna a la posible mano de alumnos del taller. A principios de junio, el museo londinense volvió a justificar aquella decisión a raíz de las críticas dirigidas por Ben Lewis, otro experto en el artista, que en su reciente libro The Last Leonardo (Penguin) señala que la decisión de mostrarlo al público sin matices en la autoría sirvió para que Christie’s tuviera mejores expectativas en la puja que ascendería a los 450 millones.

“El cuadro ha sido presentado con éxito como un Leonardo, pero las dudas sobre su proveniencia están ahí: casi 300 años sin saber de la pieza. Hay un eslabón perdido, una pista que acaba en un callejón sin salida”, esgrime Daley, director de Artwatch UK, institución que se encarga de velar por la buena praxis en las restauraciones de todo tipo. A su juicio, el óleo en cuestión no pertenece a la colección de Carlos I de Inglaterra porque carece de la corona en el marco y el emblema CR (Carolus Rex). “Cuando el cuadro reaparece en la colección de Michael Cook en 1900 no se especifica de dónde llega ni quién es el vendedor. No recuerdo caso tan problemático”, constata Daley que en los últimos años ha dedicado buena parte de su tiempo a investigar los entresijos del proceso de recuperación del cuadro y su autentificación: “Algunos de los expertos que dieron una opinión favorable de la autoría de Leonardo –revela– no quisieron que su nombre se hiciese público”. 

Orgullo, humor y reputación 
¿Qué sucede cuando se descubre que un cuadro por el que se pagó un potosí resulta no ser lo que se pensaba? Hay galerías que cierran por no poder hacer frente a la devoluciones Hay museos que optan por el humor. Un año antes de que expusiera el Salvator atribuyéndolo a Da Vinci, la propia National Gallery organizó Bajo la lupa: falsificación, errores y hallazgos en la que mostraba de piezas de dudoso origen o falsas como una tela adquirida en 1923 y atribuida al siglo XV. Los pigmentos usados no estaban inventados antes del siglo XIX. El humor es el antídoto del orgullo. El profesor Noah Charney cree que “el orgullo es un obstáculo, lleva a los falsificadores a falsificar, y a los expertos a defender sus ideas aunque la evidencia les contradiga. Los criminales  –sostiene– suelen aprovechar el orgullo de otros para sacar ventaja”.

El sigilo y la discreción en estos casos son vitales porque el prestigio de un profesional o la viabilidad de una galería dependen de ello. Comerciar con una obra de estas características aumenta la reputación, pero la puede pulverizar. Sin ir más lejos, el antiguo propietario del cuadro, Dmitri Ryboloblev ha denunciado a Sotheby’s y a un antiguo colaborador acusándoles de que le hicieron pagar demasiado: los vendedores tenían previsto venderlo por 80 millones, él acabó abonando 127,5 en una operación privada. En la lista de los 25 cuadros más caros de la historia, Rybolovlev es propietario de cuatro: un Rothko, un Klimt, un Gauguin y un Modigliani.

“Lo que realmente retrata el ‘Salvator Mundi’ es a un cierto mundo del mercado del arte que se pone en evidencia por su poca transparencia”, reprocha Michael Daley, de la fundación Artwatch

Noah Charney, experto en crimen y fraude en arte, autor de libros como The Art of Forgery (El arte de la falsificación) (Phaidon) ya predijo hace unos años que el Salvator Mundi podía alcanzar precios de escándalo pues suponía una historia redonda: el descubrimiento de una pieza de un autor venerado... que apenas suma 20 cuadros con su firma. ¿Cree aún que es un Da Vinci auténtico? “Sí, porque confío en la opinión de los conservadores que estudiaron el cuadro a fondo y que ha puesto en juego su reputación personal. Precio aparte, casi nadie discute la calidad artística de la obra”. Charney ya sugirió en su día que el debate sobre el Salvator Mundi podría trasladarse a otra obra, La bella principessa, que se asocia a Da Vinci pero cuya autoría está disputada: “Martin Kemp defiende que el cuadro es una gran obra perdida de Leonardo. Sin embargo, otros expertos en el artista creen que no lo es”, cuenta. Tal vez no sea prudente hacer regla de tres, pero si el Salvator Mundi costó menos de mil dólares en una subasta para luego alcanzar los 450 millones. ¿Cuánto podría alcanzar La Bella Principessa, vendido por 22.000$ en 1998 en Christie’s y cuyo valor actual rondaría los 80 millones? Hay una huella dactilar localizada en la pintura igual que una hallada en una tela inacabada de Leonardo. Secuela servida.

“El caso del Salvator Mundi lo que realmente retrata es a un cierto mundo del mercado del arte que se pone en evidencia y está en el foco por su falta de transparencia”, denuncia Michael Daley. A su juicio “las instituciones (museísticas) deberían someterse a controles. El Louvre, por ejemplo, queda en una posición imposible, cada vez que alguien pregunta dan la callada por respuesta”, afirma. “Las intrigas del Salvator Mundi –completa Noah Charney, que discrepa de Daley–son representativas de lo que pasa en el mercado del arte, pero este caso es mucho más transparente que otros: los informes sobre la conservación fueron publicados, más transparente que eso...”.

Días después de la venta del cuadro, la firma Deloitte publicó su informe anual en el que anunciaba hasta el 2026 los ultramillonarios iban a gastar la friolera de 2,4 billones de euros al tiempo que denunciaba “falta de confianza y transparencia” por parte de los coleccionistas en el propio mercado del arte. 

Los historiadores más críticos con la autoría de Da Vinci, como Ben Lewis, creen que el óleo ha costado tanto dinero porque la National Gallery lo expuso en el 2011 como un Leonardo auténtico

En paralelo a los resortes de los que dispone el mercado del arte para resucitar un cuadro de este tipo, surge otro interrogante. ¿Hasta qué punto puede considerarse original una obra de arte que ha sido profundamente reensamblada y limpiada a lo largo de medio milenio? Mónica Piera es la única española que pertenece al prestigioso comité de veto de la feria de arte Tefaf en Maastricht (Países Bajos), una de las citas más prestigiosas y puntillosas a la hora de aceptar los objetos que exponen las galerías y que pasan un examen exhaustivo sobre su origen y materiales.  Especializada en mueble, la profesora Piera explica que “una cosa es una falsificación en la que hay voluntad de engaño, y otra es la restauración y conservación con los mejores métodos posibles. En lo que respecta al mueble –indica– la restauración en el siglo XIX se entendía de otra manera. Las restauraciones agresivas de entonces hoy ya no se llevarían a cabo. Puede haber piezas que, aunque estén muy retocadas, pueden tener un valor”, aclara.

A la hora de restaurar muebles, Piera siempre habla en términos médicos: “La cirugía tiene que ser lo menos invasiva posible”, asegura. Herramientas hay para ello: microscopios y radiografías digitales, reflectógrafos de infrarrojos y rayos UV, espectómetros. ¿A quién ayuda más, al que quiera falsificar o al que quiere detectar el fraude o el retoque? “A nosotros, la tecnología nos ha ayudado muchísimo, pero la intuición también es importante. Sólo con los conocimientos científicos no haces nada”, explica Piera que recientemente ha estudiado una arqueta que tenía muy buen aspecto pero que le faltaba un elemento clave que la hizo sospechar sobre su originalidad: no tenía cerrojo. 

¿Por casualidad lo tiene el Salvator Mundi? ¿Logrará alguien la llave que abra su secreto o es el misterio y el debate que lo envuelve lo que lo engrandece y lo eleva un poco más al reino de los cielos? 
La última capa de barniz de este intríngulis es geopolítica. Varias fuentes aseguran que si el óleo  alcanzó los 450 millones fue porque había una pugna secreta (los pujadores eran anónimos) de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos por miedo a que el cuadro acabará yendo a Qatar, Estado con el que están fuertemente enfrentados, y que posee dos de los cuatro cuadros más caros de la historia, un Cézanne y un Gauguin . 
La exhibición del  supuesto Da Vinci en Abu Dabi era un golpe de efecto que suponía replantear la jerarquía mundial del arte –Nueva York, Londres, París, Florencia– para incluir centros como el citado Louvre, el Museo de Arte Islámico de Doha (Qatar) o el Ithra de Dharan (Arabia Saudí).

“La tecnología nos ayuda mucho, pero la intuición es importante”, dice Mónica Piera, única española del comité de veto de la feria Tefaf en Maastricht que detecta piezas ‘sospechosas’

La obra debía presentarse el pasado 18 de septiembre del año pasado. Pero dos semanas antes, el departamento de Cultura y Turismo de Abu Dabi anunció “el aplazamiento (…) Pronto se anunciarán más detalles”. Hay otra posibilidad que no es descabellada: que Arabia Saudí haya decidido no exponer el óleo en Abu Dabi sino en algún museo saudí con la idea de alumbrar una especie de primavera cultural (los cines reabrieron en el 2018 después de 35 años) y desviar la atención respecto a la violación de los derechos humanos como el caso Khashoggi.

Se había especulado con que el cuadro estaba en Suiza. “El lugar natural es que esté en un depósito u otro lugar similar”, esgrime Michael Daley, refiriéndose a los freeport, edificios dotados de las más altas medidas de seguridad en paraísos fiscales o similares. Ahora, y según Artnet.com, el cuadro parecería estar consignado en el Serene, yate propiedad del príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman en Port Said, Egipto. Si eso es así, la noticia es clara: el Cristo, sea o no de Leonardo, vuelve a caminar sobre las aguas. 

 

1500-2019
Vidas y muertes, óleo sobre tabla de nogal

1500 Fecha aproximada de la realización del cuadro a posible encargo de Luis XII de Francia en una época en la que Leonardo se trasladó de Milán a Florencia. Existen no menos de 12 copias realizadas por discípulos.

1638-1641 El cuadro se sitúa en Londres, su propietario sería James Hamilton, ejecutado en la guerra civil inglesa. La tela habría viajado a los Países Bajos y allí la habría copiado Wenceslaus Hollar en este grabado datado en Amberes en 1650.

1649. Aparece a nombre de Henrietta Maria, viuda de Carlos I, y registrada en el inventario real.

1651. Vendido a un acreedor de la casa real. Regresa a la corona en 1666 bajo el reinado de Carlos II, reiventariado en el palacio de Whitehall.

1763. Subastado por sir Charles Herbert, hijo ilegítimo de John Sheffield, duque de Buckingham y marido de Catherine Sedley, que fue amante del rey James II de quien ésta recibió la tela

1900. Tras más de dos siglos y medio en paradero desconocido, el coleccionista Francis Cook, vizconde de Monserrate, compra el cuadro que se le atribuye a Bernardino Luini, seguidor de Leonardo. La tela está muy dañada por una serie de intentos fallidos de restauración

1958. El nieto de Cook lo vende en subasta en Sotheby’s por 45 libras de la época a un tal Kuntz y esta vez se le atribuye (hasta el 2011) a Giovanni Boltraffio, otro alumno de Leonardo. 

1999. Una copia del Salvator Mundi atribuida al taller de Leonardo se vende por 332.500 dólares.

15 años de vértigo

2005. El cuadro reaparece en Nueva Orleans y se subasta en el lote 664. El marchante de Nueva York Alexander Parish, asociado con el galerista Robert Simon, tienen previsto pujar hasta los 10.000 $, pero les basta con pujar hasta los 1.000 para hacerse con la pieza, que creen puede ser de Luini. Le enseñan el panel a la restauradora y profesora investigadora Diane Modestini. Esta se la entrega a Monica Griesbach para que ajuste el soporte del cuadro, hecho de nogal. 

2007. Modestini acaba de restaurar el cuadro y los propietarios empiezan a enseñarlo a expertos. Algunos están convencidos de que es un Da Vinci auténtico. Otros dudan abiertamente.

2008. Robert Simon viaja a Londres con el cuadro. La nacional Gallery prevé un show irrepetible sobre Leonardo y lo muestra a algunos de los más reputados expertos en el artista, incluido Martin Kemp, que ve la mano de Da Vinci en el cuadro. Otros, como Carmen Bambach, tienen sus dudas y cree que es de Boltrafio 

2009. Expertos de varios museos estadounidenses reconocen la época y la conexión del cuadro con Leonardo, pero rehúsan pagar 100 millones de dólares por una pieza tan restaurada.

2010. La National Gallery exhibe el cuadro y lo atribuye categóricamente y sin matices a Leonardo Da Vinci.

2012. Desde el 2009, los propietarios hablan con Maxwell Anderson, director del Dallas Museum of Art. Una larga campaña de recogida de fondos entre los filántropos de la ciudad no alcanza los 100 millones.

2013. El oligarca ruso Dmitry Rybolovlev sopesa comprar la tela y acude al polémico marchante suizo Yves Bouvier para negociar. Paga 127.5 . El precio inicial era de 80. La pugna entre ambos (con la presencia de Sotheby’s de fondo) dura hasta hoy en día y deben resolverla los tribunales.

2017. El 15 de noviembre, Christie’s subasta la obra. Lote 9B. En minutos, la puja pasa de los 100 millones, 200, 280… a la de tres, 400 millones, más 50 para la casa de subastas. El New York Times revela que un príncipe saudí ha comprado la obra en nombre del príncipe heredero Bin Salman para exponerlo como pieza estrella en el Louvre de Abu Dhabi.

2018. El departamento de Cultura y Turismo de Abu Dabi tuitea el 27 de junio que la presentación del cuadro será el 18 de septiembre. Dos semanas antes de esa fecha publico otro tuit: “El departamento anuncia el aplazamiento de la inauguración del Salvator Mundi de Leonardo da Vinci. Pronto se anunciarán más detalles pronto”. Desde entonces, silencio.