Panteras Un felino en el techo del mundo

En la meseta tibetana o las cumbres del Himalaya indio, a no menos de 3.000 metros de altura, vive este felino, el más difícil de ver. Aun así, pese a este refugio remoto, el leopardo de las nieves es una especie amenazada.

La meseta tibetana parece infinita. Se diría que la sucesión de picos nevados no termina nunca. Desde un balcón natural en Sanjiangyuan, el paisaje es de una belleza extrema. Hay numerosas cumbres por encima de 6.000 metros, algunas rondan los 7.000. La zona formada por Tíbet junto a las regiones vecinas de Himalaya y Hindukush se conoce como “el tercer polo”. Con más de 50.000 glaciares, alberga la mayor cantidad de hielo de la Tierra después del Ártico y la Antártida.

En la meseta tibetana, a 4.200 metros de altura, donde vive el pastor de yaks Charl, en invierno se pueden alcanzar los -40ºC. Aquí viven diversas especies animales, entre ellas, la pantera de las nieves

A comienzos de enero, el frío es intenso y las condiciones en Tíbet son excepcionalmente duras. Aun así, la actividad empieza temprano en la cabaña de Charl, un pastor de yaks que vive a 4.200 metros de altura, junto a su familia. Tiene tres hijos y una hija. Aparte de yaks, posee algunos caballos capaces de resistir este clima y un par de mastines tibetanos que mantienen a raya a lobos y panteras de las nieves. Su economía depende del ganado. El pueblo más cercano está a unas tres horas de camino cuando hace buen tiempo. En invierno, la carretera se hiela y es inaccesible. Durante semanas, Charl y su familia permanecen aislados del mundo.

El sol comienza a iluminar, pero calienta poco. Mientras el primogénito de Charl, Tuding, abre la cerca del ganado para que los animales salgan a pastar, el termómetro marca 20ºC bajo cero. No es inusual que en las zonas altas de la meseta tibetana se supere esa temperatura e incluso se llegue a los -40ºC en los días más fríos del invierno. Dentro de la cabaña, a la hora de levantarse, la temperatura es de -4ºC o -5ºC. Incluso a los yaks más pequeños y a las crías les ponen una especie de chaquetas de lana y cuero para protegerles del frío.

Estas montañas se conocen como Sanjiangyuan, que quiere decir la fuente de los tres ríos porque aquí nacen tres de los grandes ríos de Asia: el Yangtsé, el Mekong y el Amarillo. Cuando se observan estas cumbres, la sensación es de encontrarse verdaderamente en el techo del mundo. Administrativamente, esta zona de Tíbet ahora se encuentra dentro de los límites de la prefectura autónoma tibetana de Yushu, en la provincia china de Qinghai.

 

GRAN BIODIVERSIDAD. Pese al frío, este es un entorno natural dotado de una gran biodiversidad donde, además de leopardos de las nieves, viven lobos, linces, osos pardos, íbices, corderos azules, ciervos almizcleros y centenares de aves. También hay especies sorprendentes como las gacelas de alta montaña. En el fondo de un valle que parece una meseta, aparece un grupo familiar de estos antílopes salvajes con machos, hembras y crías de pocos meses. También llamada goa, es una especie de pequeño tamaño, que vive tan sólo en estas zonas tibetanas, entre 4.000 y 6.000 metros de altura. Los prados alpinos y los altiplanos de alta montaña con vegetación esteparia son su hábitat ideal. A diferencia de otros ungulados, no forman grandes rebaños. Su principal depredador es el lobo tibetano. En ocasiones, son presa del leopardo de las nieves, el gran felino adaptado a este entorno tan duro.

Al leopardo de las nieves (Panthera uncia) se le conoce también como irbis y pantera de las nieves. Es un gran felino de tonos grisáceos con un pelaje muy grueso y grandes manchas negras, un camuflaje perfecto en el hábitat rocoso donde vive. Posee una cola majestuosa, muy peluda y de casi un metro de largo, que le sirve para mantener el equilibrio mientras se desplaza, siempre solitario, entre los riscos escarpados. A veces, le proporciona protección adicional contra el frío, ya que suele envolverse la cabeza con ella como si fuera una bufanda mientras descansa.

Las plantas de sus pies están cubiertas de piel, son muy anchas y actúan como raquetas de nieve naturales. Sus patas musculosas están capacitadas para dar saltos enormes de más de 14 metros. Es uno de los felinos más esquivos y difíciles de observar, y el único del género Panthera que no puede rugir.

Vive en las montañas de Asia Central, principalmente en esta meseta tibetana y el Himalaya, a alturas de entre 3.000 y 5.000 metros. En otros países, como Mongolia, habita en cotas más bajas. La mitad de los leopardos se encuentran entre Tíbet y China. El resto, en Mongolia, India, Pakistán y Nepal, con una pequeña población en Bután, Kirguistán, Kazajistán, Afganistán y Tayikistán.

El felino ha sido venerado durante milenios por los budistas. Para todos los pueblos de Asia central tiene un componente sagrado y misterioso

Para buscar leopardos de las nieves, lo primero que hay que hacer es localizar a su presa. Dependiendo del lugar donde vivan, caza una u otra especie. Depredadores sigilosos, suelen actuar durante el amanecer y el anochecer y son capaces de abatir animales que superan hasta tres veces su peso. Sus piezas preferidas son los ungulados de montaña como íbices, muflones, argalis, uriales y ciervos de varias especies. En ocasiones, cazan yaks y ganado doméstico, como vacas, ovejas o cabras, además de marmotas, liebres y aves.

Los leopardos de esta zona de Tíbet están especializados en los corderos azules. El cordero azul del Himalaya o baral es una especie de cabra de color grisáceo, muy mimética con las rocas donde vive. Según las condiciones de luz y del cielo, adquiere una tonalidad azulada. Los machos y las hembras poseen cuernos. Permanecen activos durante todo el día y se alimentan de hierbas, ramas y arbustos. Este animal se hizo famoso gracias al escritor Peter Matthiessen y a su libro El leopardo de las nieves, que hoy en día ya es un clásico. Matthiessen viajó al Himalaya junto a George Schaller, un reconocido biólogo y conservacionista alemán, con la misión de estudiar al cordero azul y con el sueño de poder observar al mítico felino.

La pantera de las nieves es una de las especies más misteriosas del planeta, uno de los felinos menos estudiados. Es un animal muy esquivo, difícil de ver (Peter Matthiessen y George Schaller no lograron verlo durante su viaje). Observar a un leopardo caminando por barrancos imposibles, aunque sea desde la lejanía, es una visión extraordinaria. Su pose elegante y sus ágiles movimientos transmiten una gran fuerza. Desplazarse por estas montañas, siempre por encima de los 4.000 metros, es duro. Son cumbres excepcionalmente escarpadas, con pendientes brutales, donde ya no hay árboles. De hecho, en algunas áreas el paisaje es árido; se asemeja a un desierto. Es tan agreste y rocoso que parece imposible que allí pueda crecer hierba alguna.

En estas montañas y valles, toda la población es tibetana y de religión budista. Para ellos y para los pueblos de Asia Central donde habita, el leopardo de las nieves posee un componente sagrado y misterioso. Ha sido venerado por los budistas durante milenios. En Mongolia, le llaman “el espíritu de la montaña” y dicen que sólo llegan a verlo las personas felices.

EN LADAKH. Unos miles de kilómetros hacia el sur y al otro lado de la cordillera del Himalaya, está el estado indio de Ladakh. Allí, el paisaje es todavía más abrupto que en Tíbet. Al sur de Leh, la capital del recién nacido estado de Ladakh (hasta hace poco era sólo una región del estado de Jammu y Cachemira), se ubica el parque nacional de Hemis. El norte del parque limita en gran medida con una de las orilla del río Indo. El área natural incluye una pequeña parte de la cordillera Zanskar y las cuencas de varios ríos como el Rumbak y el Sumdah. Se trata de una zona protegida de gran tamaño y es el único parque nacional de India en el Himalaya. Es también una de las áreas protegidas más grandes del subcontinente. Allí, hay una gran cantidad de barales y de leopardos de las nieves, que comparten territorio con pequeñas comunidades que viven de una manera muy básica y tradicional. En verano, a esta zona llega cierto turismo cultural, pero también acude gente para practicar trekking.

En Ladakh, se interviene para garantizar la convivencia de los felinos con los ganaderos del lugar; por ejemplo, se construyen corrales que eviten los ataques nocturnos

El territorio tan hostil donde viven los leopardos de las nieves plantea dudas sobre cómo consiguen sobrevivir. Están en un terreno tan abierto que parece imposible que puedan acercarse a sus presas sin ser detectados. Es muy probable que esa sea la razón de que los leopardos sean aquí especialmente nocturnos. Tienen preferencia por moverse en las horas cercanas al crepúsculo, como la mayoría de los grandes felinos, pero estudios y observaciones llevadas a cabo en esta zona denotan la alta actividad durante la noche.

El viento comienza a soplar y el sol desaparece tras las montañas. Las temperaturas se desploman a -12ºC. A un kilómetro de distancia, se aprecia la silueta compacta de la pantera. Camina por encima de la nieve balanceando su larga cola. Se encuentra en torno a los 5.000 metros, en un collado, entre picos todavía más altos. Se han registrado datos que demuestran la presencia de leopardos de las nieves a más de 6.000 metros.

ESPECIE AMENAZADA. El leopardo de las nieves es considerado “vulnerable” en la Lista Roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la ­Naturaleza (UICN). Se estima que hay entre 6.000 y 8.000 ejemplares en estado salvaje. El número exacto se desconoce, al ser muy difíciles de censar. La especie sufre la caza de los habitantes locales como re­presalia por los ataques al ganado. Además, se los atrapa para el tráfico ilegal de su piel, huesos y otras partes del cuerpo, que son utilizadas como remedios tradicionales en Asia. Cada año se matan ilegalmente más de 400. Una piel suya puede superar los 15.000 euros en el mercado negro. Otras amenazas son el cambio climático y su efecto sobre las montañas, con la consiguiente pérdida de ­hábitat.

El doctor Pankaj Chandan, responsable del proyecto Paisajes del Himalaya Occidental de WWF-India y que trabaja en coordinación con el Departamento de Protección de la Vida Silvestre de Ladakh, explica que llevan varios años impulsando diferentes medidas para la conservación del leopardo de las nieves y, sobre todo, para reducir el conflicto con los habitantes de estas áreas. Una de las medidas principales es evitar el ataque de los leopardos a los animales domésticos.

Su colega Rizan explica en un pequeño pueblo a dos horas de Leh su trabajo: “Nuestro objetivo en Ladakh es construir corrales para mantener al ganado a salvo de los depredadores, de los leopardos y de los lobos. A veces, son mallas de hierro, y otras, muros de cemento o una combinación de ambos materiales. El objetivo es que el felino no se cuele por ningún agujero y que no tenga acceso a los animales. Estamos visitando las zonas donde hay mayor conflicto y, en muchos puntos, hemos logrado acabar totalmente con los ataques”.

Ridzin camina en uno de estos corrales junto a Lobsang, propietario de las vacas que hay encerradas. En este lugar, el ganado es una mezcla de yak y vaca, diferente de los yaks de Tíbet. El pastor corrobora lo que dice Ridzin: “Desde que hemos puesto el cercado no hemos tenido ni un ataque. Antes de eso, el año pasado, el leopardo mató a cuatro animales. Bajaba de la montaña durante la noche y mataba a nuestras vacas. Ahora podemos dormir más tranquilos”. Y el leopardo de las nieves, aun sin saberlo, también.