Pintoras, femeninas y singulares

Durante siglos, la obra de las grandes artistas de la historia ha brillado por su ausencia en los manuales y en las paredes de los museos. ¿Cómo es posible viendo la calidad de sus trabajos? Ahora, la escritora Ángeles Caso reúne 80 nombres clave en un catálogo autoeditado gracias a las aportaciones de 1.600 humildes mecenas.

Alexandre Dumas hizo popular la expresión “cherchez la femme”. Es exactamente lo que, durante meses, ha hecho Ángeles Caso  (Gijón, 1959). La escritora, periodista e historiadora del arte ha buscado mujeres en museos, almacenes de cuadros y archivos y las ha reunido en un libro donde recopila las figuras de 72 pintoras y ocho fotógrafas cuya vida y obra no suele figurar en los mapas del arte, tampoco en los manuales y a veces ni siquiera en las paredes de los museos. La aventura de Caso ha sido triple: arqueológica, editorial y comercial. Primero tuvo que rastrear. Luego emprendió la tarea de ir a buscar editor, pero tras varios intentos no se le abrió ninguna puerta. “Eran editoriales pequeñas y medianas. El libro de arte tiene poca tradición en España y me decían que era ‘carísimo’. No supieron ver el contenido, y además era sobre mujeres, pero las entiendo. Visto en perspectiva, las editoriales casi me hicieron un favor. Ahora soy editora”, cuenta orgullosa la ganadora, entre otros galardones, del premio Planeta y del Fernando Lara.

Caso estaba convencida de que el proyecto era interesante y necesario –“lo visualizaba muy bien, sabía la impresión que podía causar”, explica–, así que organizó una campaña de micromecenazgo para autoeditarse. El resultado es Ellas mismas. Autorretratos de pintoras (Libros de la letra azul), catálogo financiado por 1.600 personas y en el que varios museos han colaborando cediendo los derechos de las obras.

Por un lado, el libro pone bajo el foco algunas figuras hasta ahora casi anónimas, cuyo empeño por pintar en un mundo dominado por los hombres les llevó a sufrir numerosas tribulaciones, y en ocasiones, a un final trágico. Por otro, cuestiona a aquellos historiadores y profesores de arte que siguen ignorando este canon femenino en el que destacan Sofonisba Anguissola, Artemisia Gentileschi, Anna Dorothea Therbusch, Élisabeth Vigée-Lebrun, Sarah Goodridge o, las más mediáticas como Berthe Morissot, Mary Cassat, Paula Modersohn-Becker, Tamara de Lempicka o Frida Kahlo. “Los historiadores del arte tienen que revisar su discurso. Si la historia tiene por misión restablecer la verdad, hay que hacer esa revisión”, reivindica.

Ángeles Caso vio enseguida que la gran mayoría de las artistas (incluidas las fotógrafas) cultivaban el autorretrato como gesto de autoafirmación, de salida del anonimato y también de contrapunto de la imagen clásica de la mujer en la pintura en la que aparece desnuda y en cuadros que no son ellas sino figuras mitológicas o alegóricas. En otras, la mujer es modelo, musa, y a veces, explícitamente, prostituta.

“Ellos las pintaban desnudas y ellas se quieren pintar vestidas, con sus mejores ropas, como diciendo, ‘aquí estoy yo’, como rodeándose de dignidad. Sus autorretratos –remarca– son como una tarjeta de presentación” en una Europa (no importa el siglo) en que ser pintora contraviene las convenciones sociales. En estos lienzos, la mujer deja de ser objeto para pasar a ser sujeto artístico. La autora lamenta no haber podido incluir a más artistas españolas como Maruja Mallo o Ángeles Santos, cuya obra no está catalogada. Sí aparecen, por el contrario, Pilar Montaner o Lluïsa Vidal, a la que el MNAC de Barcelona dedica ahora una retrospectiva. En Madrid, el Prado también le consagra estos días (y hasta febrero) una muestra a Clara Peeters, pintora flamenca nacida a finales del XVI y especializada en bodegones.