¿Qué hemos aprendido de la crisis?

Este verano se cumplen diez años del estallido de la burbuja de las hipotecas subprime, la espoleta que condujo a la crisis económica un año después. Pasada una década, magazine ha hecho una doble pregunta a catorce expertos de campos tan diversos como la sociología, el marketing, la política o la psicología: qué hemos aprendido de la crisis y qué ha cambiado durante estos años en nuestra sociedad para siempre. Las respuestas forman un mosaico de matices sobre los efectos de una recesión que ha sido mucho más que económica y ha transformado a toda una generación.

Un año después del estallido de las subprime, en el 2008, se produjo una de las primeras grandes imágenes de aquella época, la de los empleados del banco de inversión Lehman Brothers abandonando la sede de la compañía tras su quiebra. Ante las cámaras de televisión y en pleno Manhattan, cientos de trabajadores recién despedidos salían de sus oficinas, algunos de ellos extrañamente sonrientes, llevando cajas con sus pertenencias. La imagen llegó a todo el mundo. En un bar de Barcelona, en el salón de una familia valenciana o en un comercio de Oviedo, se hacía difícil pensar entonces que esa escena repercutiría, de una manera o de otra, en la vida de casi todos. Pero, poco después, fue así.

Es imposible hacer una única interpretación de lo que ha sido este periodo, porque la crisis ha afectado a muchos aspectos con toda su complejidad: en los grandes números, pero también en los pequeños; en lo colectivo, pero también en lo individual. Su impacto ha sido social, político, ético, incluso psicológico y, por supuesto, económico. Pero hasta en este último aspecto los matices y los puntos de vista son infinitos. Por eso, dentro de esta disciplina se encuentran quienes leen lo ocurrido como una evolución –traumática, sí, pero evolución al fin y al cabo– del sistema, y otros que creen que es el mismo capitalismo el que está acabado.

 

Sobre economía

Un paro que llegó a rozar el 27% (principios del 2013), un 22,3% de población en riesgo de pobreza (2016, 2,5 puntos más que en el 2008), una pérdida del 9% en el poder adquisitivo de los trabajadores (2008-2014). Tres grandes cifras que reflejan, sólo en una pequeña parte, la colosal dimensión de lo ocurrido en estos años. De ello, se extrae una primera lección sobre las conductas y sobre el cambio de cultura económica: “Hemos despedazado mitos que teníamos muy arraigados –señala el economista Daniel Lacalle–, como que las casas nunca bajan, que alquilar es tirar el dinero, que tomar deuda no es un problema si te la conceden”. Durante el periodo en que se ha producido esta transformación, “empresas y familias se han comportado admirablemente durante la crisis, reduciendo deuda y ahorrando, enfocándose hacia el sector exterior y recuperando la cordura, pero el ajuste que ha hecho el sector privado no lo ha hecho el sector público”, advierte.

Las familias, o dicho de otra manera, los consumidores, se comportan ahora de otra manera, con otra mentalidad. En opinión de Oriol Iglesias, profesor de Marketing de Esade, “la gran mayoría ha perdido el miedo y la vergüenza a comprar marcas low cost, como las marcas blancas, o en hoteles y billetes de avión”. Por su parte, “las marcas han aprendido que si quieren ser relevantes para los consumidores tienen que aportarles valor real; las marcas ya no se construyen sólo desde la comunicación”. Es decir, como consumidores, nos guiamos menos por el mundo de las apariencias construido durante la burbuja. ¿Y las empresas? Genís Roca, experto en la transformación digital en el mundo empresarial, cree que “hemos aprendido que la crisis no es un episodio puntual después del cual volveremos a la normalidad anterior, sino que nada volverá a ser como antes”. ¿Y cuál es el gran cambio? La velocidad, el signo de los tiempos: “Antes de la crisis, las cosas eran más o menos previsibles, las empresas trabajaban con presupuestos anuales y planes estratégicos a años vista; ahora todo es más rápido; la toma de decisiones, continua”.

Daría pues la sensación de que, efectivamente, la crisis económica ha sido profunda, ha transformado muchos aspectos de la economía y la vida de consumidores y empresas, ha tenido sus propios matices y desarrollo, pero, al fin y al cabo, ha sido una más de las crisis cíclicas del capitalismo que lo va transformando. Tal vez, a nuestros ojos, lo que en realidad la distinguiría de otras es que esta ha sido la nuestra. Como señala Joaquín Estefanía –periodista, economista y autor de Abuelo, ¿cómo habéis consentido esto? Los graves errores que nos han llevado a la era Trump (Planeta)–, “siempre se aprende algo nuevo desde el punto de vista técnico, pero la memoria económica en materia de crisis sólo dura una generación, y luego se vuelven a cometer los mismos errores o a ­hinchar las mismas burbujas”. Quizás lo que hace único a este ciclo económico hay que buscarlo en sus consecuencias no estrictamente económicas, más allá de los números.

 

Sobre el sistema

“Hemos aprendido que el sistema financiero global es, en esencia, un mecanismo de coerción. Desde Alemania coaccionando a Grecia hasta el gobierno de Estados Unidos coaccionando a Detroit, la amenaza de quiebra es una forma de violencia. Y también hemos aprendido que los perpetradores de esa violencia (los responsables del FMI, el BCE y el Tesoro estadounidense) son indiferentes a su impacto humano y político, como si fueran pilotos de drones”, afirma el también periodista y economista Paul Mason, autor de Postcapitalismo (Paidós). El gran cambio sería desde su punto de vista que “el neoliberalismo ha muerto, o mejor, está en coma y no puede ser revivido. El problema es que mientras mantienes en coma un sistema económico, imprimiendo 12.000 billones de dólares, no puedes mantener viva de la misma manera una ideología” que lo soporta.

La socióloga y economista Saskia Sassen, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, ha estudiado el funcionamiento de las corporaciones financieras modernas, en especial estadounidenses, y la que es, a su juicio, su naturaleza depredadora de riqueza. En opinión de Sassen, cuyo último libro es Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la economía global (Katz), uno de los principales aprendizajes de estos últimos años es que “el gobierno de EE.UU. se apresuró a dar al sistema bancario mucho dinero barato: 7.000 billones de dólares. Y encima añadió 7.000 billones más con el quantitative easening –la medida conocida como QE, por la que la Reserva Federal compró activos financieros de los bancos– una de las formas más ingeniosas de describir una transferencia camuflada de recursos del gobierno al sistema bancario privado”. Para la socióloga, “la así llamada crisis financiera se convirtió en un vehículo para transferir más dinero al sistema financiero, de manera que los mayores perdedores del proceso no fueron los bancos, sino el 40% o 50% de la población estadounidense”. “Ni siquiera una persona decente como Obama pudo resistir” la presión y la dinámica del sistema financiero “porque hay una lógica profundamente arraigada sobre como funciona la economía de EE.UU. desde los años ochenta, cuando la privatización y la desregulación, y cierto tipo de globalización, se inició”.

En la misma línea, el sociólogo Manuel Castells opina que los cimientos del sistema económico se han revelado endebles en estos años. “Se ha verificado –asegura– la inestabilidad estructural de una economía global basada en la desregulación de los mercados financieros, así como la dependencia de todos los gobiernos con respecto a los intereses de las instituciones financieras, que son prioritarios”. En este contexto, las políticas de los gobiernos, es decir, las políticas de austeridad, “se han revelado como agravantes de la crisis, particularmente para los sectores populares”.

“La lección fundamental que se puede extraer –afirma, acerca del caso español, la socióloga Belén Barreiro, expresidenta del CIS, que acaba de publicar La sociedad que seremos (Planeta)– es que el empobrecimiento que ha producido, junto con el aumento de la desigualdad, están en el origen de la desafección hacia el sistema político y económico. Los españoles toleran muy mal las injusticias sociales, peor que otras ciudadanías, y de esta mala digestión nace la rebelión del votante y del consumidor”. Es algo en lo que coincide gran parte de los expertos consultados: para Joaquín Estefanía, el gran cambio que se ha producido es, más que económico, el derivado de “la enorme desconfianza de los ciudadanos ante las instituciones y partidos que han gestionado la situación”. Estos años “han dejado una sociedad dual de acomodados y empobrecidos”, concluye Barreiro.

España, Estados Unidos… lo vivido estos últimos años ha tenido numerosos puntos en común en muchos lugares, pero entre todos los países, Grecia ha sido el país europeo que más ha sufrido, y aún está sufriendo, los profundos efectos de la situación económica. El escritor Petros Márkaris ha ejercido el papel de cronista de la crisis griega a través de sus novelas policiacas. En su opinión, la experiencia de este país no es del todo transferible al resto de las sociedades occidentales, pero sus respuestas sí tienen puntos de conexión. “Hay tres lecciones principales: que vivir una vida basada en la riqueza virtual y los créditos bancarios tiene finalmente consecuencias devastadoras; que, a pesar de las promesas de algunos políticos, no hay una manera fácil de salir de la crisis; y que no hay medidas duras e igualitarias a la vez, porque algunas clases sociales son golpeadas con más fuerza que otras”.

 

Sobre la política

 Los ejemplos de países ricos en los que las viejas correlaciones de fuerzas políticas han saltado por los aires empiezan a ser incontables, por no hablar del Brexit o del triunfo de Donald Trump. El gran cambio que se ha producido, para Manuel Castells, es esa transformación del panorama político. “El bipartidismo clásico ha sido superado por la coincidencia de los dos grandes partidos en recetas semejantes para paliar la crisis, salvo en Estados Unidos”. “Hemos entrado de lleno –añade– en la crisis de la democracia liberal clásica tal y como existió en los últimos cincuenta años”.

En el caso de España, el analista electoral Jaime Miquel coincide en la magnitud del cambio político, aunque no lo vincula únicamente a la crisis, sino también al relevo generacional, porque “en las últimas décadas ha emergido una generación compuesta por 14 millones de personas formadas que son conscientes de su responsabilidad en lo público, al mismo tiempo que la revolución digital ha hecho que haya más transparencia, que hacer trampa desde los poderes sea más difícil”. Eso explica también el que, a su juicio, ha sido el gran aprendizaje para la sociedad española: “En el año sin gobierno hemos empezado a ser conscientes de que somos las personas las que cumplimos, las que llevamos el país a hombros, no los representantes políticos; hemos crecido como sociedad”. ¿Y el gran cambio? “España –asegura– tiene un gran déficit de autoestima, un déficit que nos impide ver que, por fin, somos el país que queríamos ser, un país con más formación, donde las exportaciones son parte fundamental de la economía, con gente puntera en la investigación… una potencia. A pesar de todo”.

 

Sobre las personas

La crisis, es cierto, ha tenido un efecto global, en todos los campos, pero tantos años de miedos, incertidumbres y cambios económicos y sociales han acabado penetrando en lo más íntimo de la psicología de cada uno. Desde un punto de vista íntimo, la escritora Marta Sanz lo ha tratado en sus novelas –la última de ellas, Clavícula (Anagrama)–, y da su opinión, no desde una óptica académica o científica, sino personal: “He tomado conciencia de mi fragilidad y he asumido la idea de que para no rompernos, en una sociedad enferma y miedosa, necesitamos construir y reforzar nuestros vínculos fraternos”. ¿Y qué ha cambiado? “La pérdida irreparable de derechos laborales y vitales: la imposibilidad de elegir si me quiero quedar o irme para construir mi proyecto de vida; la asunción de la movilidad no elegida como valor positivo; la obligación perversa de la aventura y la asunción de un léxico peliculero y eufemístico para enmascarar la precariedad… la pobreza endémica en un sistema que no está en crisis, sino que es la crisis en sí mismo”.

En esa idea coincide el psicólogo social Guillermo Fouce, fundador de Psicólogos sin Fronteras. “Es como si la crisis se hubiera convertido en algo permanente y constante, que se usa para mantener a la gente dividida”, afirma, para añadir que “el miedo es el marco de interpretación dominante para conseguir que se renuncie a espacios de libertad a cambio de seguridad y para introducir recortes de derechos que de otro modo no se asumirían”. Ese miedo, en opinión de Fouce, logra que la gente no piense en términos colectivos, sino que “individualice sus problemas buscando respuestas meramente particulares y que cada uno se culpe de su situación”. En esos temores, coincide con el escritor Petros Márkaris, que señala que “el cambio más radical que se ha producido es el sentimiento de seguridad. La gente de los países que han sufrido la crisis no podrá sentirse segura y confiada de nuevo durante muchas generaciones”. En otro plano distinto, Guillermo Fouce destaca una parte positiva, que es “la respuesta solidaria de la gente, el movimiento coordinado y la capacidad de resistencia del ser humano, la capacidad para crecer en circunstancias adversas”.

 

Sobre avances sociales

Lina Gálvez, catedrática de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, cree que esa individualización del riesgo del que hablaba Fouce y, en suma, las políticas de austeridad “han tenido efectos muy negativos en el bienestar y las oportunidades de las mujeres de vivir vidas dignas, y por tanto en los avances en la igualdad de géneros”. “Si estas políticas no se revierten, los avances en igualdad pueden desandarse con facilidad”, añade.

La igualdad de género es un ejemplo de una lucha en la que durante décadas se ha avanzado, pero que, en plena crisis, ha parecido pasar a un segundo plano porque las prioridades eran otras. Por eso, Gálvez advierte que con lo sucedido en este último decenio, “hemos aprendido que para avanzar en igualdad de género no es sólo necesario que se establezcan políticas específicas, sino que el objetivo de la igualdad debe estar integrado en toda la acción política”. “De lo contrario –añade– las políticas de igualdad sólo van a ser una guinda en épocas de bonanza y decaerán durante las recesiones”. Por el lado positivo, Gálvez destaca que durante la crisis “han surgido nuevos liderazgos femeninos que son muy importantes para tener referentes y poder avanzar en el proceso” de la igualdad.

Algo parecido puede haber sucedido en el campo de la lucha medioambiental y la conciencia ecológica, que ha avanzado considerablemente en las últimas décadas, pero que en tiempos de recesión ha cedido terreno en muchos momentos a otro tipo de prioridades. La retirada de Estados Unidos del acuerdo de París anunciada recientemente por Donald Trump podría ser un ejemplo extremo de ello: no sólo la política medioambiental deja de ser una prioridad para un gobierno, sino que además se la responsabiliza del empobrecimiento de una parte de la población.

Sin embargo, la antropóloga, directora de la fundación Fuhem y activista medioambiental Yayo Herrero no es del todo pesimista al respecto, porque sostiene que “en las relaciones de las personas con la naturaleza, la crisis ha supuesto la incorporación de la noción de límites biofísicos en los análisis de muchas organizaciones e instituciones”, aunque reconoce que esta incorporación es aún “limitada e insuficiente”. “La crisis –añade– ha mostrado la locura del crecimiento sin fin sobre la deuda y una riqueza ficticia que no existe”. Según Herrero, el gran cambio operado en la sociedad es la amplia movilización y la consciencia de los peligros de delegar ­acríticamente la política, la economía y la cultura”.

Han sido años devastadores para las sociedades occidentales en que ha crecido la desigualdad, ha retrocedido el Estado del bienestar y los esquemas políticos han saltado por los aires. Todo ello ha llevado a una sensación generalizada de inseguridad y de que, si bien en términos macroeconómicos la crisis ha pasado, permanece viva entre las personas y las familias. Sin embargo, en el otro lado, muchos de los expertos consultados creen que se han producido reacciones positivas, especialmente en la articulación del tejido social. Como señala Jaime Miquel, “lo importante de un país son los paisanos”.

 

Un decenio convulso

Aunque hoy los grandes titulares periodísticos han recuperado cierta calma, una visión en perspectiva del reguero de noticias relacionadas con la crisis en los últimos diez años da una idea de la dimensión de lo ocurrido a partir del verano del 2007.

►junio-agosto del 2007
Estalla la crisis de las hipotecas subprime, que se contagia al conjunto del sector financiero y a las bolsas.
 
► diciembre del 2007
Acción coordinada de los bancos centrales ante la desconfianza y la falta de liquidez del sistema.
 
►enero del 2008
Caídas de las bolsas, que se prolonga durante todo el año, especialmente en octubre.
 
►marzo del 2008
Estalla la burbuja inmobiliaria en España. Cierres de constructoras e inicio de la caída de los precios de la vivienda.
 
►abril del 2008
El FMI cifra en 945.000 millones de dólares las pérdidas acumuladas por la crisis.
 
► septiembre del 2008
Quiebra de Lehman Brothers, pánico financiero y plan de rescate sin precedentes para la banca estadounidense.

►octubre del 2008
Estados Unidos y el mundo inician la gran recesión. Las bolsas se hunden.
 
►diciembre del 2008
España entra oficialmente en recesión.
 
►diciembre del 2009
Empieza el plan de reestructuración de la banca española, el número de cajas se reducirá dramáticamente.
 
►marzo del 2010
28.000 desahucios hipotecarios en España durante el primer trimestre.

►abril del 2010
Grecia pide el primer rescate a la UE.
 
►junio del 2010
Reforma del mercado laboral español.
 
►enero del 2011
Reforma de las pensiones, la edad de jubilación sube a 67 años.
 
►abril del 2011
Portugal pide el rescate a la UE.

►mayo del 2011
Movilización del 15-M, surgen los indignados.

►agosto del 2011
Reforma de la Constitución española para priorizar el pago de la deuda frente a otras necesidades presupuestarias.
 
►enero del 2012
Nuevas caídas de la bolsa durante el primer semestre.
 
►febrero del 2012
Segundo rescate griego.

►abril del 2012
Recaída en la recesión en España.
 
►mayo del 2012
La prima de riesgo alcanza su récord histórico con 539 puntos básicos. Crisis de Bankia. Recortes en educación y en sanidad.
 
►junio del 2012
rescate bancario español. El Gobierno pide a la UE 62.000 millones de euros. Chipre solicita el rescate.
 
►diciembre del 2012
Aplazamiento de la paga de Navidad para funcionarios, que se une a los recortes de años anteriores.

►marzo del 2013
El paro en España roza el 27%. Corralito en Chipre.

►diciembre 2013
El precio de la vivienda acumula una caída de casi el 50% en España desde el inicio de la crisis.

►marzo del 2014
El PIB de España vuelve a crecer, la segunda recesión empieza a superarse.

►mayo del 2014
Podemos y Ciudadanos debutan y obtienen representación en unas elecciones europeas.

►junio del 2014
Plan del BCE para impulsar la economía europea.

►diciembre del 2014
El poder adquisitivo de los salarios ha perdido un 9% desde el 2008. Los inmigrantes en España han descendido en 700.000 personas desde su máximo, por la crisis.

►enero del 2015
Syriza vence en las elecciones griegas.

►julio del 2015
Referéndum en Grecia en el que se rechazan las condiciones para un nuevo rescate, aunque, pese a ello, terminan aplicándose.

►diciembre del 2015
Elecciones generales que gana el PP, pero el cambio del mapa de partidos hace imposible formar gobierno durante diez meses. 
En la banca, el recorte de empleo en la banca supera el 27% desde el inicio de la crisis, la mayoría de las cajas se han convertido en bancos o han sido absorbidas por estos.

►junio del 2016
La población del Reino Unido vota a favor de salir de la Unión Europea.

►octubre del 2016
Rajoy consigue formar Gobierno tras las segundas elecciones generales de junio.

►noviembre del 2016
Donald Trump gana las elecciones presidenciales en EE.UU.

►marzo del 2017
La tasa de paro baja a niveles del 2009.