Reyes del viento

La edición 36.ª de la Copa del Rey Mapfre reunió en la bahía de Palma la mayor flota de veleros en la historia de la gran regata del Mediterráneo. Un total de 138 barcos, agrupados en diez clases, convirtieron la capital balear en el paraíso del viento, en una de las ediciones más completas desde que nació el trofeo, en 1982.

La Copa del Rey Mapfre 2017 será recordada por varios factores. Uno de los más significativos fue que el Real Club Náutico de Palma (RCNP), organizador de la competición, recibió el mayor número de inscripciones de su historia: un total de 138 veleros, agrupados en diez clases, que obligaron a un esfuerzo logístico sin precedentes, tanto en tierra como en el mar.

El segundo hecho que dejó huella es que el rey Felipe de Borbón estuvo a punto de ganar la competición que lleva su título. Don Felipe, que compite desde niño en las regatas de vela de la bahía de Palma y que ha tomado parte en innumerables ocasiones en la Copa del Rey, no había estado nunca tan cerca de lograr el trofeo.

El Rey Felipe nunca había estado tan cerca de ganar la Copa: lideró la clasificación durante cinco días, pero las condiciones cambiaron en la última jornada

En realidad a la tripulación del Aifos, el viejo velero Corel 45 de la Armada española del que el Monarca es timonel, sólo le sobró un día, el último y definitivo, porque había liderado la clase ORC1 desde que comenzaron las regatas, el lunes 1 de agosto.

Cuando llegó el sábado 5, el Aifos tenía seis puntos de ventaja sobre el Rats on Fire, un Swan 45 del armador Rafael Carbonell, del Club Nàutic Arenys de Mar, que con sus repetidas victorias en las regatas más importantes se ha convertido en el dominador de la vela de crucero española en los últimos años. La expectación era máxima en los pantalanes del RCNP, no sólo entre los barcos implicados en las primeras posiciones de la clase ORC1 sino en toda la flota, especialmente entre las tripulaciones españolas, que valoraban el posible éxito del actual Rey comparándolo con la etapa de proyección internacional que tuvo en su día la trayectoria deportiva de su padre, Juan Carlos I. 

Pero si la semana había sido especialmente favorable para las características del Aifos, con vientos flojos y variables que traían de cabeza a los meteorólogos y obligaban a los tácticos de los barcos a dar lo mejor de sí mismos, con el cántabro Toño Piris demostrando su ciencia en el velero de la Armada y don Felipe haciendo andar el barco al máximo de sus posibilidades, el sábado las condiciones volvieron a la normalidad estadística de Palma: viento térmico del suroeste, el conocido embat que hace de la bahía palmesana el paraíso de la vela. Sopló con sus buenos doce nudos y enseguida levantó un poco de ola. 

El Aifos perdía así su ventaja de barco regatero frente a los duros crucero-regata, a los que además debe sacar un tiempo real apreciable para vencerlos cuando se aplica la compensación de tiempos, el sistema que permite que compitan entre sí modelos muy dispares.

El Rats on Fire, que ya había encadenado buenos resultados hasta ponerse en segunda posición tan pronto como consiguió librarse del tremendo peso de haber cometido, el segundo día de competición, un fuera de línea con bandera negra (adelantarse a la señal de salida, quedar descalificado y sumar 36 puntos: el número de participantes en la regata más uno), no desaprovechó la oportunidad. Necesitaba navegar de manera eficaz y no cometer errores, algo en lo que la tripulación de Rafael Carbonell, que mezcla a profesionales y aficionados en una simbiosis perfecta, es experta. No ganaron ninguna de las dos regatas de ese día decisivo, pero lograron su objetivo de quedar por delante de sus máximos rivales en la general. Y sumaron su quinta Copa del Rey a su excepcional trayectoria.

Los veleros de la firma Swan son hoy en día tan numerosos en la flota que bien se podría bautizar el escenario costero de Palma como la bahía de los cisnes

Al final, el Aifos acabó en la quinta posición, adelantado, en esa adversa jornada, por el valenciano Porrón IX, el Maserati de Fernando León (compañero de regatas en la clase soling del entonces príncipe Felipe en los JJ.OO. de Barcelona 92), y el ruso San Gregorio

De vuelta a tierra, el Rey esperó a pie de pantalán a sus rivales para felicitarles. Fue especialmente coloquial el saludo con Manuel Noluco Doreste, táctico del Rats on Fire, con quien mantiene una cordial relación, y a quien dedicó un franco “¡cómo nos habéis fastidiado!”. Una frase que resume toda una Copa del Rey. 

La presencia de Felipe VI en cinco de los seis días de competición (sólo faltó a las regatas el martes) también dio realce al homenaje que el Real Club Náutico de Palma dedicó a los deportistas de vela que tomaron parte en los JJ.OO. de Barcelona con ocasión de cumplirse 25 años de aquellos recordados Juegos. La vela es el deporte que más éxitos ha dado al olimpismo español y en Barcelona 92 reportó a España cinco de las 22 medallas que sumó entonces (cuatro de los trece oros). El acto en el RCNP, presidido por Javier Sanz, presidente del club, Fernando Blanco, presidente del Comité Olímpico Español, y Julia Casanueva, presidenta de la Real Federación Española de Vela, reunió, junto al Monarca, a Domingo Manrique (medalla de oro en flying dutchman), Jordi Calafat, (oro en 470), José María Van der Ploeg (oro en finn), Theresa Zabell (oro en 470), Natalia Vía-Dufresne (plata en Europe), Fernando León (diploma, con Felipe de Borbón), Asier Fernández, (diploma en mistral), así como Jaime Piris y Fernando Rita, que compitieron en star. La mayor parte de ellos tomaban parte en esta Copa del Rey Mapfre en alguna de las diez clases. 

A sus 86 años y tras caer al mar en el 2015 cuando se dirigía a Palma, Jacinto Rodríguez sigue fiel con su ‘Duende’ a la cita con la Copa del Rey

Esta 36.ª edición, que supuso el récord de participación y que recogió el homenaje a los grandes nombres de la vela olímpica, dejó también un récord de triunfos particular no ya difícil de superar sino de igualar. Pedro Campos, uno de los artífices de la presencia de España en muchos de los grandes acontecimientos mundiales de vela, como varias ediciones de la Copa del América, se alzo con su décimo trofeo de la Copa del Rey.

El patrón gallego compitió con el SUM en la clase ORC2 y no lo tuvo especialmente fácil. También él llegó al último día enfrentándose a dos regatas decisivas. Su máximo rival era el Maverta-Defcom Seguridad del Real Club Náutico de Torrevieja, armado por Pedro Gil y con José Ballester como patrón, y la particularidad, no habitual, es que los dos barcos eran iguales (Rodman 42) y llegaban al último día empatados a puntos. Campos y su equipo hicieron honor a su enorme veteranía y ganaron las dos regatas con solvencia. Su décimo título en la Copa del Rey establece una marca en la que nadie le hace sombra, toda vez que en el cómputo histórico le siguen José Cusí con seis triunfos y el rey Juan Carlos, y ahora Rafael Carbonell, con cinco.

De las diez clases en competición, sin duda la victoria más clara se produjo en ORC3, donde el Grupo Ceres de Javier Banderas, el hermano del actor Antonio Banderas, no encontró oposición: ganó ocho de las nueve regatas que disputaron los nueve veleros de esta flota.

Entre los factores significativos de la Copa del Rey Mapfre 2017 cabe destacar también la definitiva eclosión de las clases monotipo Swan. Los veleros del astillero finlandés Nautor’s Swan se han convertido en los dominadores de las competiciones de crucero y hasta tal punto son numerosos hoy en día que se reúnen suficientes unidades de los distintos modelos como para crear clases específicas y exclusivas para ellos. Así, hubo Swan 50 (seis unidades), Swan 45 (ocho) y Swan 42 (nueve). Y eso no es todo: como las clases monotipo establecen unas reglas bastante estrictas para que esos barcos pertenecientes a los mismos modelos compitan entre sí en igualdad de condiciones y, por tanto, en tiempo real, se produce la situación de que un buen números de propietarios de Swan optan por no integrarse en la clase que en principio les correspondería y prefieren competir con una preparación más libre bajo las fórmulas de medición ORC. 

O sea que en ORC1 había además otros siete Swan, de los modelos 45 y 42, y en IRC un Swan 601. En total, de los 138 barcos inscritos en la Copa del Rey Mapfre 2017 había un total de 31 Swan, lo cual, jugando con la castellanización de la marca, bien permitiría bautizar el escenario costero de Palma como la bahía de los cisnes. 
Además de la comentada victoria del Swan 45 Rats on Fire en ORC1, otros cuatro veleros de la marca finlandesa quedaron entre los diez primeros en esta clase confirmando su protagonismo. 

En las categorías monotipo los vencedores fueron el Earlybird del alemán Hendrik Brandis (Swan 50); el también alemán Elena Nova de Christian Plump (Swan 45) y el Pez de Abril del murciano José María Meseguer (Swan 42). En este grupo se vivió una interesante batalla entre veleros españoles, pues los máximos rivales del Pez de Abril fueron el Nadir de Pedro Vaquer y el Red Eléctrica de España de Javier Sanz y Alberto Viejo, que dejaron el X-35 en el que habían competido en años anteriores, con dos victorias en la Copa del Rey, para volcarse en esta nueva clase.

Por segundo año consecutivo, la organización incluyó también en el programa las regatas de los catamaranes voladores GC32. Y esta vez con presencia de un barco español que se ha incorporado al circuito, el Movistar de Iker Martínez, el regatista guipuzcoano que destacó como campeón olímpico y como patrón oceánico y que ahora ha querido entrar en este modelo de regatas de alta velocidad. Los catamaranes voladores ofrecen un buen espectáculo y, como tal, apuntan a convertirse en el futuro de este deporte para el gran público, en línea con lo que mostró la última edición de la Copa del América, organizada como una carrera televisada para grandes audiencias, al estilo de la fórmula 1 automovilística. 

De todas formas, la semana meteorológica vivida en Palma no fue idónea para que los catamaranes volaran con la máxima vistosidad y el que se llevó el gato al agua en estas condiciones fue el Mamma Aiuto! del japonés Naofumi Kamei. El Movistar fue quinto, por detrás del Malizia de Pierre Casiraghi, tercer hijo de la princesa Carolina de Mónaco, quien no sólo es un notable competidor sino que atrae con su presencia la atención del ámbito social, además del deportivo. 

La clase IRC reunió a dieciséis veleros de estilo radicalmente regatero, con nueve TP52 entre ellos. Pero el dominio del Alegre del filipino-estadounidense Andrés Soriano, que forma parte del circuito de élite 52 Super Series, le restó emoción a las pruebas. De hecho, el velero de Soriano no necesitó tomar parte en la última regata, ya que tenía asegurada la victoria y podía descartar ese resultado. Para los aficionados españoles el mayor interés se centraba en el duelo entre el Audax Energía de Toni Guiu y el Duende de Jacinto Rodríguez, el veterano navegante de 86 años que cayó al mar en el 2015 cuando se dirigía a Palma para tomar parte en la Copa y que pasó casi seis horas en el agua antes de ser rescatado. Jacinto Rodríguez sigue siendo un entusiasta de las regatas. Esta batalla particular la ganó el Audax, con tres puntos de ventaja sobre el Duende, tras once regatas. 

Las clases maxi 72 y J80 representan los dos extremos de la competición, los barcos más grandes y los más pequeños. Los imponentes maxi, de 22 metros de eslora, con tripulaciones de hasta veinte regatistas altamente especializados, constituyen un espectáculo pese a ser sólo cuatro unidades. A priori, la igualdad parecía máxima entre ellos, pero el Momo de Dieter Schon mostró en el agua una clara superioridad y se impuso en seis de las diez regatas disputadas. 

En J80 siempre hay batalla. Los veleros, con ocho metros de eslora, forman una clase con reglas estrictas y es el nivel y la veteranía de los tripulantes lo que marca diferencias. Aquí compiten desde medallitas olímpicos como José María van der Ploeg y Natalia Vía-Dufresne y campeones del mundo como Hugo Rocha a los jóvenes alumnos de la escuela de vela del RCNP. En esta flota, que aquí reunió a veinte barcos, no es insólito que alguien gane una regata y acabe en el puesto décimosegundo en la siguiente. La victoria del Bribón-Movistar de Marc de Antonio y Sofía Bertrand fue clara y, por ello, especialmente meritoria.