El salón filosófico de madame Charlotte

Desde hace dos años, Charlotte Casiraghi, la hija de Carolina de Mónaco, da rienda suelta a su pasión y organiza Les Rencontres Philosophiques, una cita a la que acuden intelectuales de primera línea y que contrasta con las habituales imágenes de la 'dolce vita' monegasca.

Charlotte Casiraghi interviene en la jornada de clausura de Les Rencontres Philosophiques en el Oceanográfico de Mónaco, el pasado 8 de junio

Hormigueo de millonarios, procesión de coches de ultralujo, pasarela de yates con garaje y helipuerto. Durante el día, el cosquilleo del glamur escala por la montaña y, de noche, los fuegos artificiales se descorchan por la bahía… En el Café de París, junto al casino, no hay ni una mesa libre: al ritmo del burbujeo del champán, todo el mundo mira a la calle, a ver qué o quién pasa. Así es Mónaco. Así es Le Show. Cuando no hay F-1, hay torneo ecuestre, y cuando no, alegrías futbolísticas y fiestas principescas. Y si no hay nada, queda el cine: Sean Connery contra Klaus Maria Brandauer en Nunca digas nunca jamás o Grace Kelly enamorando a Cary Grant en Atrapa a un ladrón. Entre tanto ocio, un cartel extraño, ajeno a los tópicos que edifican la reputación del principado: “Segundos Encuentros Filosóficos. Junio del 2017”. ¿Perdón? ¿Filoso…qué?

En la lista de insignes pensadores asociados a este certamen aparecen figuras como el Nobel de Economía Amartya Sen o el filósofo español Fernando Savater. ¿Quién diría que, París aparte, Mónaco se quiere erigir como la capital francófona de la filosofía? ¿Cuantos filó­sofos o licenciados en la ­materia debe de haber entre los 35.000 habitantes de Le Rocher? Al menos, una. Si se revisa el censo, la respuesta llega en la letra C. Apellido: Casiraghi. Nombre completo: Charlotte Marie Pomeline. Edad: 30 años. Filiación: hija de Carolina de Mónaco, sobrina de Alberto II, nieta de Rainiero III y de la misma Grace Kelly de Atrapa a un ladrón, novena en la línea de sucesión de la casa Grimaldi, editora, amazona profesional, licenciada en Filosofía por la Sorbona y presidenta y cofundadora de Les Rencontres Philosophiques de Monaco. Sí, la misma Charlotte que suele huir de las cosquillas de la prensa rosa.

Casiraghi, licenciada en Filosofía por la Sorbona, se ha rodeado de pensadores para organizar la cita monegasca... y para crear una ambiciosa versión parisina que se inaugurará este noviembre

Ella prefiere hablar de Platón y Sócrates y abanderar “el pensamiento como una forma de resistencia”, como “un camino que se dibuja a base de esfuerzo, humildad y paciencia” y como un instrumento “de lentitud frente a la velocidad el mundo”. Uno de sus objetivos, y de sus colaboradores, es conseguir que la filosofía cobre vida en las aulas de los institutos y se popularice lejos de la torre de marfil universitaria.

“Pasión”, esgrime siempre que le preguntan por su relación con la filosofía. Ya sea en el Salón Internacional de la Alta Relojería de Ginebra (donde Casiraghi suele acudir como embajadora de Montblanc, firma que a su vez ha sido patrocinadora principal de la cita filosófica monegasca en sus dos ediciones), en el canal televisivo Arte, donde la entrevistan días antes de Les Rencontres –“la práctica de la filosofía me emociona”, admite– o en la sala Homère del hotel Métropole de Montecarlo, donde conversa con Magazine sobre sus inquietudes y proyectos de futuro. Casiraghi comparece acompañada de los tres filósofos con los que fundó el certamen: su exprofesor Robert Maggiori, crítico literario en Libération; Joseph Cohen, profesor de la University College Dublin; y Raphael Zagury-Orly, que enseña en Karlsruhe, Roma y Jerusalén.

Sobre la mesa, cafés y croissants y catálogos de las dos primeras ediciones, ilustrados con obras de artistas punteros como Maurizio Cattelan. El código de vestimenta, relajado; el glamur está en las neuronas. En la sala también se respira un cansancio relativo. Pensar cansa. El segundo Rencontres acabó la noche anterior después de tres días de coloquios y la entrega de premios en el Acuario de Mónaco, donde los filósofos conversaron no entre tiburones, pero sí cerca de ellos. Los encuentros acabaron con una fiesta de clausura a ritmo del musical Grease, las canciones de los Beach Boys o los grandes hits de los ochenta.

El primer festival filosófico versó sobre el amor, el que acaba de finalizar el día del encuentro giraba en torno a los beneficios de la conversación (privada, pública, religiosa…) en un mundo donde el diálogo está en franco retroceso ante la discusión y la disputa. “En la próxima edición –anuncia Charlotte Casiraghi– trataremos sobre la violencia, sobre su banalización, sobre la violencia entre el hombre y la mujer o la violencia de las palabras, cómo respondemos a ella y qué presión ejerce sobre la democracia”.

Los últimos acontecimientos en forma de ataques y atentados han puesto irremediablemente el tema sobre la mesa: “Los filósofos buscamos un espacio crítico para comprender al otro”, apunta Raphael Zagury-Orly. “Estamos viendo –interviene Robert Maggiori– que una de las fuentes de violencia es la reducción de la religión a la fe, cuando en realidad la religión es mucho más que eso, no es una reducción sino un discurso”.

“La filosofía te exige, te obliga a pensar, a reflexionar, pero hay que lograr que sea accesible”, cuenta ‘la princesa filósofa’ en su afán por divulgar 
su pasión 

Entre tanta mente pensante, la princesa entre comillas (suele aclarar que, a diferencia de su madre, Carolina de Mónaco, ella no tiene ese tratamiento nobiliario) interviene de igual a igual. Su voz se hace oír tanto en Les Rencontres como en los talleres que organiza cada mes ya sea en el teatro Princesse Grace o en el Théâtre des Varietés. Tampoco queda en segundo término en el encuentro de la sala Homère. Participa a menudo y apenas dispone de tiempo para mordisquear el croissant. “Por una vez estoy al 100% de acuerdo contigo”, le espeta Maggiori irónico después de un largo intercambio de ideas. Ella esboza una sonrisa mínima.

Para la impulsora de la cita filosófica de Mónaco, la divulgación del pensamiento es uno de sus objetivos primordiales. De hecho, entre los tres premios que otorga Les Rencontres cada año hay uno que se otorga a un estudiante de bachiller por su trabajo de investigación. “La filosofía te exige, te obliga a pensar, a reflexionar, pero hay que lograr que sea accesible”, apunta. Hasta la fecha, Casiraghi, más que por su perfil de pensadora y activista cultural, es conocida por ser una reputada amazona que ha participado en los más prestigiosos torneos y aún sueña con ser olímpica. Su filosofía de vida: “El éxito es volver a montar en el caballo cada vez que nos caemos”.

¿Cuando le deslumbró el sol de la filosofía? Sus colaboradores más estrechos explican que, de adolescente, Charlotte ya navegaba entre libros de pensamiento y encaminó todos sus estudios preuniversitarios en esa dirección.

En su misión por divulgar la filosofía, y no contenta con sus dos todavía incipientes proyectos monegascos –Les Rencontres anuales y los Ateliers mensuales–, Casiraghi y sus colaboradores han decidido agitar el panorama filosófico parisino, donde se concentra la flor y nata del pensamiento francés. “Decidimos, hace unos meses, organizar un nuevo proyecto que incluirá tres o cuatro coloquios sobre pensamiento que organizaríamos en la Maison des Océans, lugar histórico donde se ha impulsado el concepto de entendimiento y paz y donde queremos compartir, conversar e impulsar la filosofía”, anuncia.

“En la edición del 2018 de Les Rencontres trataremos sobre la violencia, su banalización y qué presión ejerce sobre la democracia”, avanza Charlotte Casiraghi a Magazine 

La Maison des Océans es un edificio cerca de los jardines de Luxembourg y del Pantheon, inaugurado en 1911, mascarón de proa de la Fundación Albert I de Mónaco en París y un referente histórico de los estudios oceanográficos en Francia, cuando esta materia apenas estaba regulada a principios del siglo pasado.

La iniciativa filosófica de Casiraghi, Maggiori y compañía se asemeja, guardando las distancias, a los salones de pensamiento dieciochescos, muchas veces organizados por una dama de la alta sociedad, culta, curiosa y decidida, que reunía en su palacete a lo más florido de la dramaturgia, las artes y la literatura de la Ilustración. Así, el Salón de Marie-Thérèse Geoffrin (1699-1777) atraía a personalidades como Diderot, Edward Gibbon o D’Alembert. Madame Geoffrin también acudía a los encuentros que organizaba la madre del propio D’Alembert, la baronesa Claudine Tencin (1682-1749), a cuya tertulia iban figuras como Marivaux o Montesquieu.

Al Salón Casiraghi están asociados nombres como los de Julia Kristeva, Michel Serres, André Comte-Sponville o Jean Claude Milner, veterano pensador francés, exalumno de Noam Chomsky en Boston y de Louis Althusser en París, y ahora premiado por su trayectoria en la segunda edición del certamen. Como curiosidad, Les Rencontres también están ligados a un apellido mítico de la literatura francesa, su directora es Laura Hugo, tataranieta del autor de Los miserables.

“Queremos que en los coloquios de París exista una confrontación amigable de ideas, el primer coloquio está previsto para el 21 de noviembre”, cuenta el profesor Joseph Cohen cuando el encuentro ya toca a su fin. Si bien aún queda tiempo para tocar unas pocas teclas más: el de la visibilización de las mujeres en la filosofía, el peso de las filósofas, la violencia de género o la figura del cuerpo femenino (y maternal) a lo largo de la historia, un concepto sobre el que Charlotte Casiraghi se explaya. El encuentro acaba, y el equipo filosófico, y los responsables del patrocinio de Montblanc, se reúnen en el hall del hotel. La segunda edición de Les Rencontres ha acabado, y ya es hora de esbozar la tercera.