Startup: pequeñas ideas, gran futuro

Cada vez se crean más empresas emergentes que pivotan en torno a innovación tecnológica. Es una miríada de pequeños proyectos personales, que crece a medida que se digitalizan todos los ámbitos. Se hablará de ellas en los próximos años, pues algunas llegarán a ser potentes firmas. Estos son algunos ejemplos de quiénes y cómo alumbran estas iniciativas.

David León, Álvaro Muñoz y Eduard Soler, socios de la startup Linceworks

Una idea no basta, lo que vale es un proyecto y tener clientes”, martillea el inversor Luis Martín Cabiedes a un auditorio de emprendedores. Analista con 17 años de experiencia en invertir en firmas tecnológicas y dueño de un fondo financiero, huele de lejos “al que cree tener una idea única y piensa que con un ingeniero informático y un inversor se hará rico enseguida”. La realidad desmiente este mito alimentado por el éxito planetario de una exclusiva minoría de compañías que empezaron como startups o empresas de arranque (Apple, Google, Amazon, Facebook…).

Estos negocios, basados en innovaciones tecnológicas, se definen por un crecimiento rápido, pero hay pocos unicornios, por algo se llama así a las empresas que alcanzan un valor de 1.000 millones. Aun en los mejores casos, al empezar como proyectos personales, afrontan años de mucho trabajo y cero o moderados ingresos. De cada 10 iniciativas, dos funcionan, cuatro van tirando y cuatro cierran, dice Javier Megías, que dirige Startupxplore, comunidad que conecta a startups e inversores. En esta plataforma constan 2.573 startups en España. Es un marco en el que se aventuran cada vez más personas –más hombres que mujeres–: universitarios recién titulados, empresarios experimentados, quien busca en el autoempleo una salida o mejora laboral o cualquiera con inquietud emprendedora. Les arropan incubadoras y aceleradoras (como SeedRocket, TopSeedsLab, StartupBootcamp o Conector, entre otras consultadas para este reportaje), fondos de capital riesgo y programas de ayuda y viveros públicos.

Algunos hablan de burbuja. No es el caso de María Benjumea, de la plataforma Spain Startup, quien cree que es “una transformación estructural”, nutrida en parte porque las grandes corporaciones demandan innovación. Martín Cabiedes y Megías señalan que las empresas tecnológicas surgen en los diferentes sectores a medida que se va digitalizando la sociedad. Primero fueron los servicios de internet, después la comunicación, el turismo y ecommerce, hay un boom en la economía colaborativa, servicios cotidianos como la entrega a domicilio o las fintech (finanzas), un constante goteo en Ehealth y educación... Es una ola imparable, así que darán que hablar en los próximos años.

Hay peculiaridades, claro, pero todas las startups afrontan obstáculos por la novedad que suponen, reticencias en su sector, dificultades para conseguir financiación. Tienen también su coste social, pues contribuyen a reconvertir cada sector; no hay más que ver la guerra entre Uber y los taxistas. Pero empiezan a mover mucho dinero (empleos, no tanto) y algunas ya se han convertido en empresas de mucho peso (eDreams, Atrápalo, Privalia, Infojobs o, recientemente, Wallapop, Job&Talent, Scytl, por citar algunas). He aquí una pequeña muestra de cómo nacen y crecen y qué historias personales hay detrás.

 

Lince Works

Juego para consola

“Lince Works tiene un ambicioso proyecto, dará que hablar”, avisan en la incubadora GameBCN. Lo que tienen entre manos David León, Álvaro Muñoz y Eduard Soler es un juego. ¡Cuántas horas de su vida han pasado con la Play o la Nintendo! Ahora, los tres, ingenieros informáticos, del área de Barcelona y de entre 25 y 27 años, crean su juego para consola y ordenador. “El móvil es la fiebre del oro, todo el mundo lanza productos para él porque se hacen más rápido, pero la competencia es mayor”, explica León. El juego de los tres amigos de la universidad, en cambio, exige dos o tres años (para trabajar la historia, la animación...). Hasta no hace mucho, lanzar un juego era un coto de equipos grandes, pero el avance tecnológico permite una industria independiente, empresas como esta, inspirada por un proyecto de estudios. Hoy son 10 trabajadores, todos mileuristas. “En una empresa grande del sector, ganaríamos el doble”, apuntan. Amigos suyos han ido a buscar empleo al extranjero; si ellos no hubieran creado su empresa, quizás habrían hecho lo mismo. Fundarla les obligó a ir más allá de su disciplina: uno se tuvo que poner el sombrero de consejero delegado (CEO), otro lleva las finanzas y el tercero, lo tecnológico, un reparto usual en las startups. “Y todos nos llevamos trabajo a casa”, dice León, algo igual de habitual.

Crearon la empresa en Barcelona porque los costes son menores que en otros países. Pero han tenido que ir a EE.UU. y Alemania a buscar inversores y editor. Ahora tienen uno –e inversión de capital riesgo local–, y su juego se empezará a promocionar este diciembre, aunque tardará unos meses en salir. Twin Souls –nombre todavía provisional– es una aventura de acción e infiltración, tipo ninjas, y ya tiene seguidores que hacen aportaciones para su desarrollo.

 

Wazypark

App para facilitar el aparcar en la calle

¿Ha pensado alguna vez por qué no inventarán algo para no estar dando vueltas por la calle en busca de una plaza de aparcamiento? Carlos Rodríguez iba conduciendo con su mujer e hicieron esa reflexión. A diferencia de otros muchos, este ingeniero informático madrileño de 30 años fue más allá: investigó el sector y aplicó la experiencia acumulada en su anterior empresa de desarrollos tecnológicos a medida para crear una app móvil que avisa
–funciona por un sistema de geolocalización– a sus usuarios de dónde queda una plaza libre por el barrio donde quieren aparcar. Los usuarios acumulan puntos que se pueden cambiar por gasolina, seguros... y de estas empresas colaboradoras llegan los ingresos a la empresa, aunque aún son pocos. “El objetivo en esta fase es ampliar la comunidad”, se consuela Rodríguez. Los creadores esperan que la app, gratuita, acabe el año con un millón de usuarios en Madrid, Barcelona y otras grandes ciudades españolas. Y en el 2016 se prevé activarla en varias urbes europeas. Es un crecimiento rápido que incluso sorprende al empresario, pese a tener  experiencia en el sector tecnológico. “Ahora es sencillo crecer sobre el colchón tecnológico del móvil, ¡su uso es tan cotidiano! –dice–, cada vez habrá más soluciones digitales para usos cotidianos”.

 

Indexa

Agencia on line de valores

François Derbaix, de 41 años, belga afincado en Madrid, es un emprendedor digital bregado. Hizo negocio con la venta de Toprural, entre otras startups que ha creado (algunas, con su mujer) o en las que ha invertido. La compra de una empresa emergente por una grande se da a menudo, pero Derbaix avisa: “Has de pensar, cuando empiezas, que si eso llega, no ocurrirá antes de varios años de trabajo”. En pleno boom de las startups del sector financiero, el emprendedor lanza Indexa (con los también experimentados Unai Ansejo y Ramón Blanco), que espera la autorización de los organismos reguladores (prevé operar en el 2016). Plantea un cambio “radical” en la gestión de inversiones, pues Derbaix promete comisiones un 80% más bajas.

 

Monkimun

Plataforma de apps para que los niños pequeños aprendan inglés

Como bióloga, Marieta Viedma, de 37 años, estudió el juego y la adquisición del lenguaje comparando niños y primates. Acabó metida en centros educativos infantiles y creando esta startup que ofrece material para el aprendizaje precoz del inglés. “Quería que mi hija aprendiera un segundo idioma antes de los seis años, las pantallas táctiles lo facilitan”, dice la emprendedora madrileña. En la aventura involucró a su hermano Cristobal, ingeniero informático que trabajaba en Singapur, y hasta Marieta júnior, de cuatro años, forma parte de la historia: su madre se la llevó a Silicon Valley y es conejillo de indias de los juegos. La aceleradora de EE.UU. que les invitó les abrió puertas (networking se llama en el sector ) y facilitó el acceso a inversores. Estos son la vía para crecer y consolidarse, aunque se suelen quedar un 5%-15% de la empresa. Monkimun volvió con un millón de dólares, la mitad, de capital asiático.

Ya es una referencia con dos millones de descargas y 30.000 niños que juegan/aprenden todos los días. Los Viedma dicen que lo de emprender les viene de herencia materna y que les falta un poco para afianzarse. Así que, Marieta seguirá estresada, combinando maternidad y empresariado.

 

Land Me Far

Outlet de viajes para menores de 30 años

De un sector, el de viajes, que las startups ya han cambiado, esta empresa de Madrid parte de la premisa de que los jóvenes tienen menor poder adquisitivo, pero son flexibles en cuanto a horarios y destinos. Así, quiere ofrecer viajes a precio reducido, por ejemplo, a unos amigos que planean salir un fin de semana pero les da igual uno que otro o una u otra ciudad. La idea surgió de Marc Chicharro y Guillermo Macarrón, ingenieros aeronáuticos que trabajaron en Airbus, al darle vueltas a cómo aumentar la ocupación de los aviones. Después se unieron Esther Pérez, Iván Bermejo y Francisco Tavira, procedentes de diferentes disciplinas. “Es cierto que hay menos mujeres que hombres en las startups
–reflexiona Pérez, cuando se le pregunta por una desproporción evidente–, no creo que sea por discriminación, quizás nos pensamos más dar el salto”. En su caso, trabajaba en relaciones públicas y “me uní porque me cautivó la idea”. Los cinco socios –de entre 30 y 42 años y sólo uno casado y con hijos– no se vieron forzados a emprender por falta de empleo. “En principio, cambiamos estabilidad por margen de maniobra, aunque por ahora no podemos decir que haya ventajas, y eso de que cuando emprendas vas a tener el control de todo... no es verdad”, apunta Chicharro. Pero querían crear su negocio. Empezaron con fondos propios y subvenciones públicas y ahora harán una ronda de financiación. La plataforma prevé operar antes de Navidad, tras meses de negociaciones con las compañías aéreas.

 

Blinkfire Analytics

Mide la aparición de marcas en redes sociales

Hace 18 años, Juan Luis Hortelano trabajaba como informático de una firma de supermercados. Dejó el empleo porque vio que internet ofrecía muchas oportunidades y montó una empresa de páginas web y otros proyectos. Hace 10 años, le contactó, para implantarse en España, un empresario de EE.UU., Steve Olechowski. Ahora, ambos impulsan una startup que mide el impacto de logos de marcas, especialmente del mundo del deporte, en fotos y vídeos de redes sociales. Están convencidos de que es un sector publicitario que crecerá. Y estar la empresa a caballo entre Valencia y Chicago les facilita el acceso a inversores y clientes.

Hortelano, además, lleva en Valencia la aceleradora Plug & Play (filial de una californiana). “España está bien vista fuera, se sabe que hay talento”, afirma. Y desmitifica el instalarse en Silicon Valley, sueño de muchos: “Es muy caro”. Para este hijo de funcionarios, “emprender es un gusanillo; para hacerlo debes salirte de tu zona de confort, pero si lo haces es adictivo”. Ahora bien, para ello hay que formarse, aconseja.

 

Viuing

Pantalla desechable para ver un acto deportivo en tiempo real

Viuing es una pequeña pantalla que permite que quien esté en una carrera de motos, por ejemplo, vea qué pasa en todo el circuito o estadísticas y entrevistas a los pilotos, como si viera la tele en casa. Este gadget se les ocurrió a los barceloneses Marc Garcia y Sergio Palomino, un día que miraban una carrera en el circuito. “Analizamos qué tecnología existía e ideamos nuestro dispositivo (similar a una tele), con Antoni Felguera (ingeniero y tercer socio de la empresa)”. Viuing pacta con el propietario del acontecimiento y usa la señal de retransmisión televisiva. Como Garcia trabajaba en Yamaha y conocía el sector, han empezado con las carreras de motos, y este fin de semana hacen una nueva prueba en el MotoGP de Valencia. Aparte del uso de fan experience, la pantalla –sólo sirve para un acto, pues hacerla recargable disparaba los costes– podría ser soporte publicitario, lo que amplía las perspectivas de negocio.

Los tres socios, de 41 años, desconocían el mundo del emprendedor y encima, para desarrollar la tecnología, tuvieron que hacer, a los tres meses de crear la empresa, una ronda de financiación –lograron 700.000 euros, cifra nada despreciable para una startup recién creada–. Por ello, Garcia destaca la relevancia de los mentores empresariales, las aceleradoras –a Viuing le apoya Conector, participada por el mediático publicista Risto Mejide– y los business angels (inversores particulares) que sirven de trampolín y facilitan que los desconocidos y atrevidos proyectos accedan a los grandes inversores (las venture capitals). “Una startup siempre tiene más que demostrar para que se fíen de ti –dice el directivo de Viuing–, y son muchos los imprevistos…; fácil no hay nada, exige mucho trabajo y ser constante”.

En la mayoría de los casos, los emprendedores no se enriquecerán. ¿Para qué emprender? “Yo diría que va con el carácter, desde luego no puedes tener aversión al riesgo, para esto has de ser un poco osado, aunque luego midas los pasos”, reflexiona Garcia, que, empresa aparte, está casado, tiene dos hijos y una hipoteca que pagar.

 

Tiendeo

Agrupador de catálogos

Las gemelas barcelonesas Eva y Maria Martín Villaró (36 años) y el belga Jonathan Lemberger (37) se hicieron amigos cuando estudiaban Ingeniería Industrial y coincidieron en una estancia en París. Tal vez les unió haber nacido el mismo día, un 14 de febrero; también, la idea de “crear algo”. Los tres encontraron buenos empleos, pero esa inquietud permaneció, y al final plantearon tres modelos de negocio a sus conocidos y el que más gustó fue Tiendeo. Su canal on line permite ver y comparar los catálogos de muchas firmas comerciales. Estas pagan unos céntimos a Tiendeo cada vez que un usuario los mira.

Quizás se podría considerar esta startup consolidada, pues se creó en el 2011 (el 14 de febrero) y tiene 17 millones de usuarios. La revista Wired la incluyó en septiembre en su lista de las 100 startups más de moda de Europa, dentro de las 10 elegidas en Barcelona como uno de los centros de ebullición tecnológica. Tiendeo está ya en 36 países y agrupa 700 catálogos. El cuartel general en Barcelona acoge a 70 empleados de 20 nacionalidades. El objetivo futuro es ampliar la expansión internacional, pero los tres socios prefieren un crecimiento lento a ponerse en manos de grandes inversores. La madre de las gemelas quería que se dedicaran a la enseñanza y al principio le pareció un salto al vacío la decisión de sus hijas; ahora está encantada. “Sólo podemos recomendar a quien piense en crear una startup que no lo dude”, dicen las empresarias.

 

Groopify

App para planes de grupo

“Groopify ayuda a dar el paso que cuesta más, de conocerse en el mundo digital a quedar en el real”, explica Pablo Viguero, uno de sus fundadores. Su app conecta a grupos de personas. El negocio radica en que quedan en locales que pagan a Groopify por promocionarlos. A fines de año, la app espera sumar 250.000 usuarios y estar en al menos 15 ciudades. Viguero, de 30 años, estudió administración de empresas en España y EE.UU. y trabajó en un banco de inversiones en asesoría a empresa tecnológicas así como en ecommerce en Malasia. Cuenta que ver tantos negocios on line le animó a crear el suyo. Habló con dos amigos del colegio de Madrid, Álex Coca y Miguel García, que, aunque tenían buenos empleos, los dejaron para crear la firma, hace dos años. Las cosas empezaron a ir rodadas hace medio año cuando de la web pasaron a una app para móvil. “¡Ojalá lo hubiéramos hecho antes!. Siendo realistas, llegar adonde estamos ya es mucho, porque la supervivencia de las startups no es elevada”, señala Viguero.

 

Chicfy

Canal de venta de ropa de segunda mano

Laura Muñoz (36) y Nono Ruiz (32) gestionan en Málaga una “empresa feliz”. Él, hace 10 años, decidió inyectar “un poco de adrenalina” en su vida, y montaron un restaurante. Al año lo vendieron, pero debían seguir pagando el préstamo avalado por sus padres. Compitieron en el concurso televisivo Atrapa un millón, y los 185.000 euros que ganaron les dieron para pagar la deuda y respirar un poco. A Nono le interesaban los negocios
on line, y una iniciativa americana les inspiró: en el 2013 lanzaron Chicfy, esta vez, arriesgando sólo 4.000 euros de ahorros (después han captado inversión). Mujeres de todas las edades pueden fotografiar su ropa, joyas, zapatos y bolsos (lo que más se demanda), de cualquier precio, y ofrecerlo en venta en una comunidad que tiene 400.000 usuarias en toda España. La empresa se queda el 20% de la venta. “Nuestro mayor objetivo es ampliar la comunidad y que todo el mundo se divierta. Alguna usuaria nos ha dicho: ya no me entretengo en Facebook, siempre estoy en Chicfy. ¡Es un proyecto goloso!”, dice Muñoz. La empresa ocupa a 20 personas e incluso se ha anunciado en televisión (cada vez lo hacen más startups), aunque no se prevé internacionalizarla.

Sus fundadores carecían de formación tecnológica y empresarial; tenían empleos en el mundo comercial (ella, de las joyas, y él, de ropa). “Hemos buscado a personas para cubrir cada área, porque creemos en ‘hacer las cosas con amor’, ¡es algo que me decía mi madre!”, explica Muñoz. El servicio de atención al cliente se llama “equipo amor”, y el mismo buen ambiente quieren que reine en la empresa. Laura Muñoz asegura que los sueldos bajos, usuales en las empresas incipientes, no son obstáculo: “La mayoría de la gente estamos dispuestos a hacer algo que nos guste y en un entorno en que estemos a gusto aunque sea ganando menos”.

 

Remote Eye

Asistencia técnica remota con gafas inteligentes

Jordi Boza, barcelonés de 48 años, casado y con dos hijos, es un empresario tecnológico hecho a sí mismo y avezado en el networking. “El sector es tan grande que si no te mueves no tienes visibilidad”, explica. En septiembre lideró, con respaldo público y privado, la StartupWeek de Barcelona, una franquicia americana. Ahora busca clientes e inversores en Silicon Valley para la startup que dirige. Remote Eye utiliza gafas de realidad aumentada para ofrecer videoasistencia técnica a distancia. Es el segundo intento de Boza, que probó desarrollos para las Google Glass, pero al suspenderse su comercialización tuvo que repensar el negocio. Antes, Boza fue directivo de dos inmobiliarias hasta la crisis del sector, así que se “reinventó cumplidos los 40”. “Lo importante es la actitud –dice–, reaccionar a los imprevistos”.