Sundar Pichai La mano que dirige el futuro de Google

Sundar Pichai, un ingeniero indio de origen humilde, tiene en sus manos el futuro de Google. Hombre de confianza de los fundadores de la tecnológica de referencia, ha sabido echarse al barro para pugnar con la Administración Trump.

Pichai se ha esforzado mucho en explicarme todo lo que me ­quiere, el gran trabajo que la Administración está haciendo, que Google no tiene nada que ver con el ejército chino, que la compañía no ayudó a la estafadora de Hillary para ganarme en las elecciones del 2016 y que no planean subver­tir ilegalmente las elecciones del 2020 pese a que se ha dicho lo contrario”. Así resumió Donald Trump a través de Twitter su encuentro con Sundar Pichai, director ejecutivo de Google y desde hace apenas dos meses también de Alphabet, la empresa matriz que agrupa los distintos servicios que antes ofrecía el buscador. El tono despectivo y hasta xenófobo del presidente de Estados Unidos contrasta poderosamente con el talante de este ingeniero indio de 47 años y origen humilde en quienes los fundadores y aún accionistas de referencia de Google y Alphabet, Larry Page y Sergey Brin, han decidido dar todo el control de la compañía.

"Nuestra misión principal es proporcionar a los usuarios acceso a la información, porque consideramos que es un derecho humano”

Además de gestionar el futuro de la firma que desde hace dos décadas ha sido el estandarte de las tecnológicas y ha liderado la evolución de internet y, por ende, de la sociedad actual, Pichai será también quien deba lidiar tanto con las acusaciones de acaparar con técnicas monopolistas la publicidad online en Estados Unidos como con las regulaciones que se intentan imponer desde la otra orilla del Atlántico para que la firma tribute allí donde genera sus beneficios, con Francia y España de avanzadilla. No son las únicas batallas legales que Google y Alphabet libran, ya que afronta las acusaciones de colaboración con el Gobierno chino para desarrollar un buscador que daría al régimen la capacidad de controlar buena parte de la información que circula por la red.

Page y Brin confiaron en un desconocido joven enjuto que había hipotecado a su familia para poder viajar a Standford, donde estudió becado, por su capacidad de adelantarse, uno tras otro, a los movimientos de un sector marcado por la incertidumbre. En su haber está el desarrollo de la barra de Google para combatir a Microsoft y a su buscador Bing mediante acuerdos con los fabricantes de hardware; el desarrollo del navegador Google Chrome para evitar cualquier dependencia de Explorer, otro producto de Microsoft, o de sistema de softwarte libre; el desarrollo de Android y Android One para competir en el terreno de la telefonía móvil con Apple y adentrarse en los grandes mercados aún sin una conexión estable, o la compra de Nest, primer paso de Google en el campo de la domótica y asistencia en el hogar. “Siempre ha ido un paso por delante de nosotros”, reveló el propio Page cuando Pichai fue ­designado en el 2015 máximo ejecutivo de Google.

Con el pc hemos llegado a 1.700 millones de personas, pero con el móvil llegaremos a 5.000 más”

Sin embargo, era mucho más que talento lo que necesitaba este anticipador de mercados para tirar adelante y dinamizar el gran gigante de las tecnológicas. Para empezar, debía echarse al barro para forjar a partir de ahí su liderazgo. Y lo hizo con éxito a finales del 2018 defendiendo a Google de sus acusaciones de colaboracionismo con Pekín ante el Comité Judicial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en una comparecencia que rápidamente se comparó con la de Bill Gates ante el Senado dos décadas antes acusado de monopolio. La experiencia de Microsoft hizo salir airoso a Pichai y a Google de su primer combate en la Administración, y la firma plantea ahora su total colaboración con los reguladores de los 48 de los 50 estados que ahora han llevado a Google y a su matriz ante la Comisión Federal de Comercio, en el convencimiento de que un mal acuerdo es la mejor salida a un buen pleito.

De hecho, todos los analistas coinciden en que la tecnológica cederá para alcanzar un acuerdo con el regulador de la publicidad de su país. De cómo acabe afectando eso a su cuenta de resultados y, sobre todo, a sus planes de futuro dependerán las negociaciones que pueda abrir en Europa. “Estamos orgullosos de invertir en productos y asociaciones que ayudan a las personas en Europa a tener éxito. Nuestro nuevo informe de impacto económico estima que las herramientas de Google crearon 177.000 millones de euros en actividad económica para empresas, desarrolladores, creadores y editores en toda Europa en el 2019”, ha señalado el ejecutivo de Google y Alphabet, también a través de Twitter, a los países que pretenden poner en marcha la denominada tasa Google.

No es la gran preocupación de Pichai, que en este terreno podría hacer frente común con la Casa Blanca ante una Unión Europea dividida, como ya avanzan los analistas. Este hábil ingeniero y gestor indio vuelve ahora la mirada a su país, que tras China es el mercado con mayor potencial de crecimiento. Aunque sin ser un terreno minado. Es, sin duda, su mejor baza. Y sus continuas referencias a sus orígenes vislumbran que el futuro de Google y de internet siguen pasando por Oriente.