Un icono entre costuras

El taller de marroquinería de Dior en Florencia abre sus puertas al ‘Magazine’ para mostrar paso a paso la confección artesanal de su bolso más mítico, el Lady Dior. Una labor de equipo rigurosa y poco conocida por el público.

En plena Toscana, lejos de la parisina Avenue Montaigne en la que Christian Dior fundó su imperio, se ubica el taller de marroquinería donde nacen sus exquisitos bolsos y complementos. Allí, a las afueras de Florencia, un equipo de 208 artesanos confeccionan, entre otros, el bolso de referencia de la firma. Aquel modelo, en su origen llamado Chouchou, enamoró a la princesa Diana de Gales en 1995, cuando la esposa del presidente Jacques Chirac se lo regaló durante una visita a París. Lady Di lo convirtió en su complemento estrella y la firma, en su honor, cambió su nombre por el de Lady Dior. 

El Atelier ha abierto sus puertas, excepcionalmente, al Magazine para mostrar el minucioso proceso con el que se elabora este modelo, que es insignia de la marca. 

Aunque datos como la cifra de piezas o el tiempo de confección son confidenciales, lo cierto es que unas horas viendo cómo se trabaja en este laboratorio del lujo transmiten la esencia de la casa, esa mezcla de rigor y arte con la que Dior revolucionó la moda desde su primera colección, en 1947.

Paciencia y precisión son los requisitos esenciales para ser un buen artesano y formar parte del equipo, del que actualmente un 65 por ciento son mujeres

En un amplio y luminoso espacio, los artesanos, con impolutas batas blancas, crean y ensamblan las piezas sobre enormes mesas, entre materiales (pieles de diversas procedencias, texturas y acabados, carretes con hilos de mil colores), instrumental y máquinas de coser. Un trabajo de equipo eficaz y a la vez invisible para el gran público, al que llega sólo el brillo de los rostros conocidos y grandes diseñadores. 

Laura, la joven artesana que muestra el proceso, entró a trabajar en el taller hace ocho años y hoy es una de las empleadas capaces de elaborar la pieza de principio a fin. Comienza recortando la piel para las asas. Sus manos se mueven despacio, con suavidad. Encola ambas partes y entre ellas coloca una pieza de cuero compacto, que aportará luego el agradable efecto acolchado al asir el bolso. Une los bordes con una máquina de coser, que desliza con precisión. Es un buen ejemplo de los requisitos para formar parte de este equipo de técnicos (el 65%, mujeres), como explica una de las responsables del taller. Paciencia, serenidad, temple y buen pulso. Perfeccionismo, en fin. “Son materiales muy delicados, si no somos meticulosos, el trabajo se arruina”.

Las pieles llegan al Atelier perfectas, curtidas y testadas al milímetro. Tras las asas, se ajustan los cuadrantes (lateral y frontal) sobre otro molde para completar la estructura del bolso.
¿Cuál es la parte más compleja? Según los técnicos, cada paso tiene su dificultad, aunque coser la parte curva del bolso, en su base, es muy delicado. Una veterana artesana muestra cómo realiza ese paso, puntada a puntada. Cualquier fallo debe ser reparado (no se desecha ninguna pieza) y el coste es muy elevado. Por ello, todo en su diseño está concebido para protegerle del uso y el paso del tiempo.

La dinámica de trabajo está pensada para que algunos técnicos empiecen con trabajos más simples y con el tiempo se especialicen. Los más expertos o másters realizan los prototipos de nuevos modelos y detectan errores en la confección. Hoy en día se estudia poner en marcha una escuela de artesanos, junto a Polimoda (instituto de moda en Florencia).

Todo se confecciona a mano, con la única ayuda de la máquina de coser, minuciosamente y con materiales examinados al milímetro. No hay dos bolsos iguales. 

El Lady Dior Lion que ilustra estas páginas pertenece a la serie Animals, de la nueva Colección Crucero 2020. En ella se ha sustuido el mítico pespunte cannage original (cuadrícula sellada con hilo) por una ilustración con diminutas incrustaciones de cristal, un bordado que requiere una técnica específica: sobre la piel se imprime digitalmente el diseño animal y luego se borda a mano con cuentas e hilos de colores para mejorar el patrón y dar un efecto tridimensional a los dibujos: un león en la parte delantera y una leona en la posterior. Hay otras versiones con elefantes, monos y jirafas.

Es la más reciente de las reinterpretaciones que ha inspirado el Lady Dior. Ahora, bajo la dirección creativa de Maria Grazia Chiuri, la primer mujer que ocupa el cargo en la historia de Dior. Una firma que,  siete décadas después, mantiene el espíritu artesano de Christian Dior, para quien “la mano humana tiene un valor insustituible, porque da a todo lo que crea lo que ninguna máquina puede: la poesía y la vida”.