Uniformidad inconsciente

Personas de países diferentes y de distinta edad y clase social expresan su individualidad a través de su ropa, pero el resultado es toda una contradicción: en la sociedad global se viste prácticamente igual.

Interesado desde hace décadas por aspectos de la sociedad moderna, como el narcisismo y el culto a la fama, el fotógrafo holandés Hans Eijkelboom publica un nuevo trabajo sobre cómo viste la gente corriente. Cómo salen a la calle, en su día a día, hombres y mujeres en lugares supuestamente tan distintos como Amsterdam, Nueva York, París y Shanghai. Personas de todas las edades y estratos sociales a las que el fotógrafo ha retratado en un singular proyecto, llevado a cabo en los últimos 20 años. El resultado se ha reunido en un libro, Hans Eijkelboom: People of the Twenty-First Century, que acaba de publicar la editorial Phaidon.

“La pregunta que me hago es en qué parte uno es producto de la sociedad en la que vive y en qué parte algo genuino”, explica el fotógrafo, que cree que la gente se viste buscando distinguirse aunque no lo consiga

El volumen consta de 500 páginas de imágenes tomadas en lugares populosos, como las grandes superficies comerciales y los centros urbanos por los que la multitud practica uno de los deportes globales: el shopping. Allí toma posición el fotógrafo, con la cámara colgada al cuello y con un cable conectado al disparador, que está en su bolsillo. “Primero me quedo un rato observando a los transeúntes, hasta que identifico un patrón que se repite y empiezo a fotografiarlo, durante un par de horas, aproximadamente, sin mirar por cámara”, explica el autor en conversación telefónica.

El patrón puede ser tanto una camiseta de tirantes fucsia como una bolsa de unos grandes almacenes. O una chaqueta roja, una parka con capucha forrada de piel o los shorts y tops que proliferan en verano. También se repiten en las calles del mundo los hombres que patinan a pecho descubierto, las mujeres de mediana edad con blusas floreadas o las señoras de aspecto opulento embutidas en abrigos de piel.

Una vez tomadas las fotos, Eijkelboom hace la selección y, con un programa informático, las coloca en el formato cuadriculado que se presenta en el libro. Al pie de cada imagen, lugar, fecha y horas en las que se hicieron las fotografías. Su trabajo de campo es, como lo define su colega Martin Parr, casi “antropológico”, pero también tiene un punto de clandestinidad. Él no le ve un dilema moral: “Sería imposible hacerlo de otra manera”, señala. Su intención, además, no es retratar a desconocidos, sino llamar la atención sobre algo que parece rutinario pero es importante: vestirse para salir ahí fuera cada día, toda una declaración de intenciones. Aunque matiza que, en esencia, su proyecto trata sobre la identidad, el modo en el que cada uno expresa su individualidad: “La pregunta que me hago es en qué parte uno es producto de la sociedad en la que vive y en qué parte algo genuino”, explica.

Visto el resultado, lo genuino no abunda. Al contrario: parecería que la gente del siglo XXI busca una misma identidad. Una contradicción extraña, que tiene mucho que ver con la globalización, con las mismas tiendas repartidas por todo el mundo y las mismas tendencias, transmitidas con más rapidez que nunca. “Lo cierto es que hoy, cuando vas a una tienda y buscas algo especial para ti, lo compras creyendo que es así, pero la realidad es que 50.000 personas más lo tienen… Sin embargo, creo que la idea inicial a la hora de escoger no es querer ser como los otros, sino marcar nuestra individualidad”, dice el fotógrafo.

En estos años de trabajo de campo, Eij­kelboom ha observado algunos clásicos, “como la camisa con rayas para los hombres y los estampados de flores para las mujeres”, que cambian un poco en función de las temporadas (flores más o menos grandes, rayas más o menos anchas), pero resisten. También tiene la sensación de que, entre los jóvenes, “hoy su identidad en internet es más importante que su identidad en la vida real”, por lo ya no dedican tanto tiempo a comprar la ropa: “Se van a Primark, compran un saco de ropa por cinco euros y se van”. 

Por otro lado, es imposible que pase inadvertida la moda de las camisetas con mensajes: “Cada vez hay más… Con mensajes tipo ‘I Am Looking For Love’ (Estoy buscando el amor) y cosas así”, dice. Las encuentra fascinantes: “Porque, en cierto modo, el llevar un eslogan en el pecho está sustituyendo a las tradicionales formas de expresarse. Ya no hace falta llevar un look total de hippy, sino lucir camisetas con frases del tipo: ‘Estoy contra la guerra’ o ‘Amor libre’ y… ¡ya está!”.

 

People of the Twenty-First Century
Hans Eijkelboom (Ed. Phaidon)