Vidas alrededor de la muerte

Hay multitud de metáforas para referirse a la muerte, y lo que conlleva, evitando nombrarla. Sin embargo, hay profesiones que no utilizan figuras retóricas, la ven tal cual porque tratan con ella muy a menudo. Algunos, prácticamente a diario. Ya sean bomberos, oncólogos, tanatopractores o jueces de instrucción. Magazine los ha entrevistado para saber cómo la ven.

Conducir coches fúnebres ha sido como una terapia de choque para Sergi Martín, quien explica que antes tenía mucho miedo a la muerte

Sergi Martín 34 años. Chófer de coche fúnebre

“Ahora la entiendo”

“Siempre he tenido mucho miedo a la muerte”, explica Sergi Martín. Pero desde que hace cuatro años trabaja conduciendo vehículos fúnebres para los tanatorios de Barcelona y alrededores realizando entre tres y cuatro servicios diarios, asegura que ahora entiende la muerte. De profesión electricista y con la crisis encima, le salió la oportunidad de hacer de chófer y no se lo pensó dos veces. Y Serveis Funeraris de Barcelona-Grupo Mémora lo contrató. “Entrar fue como una terapia de choque. Tienes miedo a la muerte, pues hala, frente a ella cada día. El resultado es muy bueno porque me ha ayudado a entender la muerte. Era un tema tabú y ahora me doy cuenta de que cuando vemos el difunto sólo está el cuerpo, ya no es una persona, es un cadáver. La prueba es que cuando subes en ascensor con un difunto no notas la presencia de una persona”. También explica que ha entendido que “el que se va no es el que sufre, los que están sufriendo son las personas que le quieren, los familiares. Pero para el muerto es un alivio porque si estaba sufriendo deja de sufrir. De alguna manera, son ciertas las palabras de que con la muerte estamos descansando en paz. Este trabajo me ha cambiado mucho y ahora sé que la muerte es paz”. También comenta que cuando ha visto que se trata de un muerto de “mi edad o de la edad de tu hijo, entonces te cuesta entenderlo. Aunque cada caso es distinto”.

 

Marcelino Sexmero 53 años. Juez de instrucción

“Muerte estúpida”

Marcelino Sexmero ha levantado unos 300 cadáveres en 25 años como juez instructor, ahora como titular del juzgado número 4 de Madrid. Por el ejercicio de su profesión ha contemplado la muerte con cierta o mucha lejanía. La primera, cuando tenía 28 años. “Creo recordar que fue un suicida. No son muertes naturales y, por tanto, ves el cadáver en forma no humana, a veces desfigurado, sea un suicida, un asesinado o un accidente. No ves lo que fue en su día la persona. Aunque la primera impresión es fuerte. Con el tiempo se crea como un callo mental y parece que te acostumbras, aunque no puedes evitar que en ocasiones te vuelva a impactar sobremanera, como el de un niño de cuatro años que murió al golpearse en su jardín y sus padres no se dieron cuenta. Cuando fui, estaba lleno de sangre. Muerte estúpida”, exclama con más vehemencia. Después recobra el tono moderado para seguir explicando a este periodista que con el paso del tiempo “ves la muerte de otra manera, seguramente porque empiezas a ver muertes naturales de tu entorno. Comienza a aparecer una cierta cercanía a la muerte, y tomas consciencia de que de alguna manera se va acercando y de que a todos nos va a llegar. Y ante esta realidad hay que resignarse. No me preocupa la muerte, pero es cierto que en mi caso sólo deseo que este momento se retrase lo más posible. El acercamiento a la muerte en nuestra cultura no deja de ser complicado. Produce rechazo enfrentarse. Es como si fuera una apestada”.

 

Xavier Gómez-Batiste Alentorn, 63 años. Médico oncólogo

“La veo cara a cara con tranquilidad”

El máximo responsable de cuidados paliativos de la Organización Mundial de la Salud habla por teléfono desde Alemania. No para de viajar y reunirse con el objetivo de que todos los servicios de salud y sociales del mundo consideren la atención paliativa de calidad un derecho humano fundamental. Entre otras cosas, puede ayudar a afrontar la muerte de otra manera, explica Xavier Gómez-Batiste. “Permite mirar la muerte cara a cara con tranquilidad, con dignidad. Al menos yo lo veo así ahora. Antes, no.

 “Sabes que en algún momento pasará por tu vida, y eso me ha hecho tener presente la importancia de estar preparado”

Cuando era joven me pasaba como a Punset, que no tenía previsto morir”, comenta con humor. La muerte con humor puede humanizarla y hacerla más accesible, al menos para algunas personas. “Ahora me atrevo a mirarla cara a cara y escuchar qué me aporta”, insiste. Y habla de su inevitabilidad. “Sabes que en algún momento pasará por tu vida, y eso me ha hecho tener presente la importancia de estar preparado individualmente o aprendiendo de la experiencia de los demás”. Y explica cómo ve la muerte, cómo se ha preparado él. “Para mí es importante que mi familia tenga capacidad de decisión y que en esta etapa final haya música de Bach”. También añade que ha realizado un testamento vital donde expresa sus voluntades en ese sentido. “Ahora se puede llegar a vivir situaciones de buena muerte. Y hay factores que ayudan, como plantearse las creencias, el sentido de vida, las relaciones clave, el legado que dejas, lo que tienes pendiente. La suma de todo eso te da la oportunidad de afrontar la muerte con dignidad. Me siento más tranquilo”.

 

Marta López 43 años.  Psicóloga, coordinadora de voluntarios en la Cruz Roja

“Me hace cuestionarme a mí misma”

La muerte ha estado presente en su casa y en su trabajo diario. “Hemos cuidado a mis abuelos, y han muerto en casa. Así que siempre he tenido la sensación de que la muerte está ahí, preparada para presentarse en cualquier momento. Esto me hace cuestionarme a mí misma, y tengo la necesidad de cuidarme constantemente. Es todo un proceso”, asegura Marta López.

“Afortunadamente, 
se va integrando en las escuelas y en la sociedad en general. Los niños la normalizan de manera natural. 
Son capaces de expresarse”

Comenta que generalmente no se piensa cada día en la muerte. Se ve lejos y que no va con uno, que sólo les pasa a algunos. Pues no. “Se presenta cuando ella quiere y no diferencia clase social, ni si llevas una vida muy sana, ni la edad. La muerte la he integrado como parte de mi vida porque en cualquier momento se puede presentar. Esto me ayuda a poner la mirada en el presente, a vivir el presente con intensidad. La presencia de la muerte me da la oportunidad de vivir la vida con más consciencia. Forma parte de mi vida”. Sin duda, la vivencia con sus abuelos fue un punto de partida que tiene una continuidad con su profesión. Inicialmente, Marta López trabajaba con gente mayor y en residencias asistidas; después, atendiendo en domicilios particulares y en hospitales a las personas enfermas terminales. Y desde el 2008, coordinando además a voluntarios que acompañan a estas personas. Desde la Cruz Roja coordina el programa de voluntariado de la Obra Social y de EAPS (equipos de atención psicosocial).“Estoy en contacto directo con los enfermos y sus familiares y con los equipos de voluntarios”. Parece que la perversidad de la muerte disminuye cuando hay la opción de integrarla. “La muerte es, y ya está. Afortunadamente, se va integrando en las escuelas y en la sociedad en general. Los niños la normalizan mucho de manera natural, son capaces de expresarse. Y esto permite que la muerte se pueda humanizar. Si se permite mirarla cara a cara, puede convertirse en una muerte digna. Es un derecho que así sea”.

 

Xavier Arroyo 51 años. Tanatopractor

“Fue un amor a primera vista”

Xavier Arroyo no duda en afirmar que la muerte se lo ha dado todo, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Es químico y lleva 31 años maquillando, vistiendo y amortajando a difuntos. Les quita las ojeras, disimula los hematomas o reconstruye el rostro si está desfigurado, les pinta las uñas, los peina, les arregla las cejas y un largo etcétera. Ha sido uno de los primeros profesionales en España y actualmente es el responsable del equipo del Serveis Funeraris de Barcelona-Grupo Mémora, además de trabajar conjuntamente con la Universitat de Barcelona y el Instituto Francés de Tanatopraxia.

“Cuando era joven  no me planteaba nada de la muerte, pensaba que era inmortal. No la conocía. Estaba como en una nube. Con mi profesión como tanatopractor aprendí a vivir el día a día de la forma más humana posible”

“Fue un amor a primera vista. Al principio me costó adaptarme psicológicamente, asumir que es un cadáver y que con el bisturí no le haría daño a aquel cuerpo que estaba frente a mí, pero después me he dado cuenta de que estoy trabajando para los familiares del difunto. Me ha cambiado totalmente mi manera de ver las cosas. Mi vida cambió de forma radical –vuelve a repetir–. Yo era un chico joven que lo había tenido todo, pero había un cierto vacío. No me planteaba nada de la muerte, pensaba que era inmortal. No la conocía. Estaba como en una nube. Y al tratar esta especialidad aprendí a vivir el día a día de la forma más humana posible. Estar ante la muerte me hace ser más cariñoso con la familia, con los amigos. Me ha humanizado. Me ha dado la cualidad de ser humano. Me lo ha dado todo a nivel personal y a nivel laboral. Me siento muy afortunado de tratar con la muerte, me considero un privilegiado. Me ha hecho ser persona”. También reconoce que no siempre es fácil tutear a la muerte. “Cuando me ha tocado acondicionar el cuerpo de un familiar o de un amigo me ha tocado hacer el trabajo con los ojos llorando”. Hay amores difíciles.

 

Rodolf Pérez, 55 años. Bombero

“Siempre es injusta”

Al responsable del parque de bomberos de Mollerussa no le gusta hablar de la muerte. Prefiere compartir con la familia y los amigos los servicios que han ido bien. “Es más alentador, mucho más cuando se salvan vidas que cuando se pierden. Y eso es lo que prefiero comentar con los míos”, asegura Rodolf Pérez. Ya lleva más treinta años trabajando como bombero y aún recuerda la primera vez que se topó con la muerte.

“En los cuerpos de emergencias es muy importante poder hablar de estas cosas con un grupo de psicólogos como apoyo. Hablar ayuda”

Fue en 1985. “No llevaba ni un año de servicio cuando tuvimos que acudir a un accidente mortal de tráfico donde el amasijo de hierros del vehículo dificultó en extremo extraer los cuerpos de las víctimas”. Es una imagen impactante que prefiere no compartir cuando le toca vivirlo. No le gusta. “La muerte es el final de todo. Es como si te dijera: hasta ahí has llegado. Y eso me hace sentir rabia e impotencia. Es una mezcla de sentimientos que salen. La muerte siempre es injusta, incluso para las personas mayores. No se desea a nadie excepto casos puntuales”. Rodolf Pérez reconoce que para protegerse de esa rabia, de esa impotencia, contempla la muerte con cierta frialdad, desde la distancia. “No es que no le dé importancia. Sí que la doy, pero es una protección de cara a las situaciones adversas. Sabemos que es el final y que forma parte de nuestra tarea. Pero aunque sabes que tiene que llegar antes o después, al menos que sea sin padecer. De todas maneras, no puedes evitar que te afecte cuando se trata de menores. Te impacta y te dura más”. En ese sentido, explica que ayuda tener un grupo de psicólogos como apoyo. “Se ha mejorado muchísimo al poder hablar de estas cosas. En los cuerpos de emergencias es muy necesario e importante. Hablar ayuda. A veces lo haces con los compañeros. No somos familiares, pero el oficio crea esos lazos. Mejor no extrapolarlo –insiste– a los familiares. Antes no existía el apoyo de los psicólogos, ahora sí. En cualquier caso, es un tema complicado. Pero con el soporte… mucho mejor. Es necesario”.

 

Francisco Jiménez 72 años. Capellán, oficia ceremonias funerarias

“Te exige estar entero”

Ya lleva 22 años como capellán de las ceremonias de Serveis Funeraris de Barcelona-Grupo Mémora y la muerte sigue siendo para Paco, como prefieren que lo llamen, un misterio que te enseña a estar más próximo a las personas. “No ha dejado de serlo. Pero el contacto con ella es tan intenso que no puedo oficiar cada día. Requiere una actitud y una entrega que te exigen estar entero, con todas tus facultades anímicas, emocionales y espirituales perfectamente atemperadas”. Así que cuando se toma esos descansos alterna su servicio religioso en distintos tanatorios con la formación permanente para grupos de matrimonios en una parroquia. “En la comunidad me conocen por Paco”. Explica que las experiencias más intensas generalmente están ­asociadas con la muerte. “El tanatorio es una escuela de humanidad, es una escuela de escucha, al menos lo es para mí. Desde que estoy aquí me ha cambiado. Y me ha cambiado para mejor. Me ha ayudado a una comunicación más próxima y a respetar a las personas. A llorar con el que llora. El contacto con la muerte es un aprendizaje. Para mí es una oportunidad para mostrar la empatía”. Y lo dice Paco, una persona de 72 años que no se reconoce como mística, sino como persona “muy pragmática, hombre del mundo”.