Warren Buffett, el otoño del oráculo

El inversor más famoso del mundo sigue al pie del cañón. Pero acaba de cerrar el peor ejercicio desde el 2001 y, a los 88 años, hay incógnitas sobre su sucesión. Eso sí: sus fieles no están dispuestos a abandonarle.

Le llaman desde hace décadas el Oráculo de Omaha, la ciudad estadounidense donde aún reside, ubicada en Nebraska y que tiene menos de un tercio de los habitantes de Barcelona. Warren Buffett no necesita presentaciones en el mundo financiero. Es la única persona del planeta que puede presumir que lleva 77 años en el mundo de las inversiones. La primera operación de compra accionarial la llevó a cabo con 11 años y un presupuesto de 120 dólares. Paga impuestos desde los 13 años.

A la convención anual de Omaha, donde Buffett y su socio destilan sus conocimientos, “no se va, se peregrina”, dice gráficamente el economista Luis Torras

Vive en la misma casa que adquirió en 1958 y por la cual pagó entonces 31.000 dólares. Sin embargo, podría vivir donde quisiera. A lo largo de décadas ha construido una fortuna de 82.500 millones, que le ha llevado a ser el tercer hombre más rico del mundo, según el ranking de la revista Forbes. Nunca ha pisado Wall Street pero posee 60 compañías y una galaxia de participaciones en las firmas más prestigiosas: Coca-Cola, Apple, American Express,  Bank of America. Este año es un poco diferente, su vehículo inversor Berkshire Hataway cerrará su peor resultado en 17 años. ¿Qué dirán sus secuaces?

Porque Buffett tiene decenas de miles. Son los que participarán, durante la primera semana de mayo, en la célebre convención anual que reúne a inversores de todo el mundo para hacer el balance del ejercicio. Para entender el fenómeno, baste pensar que en 1990 la convención reunía a 1.200 accionistas. Ahora son 40.000, dispuestos a exponer sus dudas a  Warren Buffett y a su socio, Charlie Munger (95 años), con quien se conocen desde hace 60 años. Es una amistad mítica. Él mismo dice que “estamos hechos el uno para el otro. Cuando tenemos alguna divergencia, Charlie generalmente termina la conversación diciendo: ‘Warren, piénsalo y estarás de acuerdo conmigo porque eres inteligente y tengo razón’”.

Magazine ha hablado con algunos inversores españoles que han tenido la suerte y el privilegio de compartir esta experiencia clave para entender la fenomenología Buffett. De entrada, hay que decir que para participar hay que cumplir con una condición previa: tener acciones de Berkshire Hataway. El precio de la acción clase A son 300.000 dólares, mientras que la clase B sale por 200. En la práctica, también es posible conseguir los títulos de “segunda mano”, mediante una negociación entre particulares. Y por cierto, vaya por delante un dato: cuando Buffett se hizo con esta empresa (que se dedicaba originariamente a los tejidos) en 1962, sus acciones valían 19 dólares, con lo que su valor se ha multiplicado por 16.

Una vez cumplido con este formalismo, ya se puede viajar al gran evento. “A Omaha, no se va, se peregrina”, manifiesta el economista Luis Torras. No es casualidad que hayan bautizado el acontecimiento como el Woodstock del capitalismo. Allí los participantes acostumbran a repetir: “Aunque te sabes el sermón, vienes porque te gusta escucharlo”.

El veterano inversor aconseja inversiones que no sean a corto plazo, invertir en negocios que uno entienda y cuando se compra una acción, pensar como si se comprara la compañía entera

El escenario es sobrio. Una mesa, dos sillas y una maratoniana sesión de cinco o seis horas para escuchar al oráculo. “No deja de maravillarme que dos personas de 88 y 95 años puedan estar horas respondiendo a preguntas ante miles de personas”, confiesa Javier Ruiz, director de inversiones de Horos AM.

Vicente Varó, director de contenidos de Finect,  recuerda que la primera vez que participó en la reunión a las cinco de la mañana ya había 2.000 personas haciendo cola para coger sitio. Y entre ellos gente con muchísimo dinero. “No se puede reservar sitio y cuando se abren las puertas todos empiezan a correr”, dice.

Pablo Martínez Bernal, de Amiral Gestión, es un asiduo de Omaha. “Es un poco hacer terapia de grupo. Es un fenómeno de culto, como acudir a la Meca”, subraya. “Aun así –matiza– el valor añadido no es tanto escucharle, cuanto lo que gira alrededor del evento. Hay la mayor concentración del mundo de marcas de valor que muestran sus productos. También es un lugar para hacer networking y merchandising: desde camisetas, fotos, reuniones... hasta partidas de bridge”. En efecto, durante ese fin de semana, hay decenas de stands en el centro de exposiciones de todas las compañías participadas o controladas por Berkshire. El domingo se corre una famosa carrera de cinco kilómetros bajo el lema “invierte en ti mismo”.

El acto suele empezar con bromas o vídeos de los dos veteranos inversores, que no tienen problemas en caricaturizarse o reírse de ellos mismos.  “Somos Warren y Charlie. Él oye y yo veo. Somos un gran equipo”, dicen en tono de autoparodia (Charlie tiene problemas de visión). “Buffett es muy lúcido. Y tiene una capacidad de escucha y de aprendizaje enormes. Es todo un show. Los asistentes se mueren de risa”, asegura Varó. En el consejo de Berkshire Hataway está Bill Gates, que ocupa la primera fila. Buffett, que pasa horas leyendo y que cuenta con una memoria prodigiosa, no tiene inconveniente en admitir errores. “Sabe que no reconocer errores a tiempo condiciona poder llevar a cabo buenas decisiones de inversión”, dice Torras.

A lo largo de su carrera, Buffett ha tenido muchos aciertos, como sus inversiones en Coca- Cola o American Express, en cambio no suele invertir en  tecnológicas

Su metodología de inversión consiste en fijarse en la llamada “buena gestión”. Lo resumió una vez Charlie Munger: “Muchos tratan de ser brillantes. Nosotros sólo intentamos permanecer racionales”. En la práctica esto significa no perder el tiempo en análisis de beneficios y pérdidas en el corto o medio plazo, sino centrarse en la evolución a largo plazo que pueda tener en el negocio; invertir sólo en los negocios que uno entiende; los aspectos de la coyuntura económica son poco relevantes y cuando compras un acción pensar en que estás comprando la compañía entera para no perder la perspectiva de conjunto. 

“Como no conozco ninguna manera de predecir de manera confiable los movimientos del mercado, le recomiendo que compre Berkshire sólo si espera mantener los títulos al menos cinco años. Aquellos que buscan ganancias a corto plazo deben mirar en otra parte”, escribía el inversor en su última carta anual a los accionistas.

Para ilustrar su ideario, un año Buffett se presentó delante de la audiencia con un ejemplar del New York Times del día del ataque de Pearl Harbor y recordó que 10.000 dólares invertidos entonces serían hoy 51 millones, frente a unos meros 400.000 de haberse invertido en oro.

“Él sabe que cuando cae el precio, no necesariamente cae el valor. Es como si él comprara unos pisos baratos, pero con una caja fuerte dentro llena de dinero, que él saber detectar sin entrar en la casa. Es un hombre pegado a la economía real, huye las modas y el clásico efecto manada de los brokers”, indica Luis Torras.

A lo largo de su dilatada carrera ha tenido muchos aciertos y algún que otro tropiezo. En la primera categoría está lo de Coca-Cola. Empezó a comprar acciones a finales de los años ochenta. Desde entonces ha multiplicado su inversión inicial por 17. En la actualidad cuenta con el 8% del capital: dicen que el beneficio de una de cada doce latas de Coca-Cola que se consumen en el mundo va a parar a sus bolsillos. Otra operación de leyenda fue la de American Express. Aprovechando un escándalo en la compañía, tomó una fuerte posición tras ver que sus acciones caían un 40%. Cuando la compañía se recuperó, dobló su inversión en apenas tres años.

¿Errores? Se le ha reprochado a Buffett haberse centrado demasiado en EE.UU. y no sentirse demasiado cómodo con los valores tecnológicos. Hay un par de ejemplos significativos, como el de IBM. El inversor entró en la empresa cuando esta caía en bolsa un 16% pero la jugada no salió bien, porque el cambio en la cúpula directiva trajo consigo cambios estructurales de estrategia y una consecuente pérdida de mercado. También se puede considerar un fallo el no haber invertido ni en Google ni en Amazon. Él siempre declaró no entender completamente el modelo de negocio de estas empresas, pero luego admitió que su error fue no haberse rodeado de gente de confianza que pudiera ayudarle a profundizar en este sector.

El balance, sin embargo, es netamente a su favor. Berkshire tiene una cartera de acciones valoradas en 150.000 millones. Pocos pueden presumir de una riqueza similar. Aun así, su legendario toque de magia ha quedado algo empañado tras los resultados del 2018. El beneficio ha sido el más bajo desde el 2001. Buffett admitió que pagó demasiado caro en ciertas operaciones.

Para Javier Ruiz, “el principal problema para Berkshire Hathaway es su enorme dimensión: es mucho más difícil encontrar buenas oportunidades que tengan un tamaño suficiente para sumar significativamente al holding que gestionan Buffett y su socio Munger. De hecho, la falta de oportunidades les ha llevado a iniciar los últimos años un programa de recompra de acciones propias porque les parece un uso más atractivo para el exceso de tesorería que generan y atesoran”.

Buffett parece consciente del ciclo que está viviendo. “La mala noticia es que las ganancias a largo plazo de Berkshire, medidas en porcentajes, no en dólares, ya no serán espectaculares y no se acercarán a las logradas en los últimos 50 años. Los números se han vuelto demasiado grandes”, reconocía en su mensaje de febrero.

Para Luis Torras, “en el entorno actual es difícil, con los tipos de intereses negativos las dinámicas de la demanda se alteran. La rentabilidad ya no es como antes. Berkshire Hataway se ha convertido en un bicho tan grande que, por poner un ejemplo, ya no es tan sencillo entrar y salir de una piscina. En la actualidad nadas en un océano”.

En estas circunstancias, se vuelven insistentes los rumores sobre la sucesión. Se ha hablado de una estructura con varias cabezas, en la que Ajit Jain (el hombre clave del negocio asegurador), Greg Abel (energía y resto de negocios) y los gestores Todd Combs y Ted Weschler llevarán las riendas del grupo en la era post-Buffett. Según Vicente Varó, cuando él no esté el acto de Omaha perderá algo de magia. Pero lo más curioso es lo que dice Buffett sobre sí mismo… el día después:  “Me gustaría ser recordado dentro de cien años como un profesor”. Y –una vez más– está en lo cierto, porque pocos como él han sabido crear escuela. 

 

UNA DIETA TEMERARIA 

Llegar a los 88 años tiene mérito. Y llegar con los hábitos alimenticios de Warren Buffett posiblemente tiene más mérito todavía. El inversor estadounidense tiene muchas cualidades, pero no destaca precisamente por la calidad de su dieta. Es adicto a la Cherry Coke, la Coca-Cola con sabor a cereza, de la que puede llegar a beber dos litros diarios. “La cola no tiene memoria del sabor. Te puedes beber una a las nueve, a las tres, a las cinco… Y la de las cinco te va a saber igual de bien que la que te has bebido por la mañana”, dijo una vez. Y ha admitido que come “como un niño”.
Bob Bryan, periodista de Business Insider, hizo un experimento: comió como él durante cinco días. Su cuerpo absorbió 20.000 calorías, casi el doble de lo necesario. Buffett desayuna cada día en McDonald’s y cuando el mercado es alcista, se concede un sándwich de bacon, huevo y queso. También tiene la costumbre de echar sal en cualquier plato. Su restaurante favorito en Omaha es el Gorat’s, donde degusta su famosa carne. En Nueva York, su sitio preferido es Smith Wollensky y allí Buffett suele pedir un chuletón de un kilo.

La filosofía del gurú en cinco frases

“Cuando compro acciones, pienso en ellas como si comprase toda la empresa, igual que si fuese a comprar la tienda de enfrente”.

“Mis compras se guían por una sencilla norma: ten miedo cuando los demás sean codiciosos y sé codicioso cuando los demás tengan miedo”.

“Casi todo el mundo que conozco en Wall Street ha tenido tantas buenas ideas como yo, sólo que ellos han tenido además un montón de malas ideas”.

“Lo importante es saber qué sabes y qué no. Has de conocer el perímetro de tu círculo de confianza y jugar dentro de él. Cuanto más grande sea, mejor. Pero si algo está fuera de mi círculo, no jugaré a ese juego”.

“Internet como fenómeno es gigantesco. Es lo único que sé. No sé cómo ganar dinero. No trato de sacar provecho de internet”.