Gales, aroma de marea

Castillos imponentes, montañas negras, minas abandonadas, historias de dragones. El norte de Gales no podía seguir manteniendo en secreto todo su atractivo. La marea ha bajado y ha dejado al descubierto un paraíso atlántico lleno de sorpresas mediterráneas.

El castillo de Conwy y su estuario con la marea baja

El agua marca las arrugas y las cicatrices de esta tierra. Las cascadas del color de la nieve se abren paso montaña abajo ramificándose y huyendo de las explotaciones abandonadas de extracción de pizarra. Los lagos inmóviles endulzan el paisaje, a veces árido, a veces frondoso, y los ríos marcan las fronteras y se apresuran para no llegar tarde a su cita con el Atlántico. El mar a veces espera y a veces, con la paciencia agotada, se marcha. Es así, en el norte de Gales, las mareas no suben o bajan, simplemente pestañean con ese aroma a alga seca y un viento que a veces saca las garras. En los estuarios, en poco tiempo, el océano emerge como si alguien abriese una compuerta e inunda lo que parecía una playa. También sucede al revés, las olas se evaporan, se aplanan y se esfuman dejando la arena al desnudo. Un paisaje bello, y más si luce el sol.

Gales es un territorio abrazado por Inglaterra por este, norte y sur y por tanto tímido y recogido en sí mismo. Allí el agua corre, salta, nada y hasta vuela. Pasa mansa por el canal de Llangollen a través del imponente acueducto de Pontcysyllte, el más largo, el más alto y el más antiguo de Gran Bretaña: 307 metros de largo, 19 arcos de lado a lado, casi 40 metros de altura, inaugurado en 1805. Evidentemente, es patrimonio de la humanidad de la Unesco. El canal es una vía de hierro colado que sirvió de locomotora de la primera revolución industrial antes de la llegada del ferrocarril y por donde ahora pasan las barcazasa de recreo y de turistas. A bordo de una de ellas, si el visitante mira al abismo, puede figurarse que vuela por encima del barranco por donde discurre el río Dee.


Con su clima subtropical y su aire de aldea marinera italiana en la que nada es lo que parece,Portmeirion es un complejo turístico que tardó 50 años en acabarse para respetar el paisaje

En los últimos años, tanto el norte como el sur de Gales han despertado a una primavera turística sustentada por el paisaje, el montañismo, su cultura musical, una revolución culinaria de primer orden y una historia fortificada por algunos de los castillos más imponentes y mejor conservados de Europa, como los de Caernarfon, Harlech y Conwy, testigos de la pugna militar inglesa por este territorio a lo largo de los siglos.

Durante décadas, en el norte del país, el potencial minero sostuvo la economía, ahora la mantienen los miles de excursionistas que se calzan las botas y buscan el filón montañero en localidades como Betws-y-coed, sorteando las cascadas de tres ríos que confluyen en la localidad ante la presencia de la Ugly House (Casa Fea), una desgarbada cabaña de piedra tal vez construida en 1820 por ladrones y bandoleros que asaltaban la vieja carretera. Tal vez.

Las leyendas adornan el recorrido por las carreteras del norte de Gales, algunas tienen base histórica, otras son patrañas tan repetidas y tan emotivas que han calado. El principal atractivo de Beddgelert, en el condado de Gwinnedd, es uno de esos cuentos. Al final de un paseo agradable que corre bajo los sauces llorones y el río Glaslyn, se halla la tumba del perro Gelert. La historia cuenta que en el siglo XIII su amo, Lewellyn, lo dejó junto a la cuna de su hijo para que lo cuidara. Al volver, halló que la cuna estaba vacía y al perro con sangre en el hocico. Fuera de sí, Lewellyn desenvainó la espada y la descargó contra el can, que en su gemido de muerte despertó al niño. Había estado durmiendo plácidamente en el suelo junto a un lobo muerto por el perro. Dicen que Llewellyn erigió una tumba en su honor y nunca más volvió a sonreír. “Bienvenidos a Dead Dog City (Ciudad del perro muerto)”, ironizan en la aldea,que no llega a los 500 habitantes y que de una mentira ha sacado una verdad: es un rincón al que, por su paisaje, vale la pena ir.

¿Es el caso de Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch? (Lo que acaban de leer no es una megaerrata ortográfica). No vale la pena ir si hay que aprenderse de memoria el nombre de la aldea y menos si hay que pronunciarlo, pero la localidad con el segundo nombre más largo del mundo es un imán para quienes quieren una foto (horizontal) con el cartel. Hay nombres que se salen del mapa, y este es uno. Llanfair (bendita versión abreviada) destaca por ser un foco comercial. Cerca de allí, en la isla de Anglesey, nació (hace justo 100 años) el Women’s Intitute, una asociación de promoción del papel de la mujer en la sociedad rural que aún continúa su labor. De la isla, a través del puente y de las aguas tranquilas del estrecho de Menai, la ruta prosigue hasta Penrhyndeudraeth, donde se esconde uno de los rincones más desconcertantes de toda Gran Bretaña. Resguardado de los vientos por la ensenada de Traeth Bach se levanta un conjunto de iglesias, villas, jardines y fuentes que parecen sacadas de una localidad costera italiana. Si a ello se le añade que el poblado goza de un clima subtropical, la curiosidad crece. También la vegetación mediterránea. Portmeirion es un experimento que empezó a construirse en 1925 y que tardó exactamente 50 años en acabarse. Su impulsor, sir William Clough-Ellis, quiso desarrollar un complejo turístico respetando el entorno al máximo y buscando un punto pintoresco con un aire a Riviera. Hoy en día es patrimonio protegido que funciona como lugar de visitas y de alojamiento: hasta la torre del campanario es habitable. En realidad en Portmeirion nada es lo que parece, las mareas se ocupan de provocar placenteros espejismos.

Las aguas, siempre las aguas. En la bahía de Conwy vienen y van, dejan los veleros varados y ladeados, y al visitante con ganas de cruzar la bahía seca a pie. La ciudad fortificada, con sus paseos por lo alto de la muralla y con su castillo imponente, es uno de los secretos mejor guardados del Reino Unido y uno de los nuevos destinos gastronómicos del país, con restaurantes, bistrós, bombonerías y mercados ecológicos de primer nivel. En Conwy están la mejor carnicería de toda Gran Bretaña y uno de los mejores artesanos chocolateros del país. La localidad es una caja medieval de sorpresas. Por contraste, su ciudad vecina, Llandudno (pronunciado más o menos como jlandidno), al otro lado de la bahía, es una joya victoriana con un punto decadente donde dar largas caminatas y donde se ubica uno de los mejores pequeños museos-galería de todo el país, el Mostyn, con una programación muy original.

En la vieja ciudad balnearia, el Atlántico se presenta altivo, y verlo es un espectáculo. Uno de sus atractivos es pasear mar adentro sobre el célebre muelle de madera de 700 metros que alberga tiendas, bares, heladerías italianas, puestos de fish and chips y hasta atracciones de feria. Una fiesta de fin de semana que huele a aceite, a algodón de azúcar y a palomitas, a mar reconcentrado y a redes de pescador secas. Al final del muelle hay un rincón donde los padres enseñan a pescar a sus hijos. Casi nadie recoge nada, pero en un paisaje en cinemascope y sonido envolvente como ese, con el viento y el salitre azotando la cara, si los peces no pican tampoco importa.

Jardines, montañas y fortalezas

Mostyn Gallery

Llandudno. 12 Vaughan St. LL30 1AB gales. mostyn.org 

El norte de Gales no destaca por su gran oferta museística, por eso la programación de la galería Mostyn tiene un doble valor. Con sede en el antiguo edificio de Correos de Llandudno, la sala de exposiciones es una de las instituciones que más han indagado en la relación del arte con el correo, las cartas, la filatelia, las postales o los telegramas y cómo estos documentos funcionan como crónica de un tiempo pasado.

 

El laboratorio culinario
La zona delimitada entre Llandudno y la ciudad amurallada de Conwy se ha convertido en la punta de lanza de un nuevo laboratorio culinario. Tiene la mejor carnicería del Reino Unido (Edward’s), una de las mejores bombonerías (Baravelli’s) y restaurantes como Bodysgallen o Dawson’s. 

 

La biblioteca Gladstone

CHURCH LN, HAWARDEN GLADSTONELIBRARY.ORG 

En Hawarden, condado de Flintshire, en la frontera norte con Inglaterra, el antiguo primer ministro William Glastone creó una elegante biblioteca que hoy sirve de núcleo de un complejo en el que se incluye un hotel y un elogiado restaurante llamado Food for Thought. 

 

El imperio Bodnant 

BODNANT GARDEN-nATIONAL TRUST Qtal-y-cfan, ll28 5re 

Los dominios Bodnant son una amalgama de oferta paisajista, de alojamiento y culinaria que no tiene parangón en la isla. A los jardines históricos, y protegidos, se les une la reciente apertura del Food Centre, un complejo que combina supermercado biológico, bodegas de vino, escuela de cocina, bar de cervezas, quesería propia y un largo etcétera.

 

Castillo de Caernarphon

Una de las grandes postales del norte de Gales es el castillo de Caernarfon con sus murallas al pie del Atlántico. Esta fortaleza, y la de Conwy y la de Harlech, explican la pugna histórica de Inglaterra sobre Gales, que logró ser independiente en un breve periodo al inicio del siglo XV (1400-1404), aunque no fue anexionada a Inglaterra hasta mediados del siglo XVI. Caernarfon, muy bien conservado, es un castillo que nunca llegó a completarse que domina una ciudad de donde fue diputado el a posteriori primer ministro David Lloyd George.

 

Betws-Y-Coed
El parque nacional de Snowdonia es uno de los grandes atractivos del norte de Gales. Algunas de la excursiones parten de Betws-y-Coed (que en galés significa el ángel en los bosques), donde confluyen tres ríos.