El invierno también tiene su playa

Temperaturas suaves, paisaje volcánico y calas desiertas son la mejor invitación para disfrutar de las playas del archipiélago canario, tanto en verano como en invierno. La playa del Papagayo es considerada el embrujo en Lanzarote, la del Charco Azul es única porque acoge una piscina natural y las dunas de Maspalomas que rompen en el horizonte son sencillamente espectaculares. Pero hay muchas más playas, además de las canarias, que pueden resultar atractivas en los meses fríos... Está claro que no hace falta ser surfero para disfrutar de la serena belleza que ofrecen las playas que recorren toda la costa española en los meses fríos. A lo largo del extenso litoral de más de 7.800 kilómetros que suman Península y archipiélagos, hay una larga lista de calas que merecen ser exploradas y redescubiertas en invierno. Unas ofrecen largos y tranquilos paseos, otras invitan al recogimiento y al descanso y todas proporcionan una visión insólita y muy distinta a la de sus bulliciosos veranos.

SES ILLETES. Formentera. Una de las playas más frecuentadas de Formentera en la época estival, que en invierno se convierte en un largo y desértico paseo sereno. A partir de septiembre cierran los hoteles de la pequeña isla, con excepción de tres (dos en La Savina y uno en Sant Francesc, donde también se puede encontrar alguna pensión y casa de huéspedes), y sólo permanecen abiertos una decena de restaurantes y los chiringuitos de playa.

PLAYA DEL AGUILAR. Asturias. Merece la pena coger el camino que hay en la estación de Muros de Nalón que pasa por El Villar y llega hasta esta amplia y bella playa después de haber recorrido cuatro kilómetros a través de pinos y eucaliptos. O tomar el sendero que sale desde la playa de Aguilar hasta San Esteban de Pravia (municipio del Concejo de Muros), que recorre todas las playas de Muros pasando por la ermita del Espíritu Santo.

PLAYA DO ROSTRO. Galicia. Con dos kilómetros de recorrido, es una de las playas más impresionantes de la costa de Finisterre. Mar abierto, dunas recortadas y una abundante vegetación ofrecen un bello espectáculo, aunque conviene ser precavido y aplazar los paseos en los días de temporal.

PLAYA DE LOS MUERTOS. Almería. De difícil acceso, y desaconsejada para el baño en invierno, es especialmente bella en esta época. Totalmente recta a lo largo de más de un kilómetro de longitud, presenta el agua más azul y cristalina de la zona y un lugar para pasear tranquilamente cuando el tiempo acompaña.

CALA CORTINA. Cartagena. Bella y breve (son 250 metros escasos), es una de las calas más bellas de Cartagena y es de las que resulta aconsejable visitar en invierno para admirarla sin sus habituales aglomeraciones. Se trata de una caleta de arena gruesa artificial y aguas calmadas.

PLAYA PAPAGAYO. Lanzarote. En el extremo sur de la isla, es la más apreciada por los locales por sus siete kilómetros de calas entre rocas y peñascos. De arena dorada, en contraste con el turquesa imponente de sus aguas, Papagayo es la joya de la corona de los casi dos kilómetros de calitas que salpican la zona con otros nombres igual de contundentes como playa Mujeres, El Pozo, Caleta del Congrio o Puerto Muelas. Queda muy cerca del núcleo turístico de Playa Blanca.

EL GOLFET. Girona El pequeño pueblo de pescadores de la Costa Brava que es Calella de Palafrugell ofrece playas peculiares, de roca y arena gruesa pero de agua cristalina. Merece la pena la visita en invierno para disfrutar de la tranquilidad de estas playas (siempre bulliciosas en verano), en las que la vegetación mediterránea cubre una de las costas mas bonitas del litoral. Se aconseja un paseo por el camino de ronda hasta Llafranc y Tamariu, los siguientes pueblos costeros, que ofrece una relajada y bella panorámica.

DUNAS DE OLIVA. Valencia. Diez kilómetros dunares conforman la espectacular cornisa de Oliva en Valencia. Un lugar perfecto para recorrer fuera de temporada por la larga lengua de arena que parece que no termina nunca y que va desde Gandia hasta Dénia.