Normandía, playa memoria

Los 100 km de costa del departamento de Calvados albergan un sinfín de escenarios, museos, memoriales, cementerios y monumentos relacionados con el desembarco de Normandía, del que el 6 de junio se conmemoran los 75 años.

Contemplando a los plácidos paseantes y buscadores de moluscos (todavía no hay bañistas) que deambulan por el inmenso arenal que ha descubierto la marea baja, cuesta imaginarse lo que pasó aquí hace 75 años. A las 6 de la mañana del 6 de junio de 1944, la flota más grande de la historia –6.900 barcos protegidos por 11.500 aviones– lanzó por sorpresa sobre cinco playas normandas –bautizadas en clave como Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword– a 156.000 soldados estadounidenses, británicos, canadienses, franceses y de otras nacionalidades contra las debilitadas, aunque todavía letales, defensas alemanas de la muralla del Atlántico. Era el golpe de gracia para una Alemania nazi que llevaba ya varios inviernos desangrándose en las estepas soviéticas.

El cementerio más sobrecogedor de la zona es el alemán de La Cambe, con 21.400 cuerpos. Aquí los visitantes son escasos y no hay mensajes, flores ni banderas

En esta playa, Omaha, de 8 kilómetros de longitud y hasta 300 metros de anchura cuando se retiran las aguas, se produjeron la mayor parte de las víctimas en combate de aquella jornada, en la que en total cayeron unos 2.500 atacantes (algunos historiadores dicen que 4.000). La posterior batalla de Normandía, que se prolongó durante 80 días hasta que los aliados lograron salir del bocage normando (un laberinto de pequeñas granjas separadas por setos vivos y filas de arboles) se cobraría muchos muertos más.

Buena parte de ellos reposan hoy sobre los acantilados que dominan la playa, en el cementerio norteamericano de Colleville-sur-Mer, donde 9.387 cruces y estrellas de David de mármol se alinean sobre 70 hectáreas de césped cortado con precisión quirúrgica por pequeños tractores mientras suenan marchas militares. Hay 307 soldados sin identificar, sólo cuatro mujeres y un único fallecido en la Primera Guerra Mundial, enterrado junto a un general desembarcado aquí: eran hijos del expresidente Theodore Roosevelt, y de ahí el privilegio. Todos los inquilinos de la Casa Blanca acaban peregrinando a Colleville al menos una vez durante su mandato, como lo hacen cada año 1,3 millones de visitantes.

Pero el más sobrecogedor de los 30 cementerios militares de la zona es el alemán de La Cambe. Alberga 21.400 cuerpos recuperados por toda Normandía. Aquí los visitantes son escasos y no hay flores, banderas ni mensajes sobre las tumbas. Grupos aislados de cinco cruces de basalto rompen la monotonía de un mar de placas con nombres y fechas. El 80% de los que aquí yacen no llegaron a los 20 años.

Se desconoce la cifra exacta de bajas germanas durante el desembarco. Se estima que fueron entre 4.000 y 9.000 muertos y heridos. Y no sólo cayeron militares: los bombardeos aliados acabaron aquella jornada con 3.000 de los civiles a los que iban a liberar (el doble de muertos que los estadounidenses). Y la cifra también se dispararía en las siguientes semanas durante el lento avance hacia el interior, camino de París.

Buena parte del éxito de la operación Overlord se debió al espía barcelonés Joan Pujol, alias Garbo, quien, tras convencer a Berlín de que tenía una red de 27 informadores en el Reino Unido –absolutamente ficticia–, transmitió informaciones falsas (con algunos toques verdaderos) preparadas por la inteligencia británica que apuntaban a un desembarco más al norte, en Calais. Acabaría siendo uno de los pocos personajes de la Segunda Guerra Mundial condecorado ¡por ambos bandos!

La costa del departamento de Calvados –nombre que una leyenda vincula con un naufragio de la Armada Invencible, y es también el de un aguardiente típico destilado de la sidra– recuerda a cada paso la jornada que el escritor Cornelius Ryan bautizaría como El día más largo, un libro que sería llevado al cine por la mayor superproducción de la historia, que reunió a todas las estrellas del Hollywood de los sesenta: John Wayne, Henry Fonda, Richard Burton, Robert Mitchum, Mel Ferrer.... Se llegó a ofrecer a Eisenhower, comandante supremo del día D, hacer de sí mismo, Richard Todd dirige en el filme el ataque a un puente que vivió en persona. También Sean Connery –que tiene un papel menor– desembarcó en Sword en 1944.

Casi todo el mundo en la zona conserva piezas de los millones de toneladas de chatarra bélica hallada durante décadas 

Decenas de museos y memoriales e innumerables monumentos se suceden en ciudades y aldeas de piedra blanca rodeadas de cultivos y prados que llegan hasta el mar. La mayoría fueron arrasadas aquel verano. En Caen, la capital provincial, no quedó piedra sobre piedra. Sólo la excepcional abadía de los Hombres del siglo XI fue respetada gracias a las cruces rojas colocadas en sus tejados, bajo los que se refugiaron miles de personas. Mucha más suerte tuvo la hermosa Bayeux, que salió prácticamente indemne, y con ella su impresionante tapiz coetáneo de la abadía, de 60 metros de largo (y está incompleto), que narra la invasión de Inglaterra desde estas costas por Guillermo el Conquistador.

Viejos tanques y cañones descansan en plazas, parques y rotondas, y por el litoral asoman entre la hierba los caparazones de hormigón de las fortificaciones alemanas. Baterías, búnkers y trincheras, unidos por intrincados laberintos subterráneos, muestran las cicatrices del último y desigual enfrentamiento –ahora lejos del desierto norteafricano– entre el mariscal alemán Rommel y el británico Montgomery (cuyo apellido es de origen normando). La limpieza de millones de toneladas de chatarra bélica duraría décadas y casi todo el mundo conserva aquí alguna reliquia, perseguidas por los coleccionistas.

Frente a Arromanches-les-Bains, la marea baja deja a la vista los restos del puerto Mulberry, un prodigio de la ingeniería ideado por los aliados para alimentar la invasión una vez tomadas las playas, formado por 17 barcos hundidos a propósito y 115 gigantescos bloques de hormigón arrastrados por mar desde Gran Bretaña. Sus 8 kilómetros de diques delimitaron un puerto de 500 hectáreas

Normandía ha convertido la batalla que la devastó hace 75 años en fuente de riqueza. El día D atrae a un tercio de las personas que viajan a una de las regiones más turísticas de Francia. Los escenarios del desembarco reciben más de 4 millones de visitantes anuales. El sector aporta a Calvados 1.000 millones de € al año y 15.000 empleos. Por todas partes asoman agencias de excursiones –incluso en jeeps de la época–, hoteles temáticos y tiendas de modelismo y efectos militares.

En junio se suceden las conmemoraciones y los pueblos se llenan de banderas británicas, estadounidenses y canadienses. Cada localidad celebra el aniversario de su liberación con desfiles, recreaciones históricas y bailes al ritmo de Glenn Miller. No pocos veteranos residen todo o parte del año en la zona (los británicos compran una de cada diez casas). Otros regresan en junio para ser homenajeados y visitar las tumbas de sus compañeros.

Este año, además de una nueva ceremonia con decenas de jefes de Estado y Gobierno (si esta vez dijo la verdad, Donald Trump confirmó su presencia) habrá, entre otros muchos actos, grandes exhibiciones aéreas y navales, fuegos artificiales, el lanzamiento de mil paracaidistas, un picnic gigante en Omaha, un festival de cine, la recreación de un campamento norteamericano con piezas aportadas por 250 coleccionistas y un homenaje a los soldados comanches. 

Guía práctica

Cómo llegar
La capital del departamento, Caen, tiene aeropuerto internacional. Desde París -230 km-, se puede llegar en tren o por la autopista A-13, que sigue el valle del Sena. El área del desembarco se extiende a lo largo de unos cien kilómetros de costa.

Dónde dormir: 
• La Ferme de la Rançonnière. Route d’Arromanches. Crépon. Tel.: + 33 2 31 22 21 73. 
www.ranconniere.fr 
Típica granja normanda. Durante la guerra acogió un aeródromo. 
• Le Clos Saint-Martin. 18 bis, place Saint-Martin. Caen. 
Tel.: +33 2 31 50 08 71. 
www.leclossaintmartin.com
En la fachada todavía hay impactos de bala.

Dónde comer 
• Le Dauphin. 29, rue Gémare. Caen. Tel.: +33 2 31 86 22 26. 
• Le Lion d’Or. 71, rue Saint-Jean. Bayeux. Tel.: + 33 2 31 92 06 90. 
• L’Écailler. 2, rue de Bayeux. Port-en-Bessin. 
Tel.: +33 2 31 22 92 16. Vistas al puerto artificial del día D