Viaje por el mundo de 'Juego de Tronos'

La serie televisiva 'Juego de Tronos' se ha rodado en numerosos parajes naturales, sobre todo de Irlanda del Norte y Croacia, pero también de otros países, que con el enorme éxito de la serie han visto aumentar su atractivo turístico.

Las primeras imágenes de la aclamada serie de televisión Juego de Tronos atrapan al espectador sin remedio: tres miembros de la Guardia de la Noche salen de patrulla más allá del Muro, el gigantesco baluarte que protege los Siete Reinos del mundo salvaje que queda más al norte. Al poco, en el bosque, sobre la nieve, encontrarán los restos mutilados de los habitantes de una aldea. En la maleza acechan Los Otros, los white walkers o muertos vivientes, que se creían desaparecidos. Se acerca el invierno, como reza el blasón de la casa de los Stark. Aunque en realidad, es un invierno menos crudo que el de la ficción: el lugar donde se rodó esta secuencia es un calvero entre los robles y cedros centenarios de Tollymore, un bosque diseñado en el siglo XVIII por el paisajista Thomas Wright of Durham según el capricho de lord Clanbrassil. Está en Irlanda del Norte, cerca de Belfast, donde no falta la lluvia pero escasea la nieve, por lo que los encargados de efectos especiales la recrearon de forma artificial. Nieve ficticia para una historia ficticia.

La reina de Inglaterra visitó el estudio en Irlanda, pero evitó sentarse en el Trono de Hierro, lo que aprovecharon los creadores de la serie en su favor: dijeron que la ley le prohíbe sentarse en un trono extranjero

La tierra de fantasía imaginada por el escritor George R.R. Martin necesita escenarios naturales, al igual que actores, para ser filmada en la producción de la cadena HBO. El tremendo éxito de la primera temporada llevó a la productora a incrementar el ­presupuesto, y el rodaje se ha ido extendido por diversos países.

Para algunas escenas ambientadas más allá del Muro, en la segunda temporada, se viajó al parque nacional Skaftafell de Islandia, que acoge el mayor glaciar de Europa, el Vatnajökull. Para la quinta temporada, los Reales Alcázares de Sevilla encarnan Dorne –uno de los reinos que aún no habían asomado a la pantalla–. Pero hay dos países que ganan a todos, quizá porque fueron los primeros en aparecer en la ficción: Irlanda y Croacia.

En Irlanda, Juego de Tronos no sólo es un fenómeno de masas capaz de agotar en dos horas los 11.000 tickets de acceso a la exposición sobre la serie que  se vio en Belfast el año pasado. Juego de Tronos ha sido y es un revulsivo económico para un país que hace pocos años se conocía únicamente por el conflicto armado con Inglaterra. El rodaje ha dejado un beneficio directo de 100 millones de euros y más de 6.000 puestos de trabajo a tiempo completo o parcial.

En la capital, al lado del museo dedicado al Titanic y de los muelles de donde salió el coloso de los mares para chocar con un iceberg, se encuentran los estudios donde se ruedan muchos de los interiores de la serie. Donde antes había tinglados y atarazanas, ahora se alzan viviendas de precio elevado cercanas al Paint Hall, el mayor estudio de filmación del mundo.

En su interior se guardan decorados como el Gran Salón de la Fortaleza Roja, con el Trono de Hierro. La reina Isabel II, que visitó el set el año pasado, no se llegó a sentar en él para que la fotografiaran. Según David Benioff y Dan Weiss, creadores de la serie, la monarca evitó hacerlo porque la ley le prohíbe tomar asiento en un trono extranjero o se podría interpretar que incluso ella aspiraba a gobernar sobre la tierra ficticia de Poniente… En los estudios también se encuentran el Septo de Baelor, centro de plegaria de los Siete, y la Puerta de la Luna del Nido de Águilas, por la que Meñique lanza al vacío a su esposa ante la aterrorizada Sansa Stark.

Fuera de la capital, en el bosque de Tollymore, junto a un idílico puente de piedra que salva un riachuelo, Eddard Stark encuentra una camada de lobos huargo junto a un ciervo muerto. Ellos acompañarán las andanzas de sus hijos Jon, Bran y Arya, en especial. En días normales, por allí sólo pasan excursionistas o aficionados a las bicicletas todoterreno.

Cerca, en el condado de Down, se encuentra Castle Ward, fortaleza que toma el nombre de Invernalia en la pantalla. Una empresa gestiona las actividades relacionadas con Juego de Tronos: como practicar el tiro con arco en el lugar donde Jon enseña a Bran o ir en bicicleta hasta la torre de Audley o la abadía de Inch, alrededor de las que acampan las tropas de Robb Stark, el hijo mayor de la familia, cuando va a la guerra para vengar la muerte del padre.

Enfrente, un inmenso loch o lago de agua de mar que respira con las mareas separa la torre del pueblo de Portaferry. En una vereda sombreada junto al agua, las ramas curvadas de un árbol sirven para colgar tres cadáveres bajo los cuales Brienne de Tarth pasa a cuchillo a varios soldados que pretenden arrebatarle a Jamie Lannister, apresado en la batalla de Aguasdulces. Un recorrido para auténticos fans, de aquellos que no se pierden en medio del marasmo de personajes y tramas.

Al norte de Belfast, la lista de reinos de la ficción se multiplica. Tierras que en teoría distan miles de kilómetros se encuentran muy cercanas en la realidad. En los verdes glens o valles de Antrim (“libres de estrés” según la denominación oficial), Eddark decapita a un desertor de la Guardia de la Noche. Los reyes de Inglaterra donaron estos valles a colonos escoceses para desequilibrar la mayoría irlandesa católica de la zona. Ya en la costa, en el pueblito de Glenarm, de calles angostas, se encuentra el obrador de Steensons, joyero que realiza coronas, alfileres de capa y collares para Juego de Tronos. Y al lado del pueblo de Cushendun, hay una cueva de belleza salvaje en la que Melisandre da a luz al “hijo de las sombras” que asesina a Renly Baratheon.

Siguiendo la antigua ruta migratoria del salmón atlántico, el puerto de Ballintoy es Puerto Noble en la serie. Allí se reencuentra Theon Greyjoy con su hermana sin saberlo, cuando regresa con su padre a las Islas del Hierro, el mismo que lo abandonará cuando Theon tome Invernalia, con desastrosas consecuencias. Y aún quedan por ver los acantilados de piedra caliza de Larrybane, donde tiene su campamento Renly, o los Dark Hedges de Ballymoney, escenario por el que escapa Arya Stark de Desembarco del Rey disfrazada de chico. Este curioso camino bordeado de abedules que forman un túnel con sus ramas es el lugar donde se aparece un espectro al anochecer, según cuentan los irlandeses.

Croacia no representa en la serie tanta diversidad de reinos, si bien la ciudad de Dubrovnik encarna Desembarco del Rey. Como en la ficción, esta bella ciudad dálmata aprovechó su situación estratégica para hacer fortuna con el comercio marino. Otomanos, eslavos y vénetos dejaron aquí sus huellas. Parece que los equipos de rodaje han sido respetuosos con sus muros. En cambio, las autoridades de Malta se quejaron de desperfectos durante la filmación del episodio piloto, por lo que el equipo se trasladó a Croacia, incrementando todavía más su tirón turístico.

El puerto antiguo de Du­brov­nik, algunas de sus calles y sus murallas son identificables en la serie, pero tienen un papel más destacado los fuertes de Bokar y Lovrijenac, que quedan algo más allá de la fuente de Onofrio y la puerta de Pile. Ambas fortalezas defendían el otro puerto de la ciudad, el de Kalarinja, por lo que parece lógico que en la serie se haya convertido en la Fortaleza Roja. La bahía que hay a sus pies fue el escenario de la batalla de Aguasnegras. En la vida real, es el relajante panorama que se contempla desde un romántico restaurante.

Como Desembarco del Rey en la ficción, Dubrovnik aprovechó su situación estratégica para hacer fortuna en el comercio, y en la ciudad dejaron huellas numerosos pueblos

Pero las fortificaciones de Dubrovnik y Lovrijenac no eran suficientes para los productores, así que el pueblecito de Ston también ha tenido su momento de gloria. Está a pocos kilómetros, en la península de Sabbioncello, y es famoso por sus playas solitarias y su producción de sal y ostras. Por encima de la población serpentea a lo largo de 5,5 kilómetros una muralla que recuerda la de China, necesaria para proteger las salinas en la edad media. Más al norte, siguiendo la línea de la costa, Split, cuyo centro histórico ocupa en su casi totalidad el inmenso palacio del emperador romano Diocleciano, ha servido para rodar escenas supuestamente de Desembarco del Rey.

Por el camino, Sibenik es el enclave que en la quinta temporada sirve para ambientar Braavos, la ciudad de la que era el profesor de esgrima de Arya Stark y donde acudirá la pequeña en busca de refugio tras huir de Poniente. Sibenik está presidida por el castillo de San Miguel y cuenta con una catedral gótico-renacentista dedicada a san Jaime. Patrimonio de la humanidad, es el escenario de la boda de la nueva temporada. Además, esta ciudad es la base ideal para acercarse al parque nacional de Krka, famoso por sus espectaculares cascadas, como la Skradinski Buk, que aparecen en Juego de Tronos.

En Croacia están también las ciudades libres donde vive sus aventuras Daenerys, Madre de Dragones. Una cantera cercana a Split es donde la khaleesi lanza un discurso inspirador a los Inmaculados, los esclavos que libera. Y en Dubrovnik, la torre Minceta es la Casa de los Eternos, donde entra, enfrentándose a la brujería, para recuperar a sus dragones.

Qarth, donde se alza la torre en el serial, se halla en realidad en una isla verde y deshabitada, visible desde el puerto antiguo de la ciudad dálmata. Es Lokrum, donde, según la tradición, naufragó Ricardo Corazón de León al volver de las cruzadas. Agradecido por haber sobrevivido, donó dinero para erigir la catedral. De nuevo, la realidad parece querer superar a la ficción.

Con estos escenarios espectaculares, giros de guión inesperados y personajes complejos, es natural que Juego de Tronos levante tantas pasiones. Pero mejor no encariñarse con los personajes, porque, como recuerdan a menudo, “valar morghulis”, todos los hombres deben morir.

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