23/10/2011
Carroñeros ibéricos
Texto de Andoni Canela
Tienen muy mala fama en el imaginario popular, pero los buitres cumplen una función positiva en la naturaleza. En España, la pervivencia del buitre negro, especialmente, está en una situación delicada, aunque, junto al leonado, puede observarse en algunos de sus hábitats

Un buitre leonado se lanza sobre un grupo de aves de esta especie, que se está comiendo una vaca muerta en el entorno del parque nacional de Cabañeros
A cientos de metros de distancia de la superficie del suelo, se percibe el vuelo majestuoso de un buitre negro. Aprovecha las corrientes térmicas para desplazarse sin demasiado esfuerzo. El aire caliente asciende y crea ascensores y autopistas dentro de la atmósfera que permiten que rapaces de gran tamaño como esta puedan recorrer muchos kilómetros con un gasto de energía mínimo.
Mientras, el buitre, haciendo uso de su excepcional visión, inspecciona desde su privilegiada atalaya una dehesa de encinas y alcornoques en busca de animales muertos.
Es la imagen de un hábitat totalmente mediterráneo, en el parque nacional de Cabañeros, en Castilla-La Mancha, donde ciervos, gamos, jabalíes, vacas y ovejas suelen pastar en los herbazales. Tarde o temprano, el buitre explorador, o prospector, acabará divisando algún cadáver de uno de esos rumiantes. Y, desde la distancia del observador, surge la gran pregunta: ¿cómo logra el carroñero localizar el animal fallecido?
Lo cierto es que, la mayoría de las veces, cuando un buitre negro –y también el leonado– descubre un cadáver desde el cielo, lo hace con ayuda externa. A menudo, son las urracas o algún cuervo madrugador los que hacen de chivatos. Ellos suelen llegar antes a la carroña y empiezan a devorar las partes blandas del cuerpo sin vida, como los ojos o la lengua. Cuando el buitre se percata de ello, desciende de cota, una señal que sus congéneres interpretan como una invitación a un banquete.
En poco rato, cientos de buitres, negros y leonados, aparecerán volando sobre ese punto, aunque, a veces, puede que se tomen su tiempo para lanzarse sobre la comida. Quizás la ataquen ese mismo día, durante la mañana o por la tarde. O puede ser que esperen al día siguiente. Pero una vez se decidan, serán los buitres negros los que organicen el festín. Ellos comerán primero, devorando las partes más duras del animal e ingiriendo tanta carne como les sea posible. Mantendrán a raya y a distancia a los buitres leonados, que son más pequeños y débiles. Una condición que hará que tengan que conformarse con las vísceras, las costillas y la carne que queda pegada a los huesos.
Mientras, el buitre, haciendo uso de su excepcional visión, inspecciona desde su privilegiada atalaya una dehesa de encinas y alcornoques en busca de animales muertos.
Es la imagen de un hábitat totalmente mediterráneo, en el parque nacional de Cabañeros, en Castilla-La Mancha, donde ciervos, gamos, jabalíes, vacas y ovejas suelen pastar en los herbazales. Tarde o temprano, el buitre explorador, o prospector, acabará divisando algún cadáver de uno de esos rumiantes. Y, desde la distancia del observador, surge la gran pregunta: ¿cómo logra el carroñero localizar el animal fallecido?
Lo cierto es que, la mayoría de las veces, cuando un buitre negro –y también el leonado– descubre un cadáver desde el cielo, lo hace con ayuda externa. A menudo, son las urracas o algún cuervo madrugador los que hacen de chivatos. Ellos suelen llegar antes a la carroña y empiezan a devorar las partes blandas del cuerpo sin vida, como los ojos o la lengua. Cuando el buitre se percata de ello, desciende de cota, una señal que sus congéneres interpretan como una invitación a un banquete.
En poco rato, cientos de buitres, negros y leonados, aparecerán volando sobre ese punto, aunque, a veces, puede que se tomen su tiempo para lanzarse sobre la comida. Quizás la ataquen ese mismo día, durante la mañana o por la tarde. O puede ser que esperen al día siguiente. Pero una vez se decidan, serán los buitres negros los que organicen el festín. Ellos comerán primero, devorando las partes más duras del animal e ingiriendo tanta carne como les sea posible. Mantendrán a raya y a distancia a los buitres leonados, que son más pequeños y débiles. Una condición que hará que tengan que conformarse con las vísceras, las costillas y la carne que queda pegada a los huesos.

Un gran buitre negro, en plena acción, come de una cabeza de una cierva, ya medio devorada, en Sierra Morena
Presenciar una carroñada en directo es realmente sorprendente. El cadáver de un animal tan grande como una vaca, que ronda los doscientos kilos, desaparece dejando a la vista los huesos en menos de treinta minutos. El ejército de buitres actúa impecable: utilizan sus picos como si fueran machetes, desgarran la carne y la ingieren a un ritmo pantagruélico. De hecho, los buitres más glotones llenan el buche de tal forma que, después de la comida, apenas pueden levantar el vuelo. A menudo, se quedan dormidos junto a los huesos del animal que han despedazado.
Esa visión de los buitres devorando un animal muerto, alimentándose de una comida que el destino ha puesto a su alcance sin hacer ningún esfuerzo, ha hecho que el lenguaje popular asocie esta ave con un comportamiento ruin, con alguien que se aprovecha de otro caído en desgracia. Pero, en realidad, los buitres, rapaces que reciben el nombre de carroñeras o necrófagas por sus hábitos alimenticios, limpian el monte de cadáveres y realizan una acción muy beneficiosa para la salud de los hombres y de los animales. En algunos momentos de la historia, por ejemplo dentro de la cultura celtíbera, incluso era considerado un honor que estos animales despojaran de carne los cadáveres de los guerreros caídos en combate como una forma de abandonar más rápido el mundo terrenal.
Pero, a mediados del siglo pasado, cuando la maquinaria agrícola fue sustituyendo los animales de tiro y transporte en el campo, la población de buitres se vio terriblemente afectada; había menos cadáveres de los que alimentarse. Unos años después, en los años setenta, Félix Rodríguez de la Fuente, consciente de este problema, impulsó con Adena la creación del Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega, en Segovia, que tenía como objetivo proteger a aves rapaces que, como el buitre leonado, estaban bajo mínimos.
Esa visión de los buitres devorando un animal muerto, alimentándose de una comida que el destino ha puesto a su alcance sin hacer ningún esfuerzo, ha hecho que el lenguaje popular asocie esta ave con un comportamiento ruin, con alguien que se aprovecha de otro caído en desgracia. Pero, en realidad, los buitres, rapaces que reciben el nombre de carroñeras o necrófagas por sus hábitos alimenticios, limpian el monte de cadáveres y realizan una acción muy beneficiosa para la salud de los hombres y de los animales. En algunos momentos de la historia, por ejemplo dentro de la cultura celtíbera, incluso era considerado un honor que estos animales despojaran de carne los cadáveres de los guerreros caídos en combate como una forma de abandonar más rápido el mundo terrenal.
Pero, a mediados del siglo pasado, cuando la maquinaria agrícola fue sustituyendo los animales de tiro y transporte en el campo, la población de buitres se vio terriblemente afectada; había menos cadáveres de los que alimentarse. Unos años después, en los años setenta, Félix Rodríguez de la Fuente, consciente de este problema, impulsó con Adena la creación del Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega, en Segovia, que tenía como objetivo proteger a aves rapaces que, como el buitre leonado, estaban bajo mínimos.

Un buitre negro amedranta a dos leonados para impedirles que coman de la carroña. Aunque ambas especies son parientes, las diferencias son visibles, sobre todo en el color del plumaje. El buitre negro suele tener un tamaño mayor e imponerse al leonado, obligándole a comer de la carroña una vez él está harto.
de: Pepe Lagarto de Pinarejo. | 16/09/2012
Vivimos en una época del mundo que es in-humana, cruel, fría y en donde esto nobles animales no hacen más que cumplir con su obligación, ya me gustaría a mi que los politicos fuesen igual de rapidos y eficaces en sus cometidos y labores.
Este mundo in-humano y cruel esta gobernado por cuatro descerebrados con más hambre que vergüenza.







