Vestigio del génesis en Andalucía
Camaleón
La construcción indiscriminada en las zonas que son su hábitat natural es una de las principales causas, aunque no la única, de que el camaleón sea una especie en riesgo de desaparición. En la provincia de Cádiz se ha elaborado un plan, aceptado ya por varios ayuntamientos, para urbanizar teniendo en cuenta las condiciones que faciliten la supervivencia de este reptil.
Ver el reportaje multimedia

Camaleón al acecho
A quien tenga la suerte, cada vez más esquiva, de toparse con un camaleón común (“Chamaeleo chamaleon”) en la costa andaluza, lo más probable es que le maraville el aspecto antediluviano, la coloración cambiante y la irreductible parsimonia de este reptil tan poco conocido de la fauna ibérica. Su nombre viene del griego chamailéon, que significa textualmente “león que va por el suelo”. Denominación irónica, dado que este saurio es arborícola y de león tiene poco, salvo la agresividad que gastan los machos en celo, o quizá la voluminosa forma de su cabeza, que podría recordar la testa del rey de la selva.
Los camaleones son insectívoros (comen moscas, mosquitos, avispas, arañas, mariposas y saltamontes) y cifran su éxito en la quietud, en un extraordinario camuflaje y en el disparo de su lengua, larga y pegajosa. En plena canícula, a más de 30º C, moscas y otros insectos tienen los reflejos a flor de piel, su reacción ante cualquier movimiento es vertiginosa, pero el camaleón caza con una gran destreza. Su presa recibe el impacto de la lengua en un abrir y cerrar de ojos desde una distancia de unos veinte centímetros, y no pasa más que una pequeña fracción de segundo entre la intención y la captura. Aunque donde las dan las toman, y ellos son, a su vez, víctimas de predadores como cernícalos, serpientes e incluso ratas. Los gatos, aunque no los suelan comer, pueden herirlos o matarlos, por lo que se considera que son un importante factor de riesgo, dada la situación en que se halla la especie. De hecho, el hábitat del camaleón se encuentra, en muchas ocasiones, en ambientes transformados o antrópicos, como huertos o jardines. Como el del Real Instituto y Observatorio de la Armada en San Fernando (Cádiz), donde la asociación Murex, asesorada por el especialista del zoo botánico de Jerez, Mariano Cuadrado, está realizando un estudio, mediante radioseguimiento y marcaje de individuos.
En la isla de San Fernando hay otros puntos donde subsisten pequeñas poblaciones; en algunos casos se trata de espacios de futuro incierto. Precisamente, lo que le pasa al camaleón de la isla es el epítome de lo que le ocurre a la especie en toda Andalucía. El animal, además de en jardines y huertos, encuentra en pinares, enebrales, retamares costeros, su hábitat idóneo. Con esos ojos que se mueven cada uno por su lado, escruta con atención lo que le rodea, aunque de poco le sirva esa habilidad con lo que de continuo se le viene encima: la urbanización desvergonzada del litoral, sin duda su mayor amenaza. A pesar de todo, Mariano Cuadrado aventura que su conservación es posible y compatible con cierto tipo de crecimiento urbanístico.
La consultoría Ornitour, con el concurso de Cuadrado, ha elaborado un Plan de Conservación del Camaleón en la Provincia de Cádiz cuya finalidad es proponer a los ayuntamientos una serie de directrices sobre cómo estructurar el espacio por urbanizar de la forma más adecuada y qué características constructivas no imposibilitan la presencia de este reptil. Por ejemplo, los camaleones rehuyen el césped, por lo que se recomienda jardines con substratos arenosos; asimismo se sugiere la instalación de enredaderas y setos para la separación entre fincas, y no muros de cemento o ladrillo. Éstas, entre otras medidas, como la creación de corredores biológicos que predispongan al contacto entre poblaciones ahora aisladas, facilitarían la acomodación de la especie en un determinado tipo de tejido urbano. De momento son siete los consistorios gaditanos que se han implicado en hacer realidad, en lo tocante a los camaleones, la tan cacareada entelequia del desarrollo sostenible.

Paisaje para camaleones
Entre la fronda del jardín del observatorio, Luis Balladares, biólogo de Murex, localiza con el receptor de radio a uno de los saurios equipados con emisor. Es una hembra,”todavía no grávida, pues no presenta la bella librea característica de ese estado, negra con manchas amarillas y azuladas”, explica. Su coloración verdosa con líneas blancas discontinuas la camufla, la borra literalmente de la planta a la que está asida, un don Diego de día (“Ipomoea hirsuta”), una planta exótica. “Los camaleones son exigentes en lo referente a la estructura de la cubierta vegetal", puntualiza Mariano Cuadrado, pues "escogen lugares con una buena densidad de vegetación, por encima de un metro de altura, y matorrales o arbustos antes que árboles”. De pronto, por el flanco derecho de la hembra, aparece pavoneándose un pequeño macho, con el colorido de la librea de celo, verde intenso con manchas negras difusas. Hinchando sus pulmones, quiere aparentar ser más grande. Cerca, otro macho, de mayor tamaño, se percata del intruso y del colorido que exhibe, una diáfana declaración de intenciones, y acude a su encuentro, con el ánimo de no permitir que le roben la novia. Frente a frente, como en un duelo, esperan y, de pronto, se enzarzan en una pelea a mordiscos.
La escena dura lo suficiente para que el pequeño macho admita su inferioridad, se descuelgue de la rama y caiga derrotado al suelo. Su nuevo color, marrón oscuro, es fiel reflejo de su nuevo estado de ánimo.
Una vez expulsado el contrincante, el macho vencedor continuará persiguiendo y rondando a la hembra hasta consumar la cópula. Aunque puede suceder que ella lo acabe rechazando en favor de otro macho. Las cópulas suceden entre agosto y septiembre, y las puestas, de 34 a 40 días después. La hembra deposita entre cuatro y cuarenta huevos blancos en una galería practicada en el suelo, cuya profundidad e inclinación dependerá del tipo de substrato. Al cabo de diez o doce meses, nacerán las crías, no mucho mayores que la yema del dedo pulgar, pero reproducción exacta en miniatura de sus mayores, sin cuya ayuda, por cierto, deberán buscar el sustento desde el primer día.
Realizado el recuento, en esta ocasión unos once animales entre machos y hembras, los miembros de Murex dan por finalizada la sesión con el convencimiento de que los camaleones están seguros en el recinto castrense y de que seguirán con sus rituales nupciales, como desde tiempo inmemorial han hecho en éste y en otros rincones de las provincias de Cádiz y Málaga. La especie ha sido introducida en el resto de su área de distribución ibérica. Autóctono o foráneo, el camaleón no deja de ser un lujo faunístico que sería imperdonable perder y más aún si es por la avaricia constructora de quienes sólo ven el mundo a través del agujero de los ladrillos.













