30/04/2006

Imágenes en su último refugio

Osos en su último paraiso ibérico

Texto: Marc Alonso y Andoni Canela
Fotos: Andoni Canela

El nacimiento de treinta crías de oso pardo en el último año significa el récord de
reproducción en esta especie amenazada en las últimas tres décadas. La recuperación ha permitido conseguir imágenes de algunos ejemplares y sus crías en su hábitat natural de los montes de Asturias y otras zonas de la cordillera Cantábrica. Un logro nada fácil, que exige muchas horas de observación y seguir el rastro por escarpados parajes.


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A lo largo de un año y medio, las crías de oso aprenderán su madre todo lo necesario para vivir. Cuando se emancipen, su peso rondará los 40 kilos
Las lluvias de esta primavera han teñido el paisaje del alto Narcea, en plena cordillera cantábrica, de un colorido excepcional. Es una mañana fresca, y el rocío empapa la vegetación. Con las primeras luces del alba, se detecta una masa informe a casi un kilómetro de distancia. Con la ayuda de los prismáticos, sin embargo, se aprecia la perfecta silueta de un oso que camina lentamente. Aun así son necesarios los aumentos del catalejo para descubrir la sorpresa: un par de oseznos acompañan a la madre osa. Corren, saltan y se tiran por la hierba. De pronto, la madre se tumba y se le acercan los pequeños. Es la hora del desayuno. Ambas crías se acomodan y empiezan a mamar.

Una osa con crías es la mejor noticia para Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo (FOP), que lleva más de 20 años trabajando por la conservación de esa especie: “En los últimos años el censo de osas con oseznos se viene incrementando, despacio pero sin pausa, y esto sin duda es una excelente noticia que de ninguna manera se ve oscurecida por la reciente muerte de dos osos a manos del hombre en la montaña palentina”. De hecho, en el último año ha habido un total de 15 osas paridas, que han dado como resultado 30 oseznos, lo que significa el récord de natalidad de varias décadas.

Miguel Fernández, Antonio Ramos y Fernando Somoano, guardas del Principado de Asturias, llevan ya varios días siguiendo a esta osa del Narcea junto con Adrián García y Aníbal Rodríguez, de la Patrulla Oso de la FOP. “La vimos por primera vez con sus crías hace una semana. Y desde entonces, lleva un horario muy marcado. Sale a primera hora de la mañana y está activa hasta la 12 del mediodía”, explica Adrián García. Las osas paren dentro de la osera, a principios de enero, entre una y tres crías, que pesan al nacer unos 350 gramos cada una. Pasarán los siguientes meses mamando y no se apartarán de la osera y sus alrededores hasta bien entrada la primavera.

La hibernación es la opción que la especie ha elegido para soportar los
meses de penuria alimentaria, provocada por unas condiciones climatológicas adversas. Las oseras se hallan localizadas en lugares de difícil orografía y acceso, imprescindibles para garantizar la tranquilidad y la seguridad necesarias en esta época. Pueden ser naturales o excavadas por los propios animales. En su interior, el oso prepara una confortable cama en forma de nido compuesta por diversos materiales vegetales (musgo, ramas, hojas), recogidos en las cercanías. Las crías, durante al menos el siguiente año y medio, aprenderán de su progenitora todo lo necesario para sobrevivir. Cuando se emancipen, su peso rondará los 40 kilos. Fácilmente vulnerables, las crías son celosamente defendidas por las osas ante cualquier peligro, sean lobos, otros osos o incluso el hombre.

La Patrulla Oso de la FOP la forman 24 guardas que se dedican al seguimiento de los osos a lo largo de la cordillera. Como cada primavera, Aníbal y Adrián rastrean los límites del parque natural de las Fuentes del Narcea (Asturias), en busca de nuevas osas con crías y otras evidencias de los plantígrados. En un frondoso y escarpado valle, dos osos caminan juntos siguiendo un arroyo de montaña. Aníbal Rodríguez explica: “El más oscuro es el macho, mucho más grande que la hembra; y la osa, con un pelaje marrón claro, es una de las más veteranas. A ella la hemos visto y seguido en varias ocasiones estos últimos años, y siempre ha sacado adelante su prole. Pasarán juntos unos días hasta que la hembra esté receptiva. Entonces tendrán contactos sexuales que pueden durar hasta una semana. Luego se separarán y cada uno seguirá su camino”. 

Lorenzo González y Pedro García, miembros de la Fundación Oso Pardo, encuentran indicios de la presencia de osos. Bastan unos pelos para conseguir el ADN e identificar a los ejemplares.

La cordillera Cantábrica es un hábitat ideal para el oso pardo y se considera uno de los macizos montañosos mejor conservados de Europa

En el periodo de celo, entre mayo y junio, es cuando se producen los casos de infanticidio entre los úrsidos. Algunos machos intentan provocar un nuevo celo en las hembras, matando a los cachorros, para implantar así su estirpe genética. El año pasado, al menos tres oseznos de dos osas distintas murieron víctimas de dos agresivos machos. Estos incidentes se consideran una causa de mortandad natural en la especie.

La pareja se va alimentando de la vegetación herbácea en torno a un torrente. En primavera, su alimentación se basa en brotes tiernos de hasta 90 especies distintas de plantas herbáceas, más ricas en proteínas y fácilmente digeribles. Los osos son animales con un régimen de alimentación omnívoro, aunque principalmente vegetariano.

Actualmente, se calcula que hay entre 105 y 130 osos en la cordillera Cantábrica: de 80 a 100 individuos viven en el sector occidental, y entre 25 y 30, en el oriental, incomunicados entre sí. Afortunadamente, se ha superado los 70 ejemplares que dejaron a los osos al borde de la desaparición hace unas décadas. Sin embargo, a pesar de los buenos datos de osas con crías, la recuperación del plantígrado y de sus ancestrales áreas de campeo debe observarse en una fase de moderado optimismo. En la población occidental, la destrucción del hábitat y la pérdida de ejemplares causadas por el hombre son importantes factores de amenaza. Y en la población oriental existen graves problemas demográficos y genéticos con unos osos que tienen uno de los grados más bajos de variabilidad genética del mundo.

Desgraciadamente, ambas poblaciones están amenazadas por el veneno. Y tampoco desaparece otro de sus principales peligros: los lazos de acero colocados por furtivos o por paisanos para defenderse de los daños que causan los jabalíes y que provocan en los osos la muerte o amputaciones.

Los pueblos y las gentes que comparten el territorio con los osos se adaptan de diferentes formas. En algunos casos, como en los valles asturianos de Somiedo, el turismo de desarrollo sostenible en torno a la figura del oso ha generado una fuente de ingresos importante. También hay avances turísticos en el parque natural de la Montaña Palentina, donde la FOP ha abierto la Casa del Oso Cantábrico en Verdeña, un centro de interpretación que permite conocer más a fondo la vida y las costumbres del oso mediante técnicas audiovisuales y escenográficas.

En el exterior de la Casa del Oso, una amplia panorámica de prados, bosques y peñas calizas muestra un paisaje osero, en el que grupos de ciervas pastan y corretean. Allí vive José Ángel Ibáñez, natural de Polentinos, otro miembro de la Patrulla Oso. Es un guarda con mucha experiencia en el monte. Esta primavera llevaba un par de semanas sin ver despierta a su hija debido a los horarios oseros, que son realmente intempestivos: “Hay que levantarse antes del amanecer y por la tarde quedarse hasta que oscurece. Es la hora en que se mueven los osos”. 

Una huella de plantígrado sobre el barro.

En verano, los osos consumen miles de arándanos y escuernacabras cada día para hacer acopio energético ante el invierno

La cordillera Cantábrica ha demostrado ser un hábitat ideal para el oso pardo, y es uno de los macizos montañosos con mejor estado de conservación de Europa, gracias a una situación biogeográfica privilegiada. Este paisaje está tapizado de masas caducifolias (hayedos, robledales, castaños, abedules, serbales, arces o cerezos) y constituye un rico y variado paisaje vegetal. En él se cobijan una gran diversidad de vertebrados terrestres y reliquias ornitológicas como el urogallo o el pito negro. Los ungulados silvestres son abundantes; rebecos, ciervos, jabalíes y corzos comparten el territorio con martas, nutrias, liebres y gatos monteses. El lobo se reproduce a lo largo de la cordillera, y junto con el oso ocupa la parte más alta de la pirámide ecológica.

Para quien tiene que vivir de los recursos del monte, la presencia del oso y de la fauna silvestre se ve de forma diferente, aunque las ayudas de la Administración son determinantes. Es bien conocida la desmedida afición del oso por la miel, lo que le lleva en ocasiones a destrozar los panales de los apicultores. La necesidad de defender las colmenas llevó a idear una particular arquitectura tradicional, los cortinos y talameiros, rústicas construcciones de piedra que aún pueden observarse en la cordillera. Los daños ocasionales atribuidos a los osos cantábricos se concentran básicamente en el sector apícola. Miguel Fernández, guarda mayor del principado, matiza: “Los osos entran en las colmenas de abril hasta noviembre, y cada año se producen un centenar de incidentes. En espacios naturales protegidos, la Administración asturiana subvenciona en un noventa por ciento la reparación de cortinos o el cierre con vallas o con pastores eléctricos para impedir que los osos accedan a las colmenas”. Los daños afectan igualmente, aunque en menor medida, al sector ganadero, que también recibe indemnizaciones de las administraciones, con un coste total para el erario público de unos mil euros por oso y año.

Lorenzo González es otro hombre de la Patrulla Oso. Vive en el Alto Sil, en León, y conoce los últimos rincones de unas montañas que marcan la frontera con Asturias. “En verano, los osos buscan la comida en lo más alto del monte”, explica. Los frutos carnosos, altamente energéticos, son el alimento principal en ese periodo del año, preferentemente arándanos y escuernacabras, y llegan a consumir miles de ellos en un solo día.

“A finales de agosto, cuando ya escaseen los arándanos, los osos bajarán a por las moras y manzanas al valle. Después, irán a por los frutos secos del bosque: las bellotas, hayucos, castañas y avellanas”, añade. Así lo harán, como lo han hecho durante siglos. Y unos meses más tarde, con la grasa acumulada de los frutos otoñales, buscarán un rincón solitario para entrar en el refugio de la osera y pasar allí el frío invierno.

de: Núria Martin | 16/11/2007
Estoy muy contenta con vuestros reportajes. Tengo 8 años y desde que era un bebé me gustan los animales, sobre todo los osos, los lobos... ¿cuándo publicareis una serie sobre la fauna africana? Gracias.
de: Joan Martin | 28/10/2007
Felicidades por vuestros artículos sobre la fauna ibérica. Mi hija Núria y yo somos unos enamorados de los animales, sobre todo, de los osos, esperamos con interés cada domingo los reportages que publicáis. Gracias.
de: Manuel Sanchez | 19/09/2007
He visitado durante los veranos de 2004 y 2005 la comarca de Babia, habiendo recorrido toda la montaña y adentrado por Somiedo en Asturias. Jamás he podido ver un solo oso, pero era consciente de que estaban allí, sin duda ellos me han visto a mi. Enhorabuena por sus artículos sobre nuestra fauna. Muchas gracias.
20 de julio
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