23/10/2011
Carroñeros ibéricos
Texto de Andoni Canela
Tienen muy mala fama en el imaginario popular, pero los buitres cumplen una función positiva en la naturaleza. En España, la pervivencia del buitre negro, especialmente, está en una situación delicada, aunque, junto al leonado, puede observarse en algunos de sus hábitats

Dos buitres negros se pelean, algo frecuente entre ellos, especialmente cuando hay comida cerca. En la foto, el más agresivo se impone al otro sujetándole con una garra
Con el paso de los años, la población de buitres leonados de Montejo de la Vega y de otros lugares de España (por ejemplo, en Navarra, donde se llevaron a cabo iniciativas parecidas) se ha multiplicado y esta especie ya no se encuentra en peligro de extinción. Tanto es así que es relativamente fácil verlos en muchos lugares de la Península: desde Huesca hasta Cádiz o de la costa mediterránea hasta Portugal.
La situación del buitre negro, a pesar de haber mejorado notablemente durante los últimos años, es algo más delicada: se considera especie vulnerable y, actualmente, hay unas 2.000 parejas reproductoras en España (en los años 80 había tan sólo 200 parejas), repartidas por el centro y el norte península Ibérica y las islas Baleares. También hay algunos en el Pirineo, fruto de un programa de reintroducción. En España, además, se encuentran también los dos otros buitres europeos: el alimoche y el quebrantahuesos.
A simple vista, es fácil distinguir el buitre negro del leonado. Comparten algunas características, pero las diferencias son claras. El buitre negro (Aegypius monachus), que tiene un plumaje marrón oscuro, es la mayor ave del territorio europeo, y puede alcanzar una envergadura de hasta tres metros. Prefiere el hábitat característicamente mediterráneo: los bosques de encinas, alcornoques y quejigos, pero, sobre todo, las dehesas del centro y el sur de la península Ibérica. Construye nidos enormes sobre los árboles, por lo habitual, lejos de otros nidos y en zonas de difícil acceso.
Aunque es un carroñero declarado, también es capaz de cazar pequeños mamíferos como conejos debilitados (por enfermedades como la mixomatosis), ratones o topos. Tiene un pico muy potente, con el que es capaz de desgarrar la carne más dura: la de jabalí, la de un venado viejo, etcétera.
La situación del buitre negro, a pesar de haber mejorado notablemente durante los últimos años, es algo más delicada: se considera especie vulnerable y, actualmente, hay unas 2.000 parejas reproductoras en España (en los años 80 había tan sólo 200 parejas), repartidas por el centro y el norte península Ibérica y las islas Baleares. También hay algunos en el Pirineo, fruto de un programa de reintroducción. En España, además, se encuentran también los dos otros buitres europeos: el alimoche y el quebrantahuesos.
A simple vista, es fácil distinguir el buitre negro del leonado. Comparten algunas características, pero las diferencias son claras. El buitre negro (Aegypius monachus), que tiene un plumaje marrón oscuro, es la mayor ave del territorio europeo, y puede alcanzar una envergadura de hasta tres metros. Prefiere el hábitat característicamente mediterráneo: los bosques de encinas, alcornoques y quejigos, pero, sobre todo, las dehesas del centro y el sur de la península Ibérica. Construye nidos enormes sobre los árboles, por lo habitual, lejos de otros nidos y en zonas de difícil acceso.
Aunque es un carroñero declarado, también es capaz de cazar pequeños mamíferos como conejos debilitados (por enfermedades como la mixomatosis), ratones o topos. Tiene un pico muy potente, con el que es capaz de desgarrar la carne más dura: la de jabalí, la de un venado viejo, etcétera.

Un buitre leonado junto a los restos de un ciervo, del que, tras el asalto de los carroñeros, quedan sólo unos huesos pelados de carne y piel al lado de la charca
El buitre leonado (Gyps fulvus) es más pequeño y de color más claro que el negro. Pero sobre todo se diferencia de este por su cabeza y cuello pelones, cubiertos por una pelusa blanca. En la base del pescuezo, presenta una crin de plumas oscuras parecidas a la boa de una vedette o a la melena del rey de la selva. Encarna la imagen que la mayoría de la gente tiene de un buitre. El buitre negro, sin plumas sobre el cráneo, más bien parece despeinado, como si hubiera perdido parte de su cabellera en una pelea. Los hábitos del buitre leonado también son distintos a los de su colega: prefiere vivir en los roquedos. Con una mayor tendencia a juntarse con los de su misma especie, elige los barrancos, los cañones y los acantilados fluviales, para instalarse y hacer su nido.
A pesar de la diferencia de número entre las poblaciones de buitre negro y leonado, ambos se enfrentan a las mismas amenazas. Así, al igual que otras rapaces, como el águila imperial, son víctimas de envenenamiento cuando ingieren animales que han sido liquidados furtivamente de esta forma por los intereses de algunos ganaderos o cazadores, o cuando entran en contacto con ciertos pesticidas. Otras acciones de origen agrícola, industrial o turístico que modifiquen o intervengan en su hábitat también pueden significar una amenaza para la supervivencia de unos animales que, al contrario de lo que dice su mala reputación, son realmente positivos para el entorno natural que les es propio.
A pesar de la diferencia de número entre las poblaciones de buitre negro y leonado, ambos se enfrentan a las mismas amenazas. Así, al igual que otras rapaces, como el águila imperial, son víctimas de envenenamiento cuando ingieren animales que han sido liquidados furtivamente de esta forma por los intereses de algunos ganaderos o cazadores, o cuando entran en contacto con ciertos pesticidas. Otras acciones de origen agrícola, industrial o turístico que modifiquen o intervengan en su hábitat también pueden significar una amenaza para la supervivencia de unos animales que, al contrario de lo que dice su mala reputación, son realmente positivos para el entorno natural que les es propio.

La cabeza de un buitre negro, en la que se aprecia el poderío de su pico
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