10/02/2008

Rumbo a los hielos

Texto y fotos de Andoni Canela
Un grupo de científicos busca en los lodos árticos señales del cambio climático. Analizan las corrientes y la vida enterrada para conocer las modificaciones de los últimos dos mil años. Nunca antes la extensión de hielo había sido tan escasa. El agua del Atlántico se ha calentado más de dos grados
El frente del glaciar Kongsbreen rompe y cae con gran estruendo hacia el mar
Lodos de las profundidades
El R/V Lance suelta amarras. El movimiento de las olas altera los ritmos: la calma de Ny-Alesund quedó atrás y ahora todo es actividad. Cada pocas horas, el multicorer, una máquina para extracción de sedimentos recién estrenada, desciende a profundidades que van más allá de los 300 metros. Sus tubos de metacrilato transparente se hunden en el lodo marino y recogen trozos de barro sepultado en el fondo. Más tarde, esas muestras son diseccionadas y catalogadas en el laboratorio del barco para averiguar los organismos recogidos.
Día y noche, en turnos de 12 horas de intenso trabajo, cientos de kilos de barro salen a la luz para convertirse en material de estudio durante meses. A veces, asoman gambas diminutas o gusanos de medio metro que parecen prehistóricas lombrices. La clave es determinar las especies que viven allí y a qué profundidad, ya que ello dará pistas sobre cómo han sido las condiciones climáticas en un momento determinado. Para completar esas informaciones, otro aparato de última generación llamado CTD desciende a intervalos regulares para medir la conductividad, la temperatura y la profundidad del agua y así trazar un mapa preciso de la columna oceánica.“Utilizamos las foraminíferas para buscar los cambios en la fauna y la productividad marinas. Aunque el calentamiento que viene sufriendo esta zona parece evidente, es necesario buscar pruebas que lo demuestren”, comenta Lindsay Wilson, del departamento de Geología de la Universidad de Tromso (Noruega), que desde hace años ha centrado sus investigaciones en el mar de Barents. Las foraminíferas son organismos unicelulares que, junto a las diatomeas y los cocolitóforos, forman fósiles marinos muy abundantes, ideales para hacer estudios de diversa índole relacionados con el clima. Entre las especies que estudia Lindsay está Elphidium excavatum, un organismo que en los últimos siglos se encontraba habitualmente en los fiordos al sur de Svalbard. Sin embargo, cada año Elphidium es menos frecuente, por el calentamiento de la corriente del Atlántico, que hace subir de temperatura las aguas frías que necesita para vivir. Lo mismo ocurre, pero a la inversa, con Cassidulina laevigata, que requiere aguas más templadas y avanza inevitablemente hacia el norte. Cada especie tiene sus curvas de distribución durante cientos o miles de años, y en su interpretación se descubre cómo ha ido cambiando el clima en la Tierra.
Entre los motivos existentes para poner un énfasis especial en el estudio del Ártico, Koç destaca uno fundamental: “En el resto de la Tierra, los modelos climáticos para prever el clima a medio plazo coinciden en gran parte y dan resultados similares. Sin embargo, en las zonas polares, estos modelos no sirven, y las previsiones se vuelven contradictorias o sorprendentes. Es necesario saber más”. Además, el Ártico es un ecosistema excepcionalmente sensible y alejado de la civilización, ideal para detectar las señales tempranas de un posible cambio climático.
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de: Yamila Antonalla | 21/02/2008
¿Qué sucedió con las glaciaciones?
de: Juan José Martínez Velasco | 10/02/2008
Yo pediría que en las fotos de los reportajes fotográficos tuviéramos la oportunidad de pinchar la foto y conseguir una resolución superior, al igual que han hecho con las fotos de la semana anterior (Andoni Canela) para utilizarlas de fondo de pantalla. Gracias
de: Mirta Storani | 09/02/2008
Interesantísima la nota, hermosas las fotos. ¿Continuarán el relato es próximas publicaciones? Gracias. Mirta
17 de agosto
17 de agosto
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