Rumbo a los hielos

NUEVAS ISLAS QUE EMERGEN DEL FRÍO
Desde que el danés Willem Barents descubrió oficialmente las islas Svalbard en 1596, el archipiélago fue conocido por Spitsbergen, que quiere decir picos escarpados. Con ese nombre se agrupaba la isla principal, Spitsbergen, junto a Bjørnøya, Hopen y otras islas menores. Sin embargo, después de la independencia, en 1920, el gobierno Noruego cambió el nombre por Svalbard haciendo referencia a unas sagas vikingas que hablaban de viajes a esa zona en el siglo XII y mencionaba el término Svalbard, que significa borde frío o costa fría, aunque en las sagas no hubiera ninguna referencia directa a las islas. Desde el siglo XVII, las islas sirvieron como base para la pesca de ballenas hasta que, una vez diezmadas, se pasó a la explotación del carbón a comienzos del siglo pasado.
En agosto de este año, dos islas situadas en el entorno de las Svalbard y desconocidas hasta entonces fueron descubiertas tras derretirse el hielo que las cubría. Los nuevos territorios han comenzado a ser incluidos en los mapas. Por otro lado, la carrera política por los recursos ocultos del Ártico (petróleo, gas, recursos marinos...) ha comenzado este verano con la colocación de una bandera rusa bajo el Polo Norte como pistoletazo de salida. Los países implicados –Noruega, Rusia, Dinamarca, Canadá y Estados Unidos– se apresuran a cartografiar el fondo de sus costas buscando ampliar sus fronteras. El famoso paso del Noroeste, que une los océanos Atlántico y Pacífico a través del Polo Norte, ha estado libre de hielo este año por primera vez en la historia. Aparte de los recursos energéticos, si se abriera una nueva ruta marina en el océano Ártico (que incluiría también el paso del Noreste por Siberia), se acortaría en unos 8.000 kilómetros la distancia entre Tokio y Londres y en casi 4.000 kilómetros la de Nueva York a la capital japonesa.








