27/04/2008

Ebro, el gigante frágil

Texto de Gabriel Pernau
Fotos de Navia
El gran río de España nace al lado del Cantábrico, pero recorre más de 900 kilómetros hasta desembocar en el Mediterráneo, llevando con él la vida para tierras y gentes. Hoy, la escasez de agua y una mayor conciencia ecológica llevan a mirar con otros ojos al Ebro, demasiado maltratado durante muchos años.

El río por La Puente del Valle, en el valle de Valderredible, Cantabria


Sin embargo, al recorrer el Ebro desde Fontibre hasta la desembocadura, el viajero tropieza con numerosos síntomas de que algo está cambiando. En primer lugar, las conciencias.
Por el Centro de Educación Ambiental de Polientes, en Cantabria, pasan cada año cerca de 3.000 alumnos de primaria y secundaria para aprender a respetar la naturaleza en un entorno montañoso y trufado de bosques. El jefe de estudios del centro, Nacho Ibarra, señala que, además de recibir una formación, los chicos se convertirán en “transmisores de lo que les expliquemos, porque lo contarán en sus casas y en cierta medida actuarán, ellos también, como educadores”.
En esta zona el Ebro tiene poco que ver con la mansa corriente que atraviesa Aragón. Aquí, el río tiene que luchar por abrirse paso a través de la cordillera cantábrica y los montes burgaleses, escarbando gargantas y desfiladeros imposibles de seguir por carretera, pasando junto a pueblos encantadores como Orbaneja del Castillo, según algunos el más bonito de España.
Desde que se creó, hace millones de años, el Ebro ha tenido una existencia torturada. Su destino más lógico era dirigirse hacia el mar Cantábrico, distante sólo 50 kilómetros en línea recta desde la cumbre Tres Mares. Pero no; en lugar de eso, optó por recorrer más de media Península hacia el este. Alcanzar el Mediterráneo tampoco le resultó fácil. La cordillera litoral fue un muro infranqueable durante mucho tiempo. De modo que las aguas del Ebro y las de sus afluentes quedaron remansadas, formando un mar interior que llegó a ocupar buena parte de lo que hoy es Aragón. Hasta que se abrió una pequeña brecha y el gran lago de agua salada se comenzó a vaciar, dejando para los hombres una gran depresión de tierras casi yermas, con exceso de sales y yesos.
En La Rioja tuvieron más suerte. Un suelo compuesto por gravas, arenas y arcillas, amén de una pluviometría más generosa que la aragonesa, conformaron un cóctel idóneo para la obtención de los mejores tintos. “El vino de Rioja es la suma de un montón de casualidades”, asegura Jorge Muga, de una de las pocas bodegas que siguen elaborando los caldos mediante el único uso de tinos y barricas de madera de roble. “Esta suma de casualidades propicia el desarrollo de la planta justo cuando debe favorecerlo y la hace sufrir cuando debe sufrir. Ese estrés es bueno, concentra toda la energía en la uva.”
Y bien que les va. Bodegas Muga no puede atender todas las demandas que recibe. Y lo mismo les sucede a muchos de los 550 productores que hay en una comunidad convertida en una sucesión de viñedos y que en los últimos años ha encontrado en el enoturismo un nuevo filón.
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de: R. Pormiego | 23/05/2008
Hace un montón de años que en un programa de radio (creo que no emitía aún TVE) me enteré que el Ebro pasa por un rincón de la provincia de Palencia, por Báscones de Ebro. Una realidad poco divulgada, casi siempre obviada.
de: Maria | 11/05/2008
Me ha parecido corto este reportage sobre el río Ebro. Deberían haber hablado de los grandes afluentes que alimentan su curso que son: el Cinca y el Segre.
de: Guillermo Cuevas Aguilar | 03/05/2008
Aprovecho la oportunidad que se me brinda para felicitaros por el reportaje sobre el Ebro, fotografías espectaculares, infografía muy didáctica. También animaros a seguir por esta línea, seguir realizando reportajes pero tocando también otros temas y sobre todo documentarlo con infografías, que pueden ser utilizadas en los centros escolares. Gracias y a seguir con esta labor. Saludos
31 de agosto
31 de agosto
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