25/05/2008

A la sombra del baobap

Texto de Meritxell Margarit
Fotos de Andoni Canela
En los dominios del Kalahari se encuentran los lagos secos de sal, los pans. La costra blanca que cubre una tierra que hace miles de año fue agua forma un paisaje extraño en el que sólo sobrevive el baobab. Cuando las lluvias son generosas reaparece la vida.

Baobab en la isla de Kubu, en Sua Pan


Los lagos secos del Kalahari. Es como bajar un escalón natural y meterse dentro de un recipiente plano que se alarga más allá del horizonte. De vez en cuando, se adivina dónde están los bordes laterales porque un enorme baobab con aspecto de gigante manicorto te saluda desde la orilla. Se tiene la sensación de pisar cáscaras de huevo o, mejor dicho, un merengue reseco y agrietado por ese sol de justicia que cae durante toda la estación seca.
La costra salina que cubre la superficie de Sua Pan, al nordeste de Botsuana, en el lado donde queda la frontera con Zimbabue, presenta unos dibujos parecidos a los de las jirafas, aunque su textura hace pensar en la epidermis de los elefantes y los rinocerontes que se pueden observar no muy lejos de allí. Pero el gris de ese suelo es bastante más claro que la piel de los paquidermos; de hecho, su color es casi blanco y, como la nieve que jamás cubrirá este lugar, deslumbra y obliga a cerrar los ojos.
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