24/05/2009

Patagonia

La ruta de Darwin

Texto de Ima Sanchís
Ushuaia, estrecho de Magallanes, cabo de Hornos... un viaje a Patagonia reúne nombres míticos de la historia de los descubrimientos y permite disfrutar de un mundo virgen.

Ushuaia, la capital de la provincia argentina de Tierra del Fuego, es conocida habitualmente como la ciudad del fin del mundo

Imaginar a Fernando de Magallanes quinientos años atrás navegando por este laberinto de canales del confín del mundo acompañado únicamente por el crepitar de los glaciares da la medida de la grandeza del ser humano. Los viajeros, de todas las edades y condiciones físicas, acaban de desembarcar de la zódiac al glaciar Gunther Plüschow sin perturbar el silencio. Apenas les asoma la punta de la nariz. La tripulación del Via Australis se ha encargado de proporcionarles el equipo necesario, y parecen auténticos expedicionarios con sus chalecos salvavidas, gorras, pitos, binoculares, botas... Tras un paseo imponente y antes de volver a subir a los botes les ofrecen un chocolate caliente o un whisky en el que flotan trozos de glaciar del fin del mundo. Todo un privilegio.

Navegan solos por esa Tierra del Fuego, la reserva natural de agua dulce más grande del mundo, con hielos que calan a profundidades de 2.000 metros. Únicamente la compañía Cruceros Australis está autorizada a desembarcar, así que en las islas que se visitan no hay más humanos que los pasajeros del barco, unas veinticinco personas. Les acompañan biólogos marinos, naturalistas expertos en la flora y la fauna de la zona y oceanógrafos que convierten el asombro ante esta naturaleza indómita en conciencia medioambiental al explicarles la vida de todas las especies gravemente amenazadas, especialmente los pingüinos, que pueblan islas enteras.
Este viaje sólo se puede realizar durante la primavera y el verano austral, desde finales de septiembre hasta mediados de abril, cuando las temperaturas fluctúan entre los 0 y los 15ºC. El resto del año los canales permanecen helados y hacen imposible el tránsito de embarcaciones. Cuatro noches y cinco días siguiendo las huellas de Magallanes y de Darwin, en continuo contacto con una naturaleza asombrosa que impone su ritmo de vida. En el Via Australis se amanece temprano y merece la pena, porque el espectáculo de la salida del sol es inolvidable. La mayoría de los días las zodiacs parten hacia tierra a las seis y media de la mañana para entregar a los viajeros a bosques tan vírgenes que duele pisarlos. Bosques poblados de helechos, coihues y calafate, que, según cuenta la leyenda, quien lo prueba, vuelve; así que la tripulación se atiborra de calafate, esa hierba amarga, para asegurar el regreso.

Inolvidable también un paseo junto al mar, en una playa de ensueño con los glaciares milenarios al fondo. El impacto de estos paisajes provoca que ya al segundo día de navegación el viajero tenga la sensación de que lleva muchos meses recorriendo ese mundo helado y que los compañeros de viaje son viejos amigos.

Todo comienza en Ushuaia, esa extraña ciudad a la que muchos intelectuales bonaerenses han intentado retirarse y en la que pocos han conseguido permanecer. En ella, la soledad y el silencio pesan como el frío y el viento. Pero el paisaje es imponente: mar, bosques, lagos, glaciares, ríos, montañas. Ushuaia esta ubicada en una bahía sobre el canal de Beagle y rodeada por los Andes Fueguinos, en la isla Grande de Tierra del Fuego. Sólo queda una descendiente de los primeros pobladores, los ona, los haush y los nómadas del mar: yaganes y kawesqar, pero no quiere hablar con extranjeros, prefiere permanecer callada. Y no es de extrañar: todos sus antepasados fueron exterminados por extranjeros que decidieron que aquella tierra era suya y sus habitantes sus esclavos.

A principios del siglo XX se construyó en Ushuaia un presidio de alta seguridad que duró 45 años y cuyos residentes y anécdotas alimentan hoy el Museo Marítimo y de Presidio, junto con datos de navegantes, embarcaciones y documentos de los aborígenes de aquellas tierras. En el patio frente al mar, en una explanada, se ubica la recreación de un poblado ona, con sus tiendas de pieles y utensilios.
Una imagen del canal de Beagle, el límite natural entre Chile y Argentina.
Una calle de Ushuaia.
Reportajes 1 | 2 | 3 | siguiente
de: Raquel Kruzliak | 06/06/2009
Las imágenes son por demás elocuentes... Tierra del Fuego es un sitio digno de conocer y disfrutar... un lugar inolvidable, pleno de bellezas naturales, del que uno se despide prometiéndose regresar. Es cierto que la nota tiene imprecisiones históricas y algunas otras, relacionadas con la vegetación, ya que aún me estoy preguntando con qué clase de hierba amarga se habrían atiborrado los integrantes de esa tripulación, ya que el calafate, que según la leyenda, quien lo prueba vuelve, es un arbusto con muchas espinas, de mediana altura, y sus frutos comestibles son color azulino o morado que poseen un característico sabor agridulce.
de: Roberto Litvachkes | 25/05/2009
Si bien es cierto que la nota contiene alguna imprecisión histórica, rescata el espíritu de la región y su mítica historia. Valoro también que desde el inicio menciona primero a Magallanes y luego a Plüschow, las dos puntas cronológicas en la historia de los pioneros de la Patagonia, uno por mar y el otro ya con su avión, símbolo de los avances de la modernidad. De paso, aprovecho para decir que la "Feuerland" era el nombre de la goleta con la que Plüschow navegó desde Alemania hasta Tierra del Fuego. Su avión Heinkel HD24 se llamaba Tsingtau 1313, los pobladores le decían "Cóndor de plata" del cual habrá como homenaje y nueva atracción turística una réplica tamaño real en Ushuaia.
de: Alejandro del Castillo | 25/05/2009
Aun cuando Darwin no desembarcó hace 200 años en nuestra tierra austral, sinó que mucho menos, sus trabajos de la fauna en esa región son un legado para la humanidad. Igual cosa sucede con el legado atroz, cometido por las expediciones inglesas (como en otros lugares del mundo), al ser responsables del exterminio de los pueblos nativos de aquella bella zona de nuestro país. Me refiero a Onas y Fueguinos. Este lugar en el fin del mundo es de una belleza conmmovedora.
de: PJR | 24/05/2009
Hace 200 años Darwin tenía tres meses y no pudo integrarse como naturalista en ningún barco. A pesar de la juventud de muchos de los tripulantes de la marina inglesa (que llegaban a embarcar con 9 años), a sus tres meses Darwin era la alegría de su casa y de sus hermanas mayores. Hasta finales de 1831 no se incorporó a la tripulación del Beagle, y de eso hace ahora 178 años).

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14 de marzo
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