24/05/2009

Belgrado

La perla desconocida

Texto de Jordi Rovira
Fotos de Tino Soriano
Casi una década después de los bombardeos de la OTAN sobre Belgrado, antesala de la transición democrática que siguió a la caída de Milosevic, la capital serbia muestra a los visitantes su potencial económico y turístico mientras lucha por sacarse de encima el estigma de
una guerra que persigue a una de las ciudades más antiguas de Europa.
El interior del restaurante Zaplet, un local minimalista muy de moda
Polo económico
Todo este potencial humano, junto a unos costes más bajos que sus países vecinos, no ha pasado inadvertido a los mercados internacionales. “Las inversiones empezaron a llegar a partir del 2001”, explica Ana S. Trobivch, consultora de una agencia para el desarrollo y profesora de integración europea en la Universidad de Singidunum (Belgrado). Así pues, desde la llegada de la democracia a estas tierras la situación ha dado un vuelco de tal magnitud que la capital serbia se ha convertido en el polo económico del sudeste europeo. En el 2006, la prestigiosa revista británica Foreign Direct Investment –propiedad del mismo grupo editorial que posee el Financial Times y que se dirige a inversores europeos, estadounidenses y asiáticos– concedió a Belgrado el título de Ciudad del Futuro del Sur de Europa.

Sin embargo, mientras el sector de los negocios se encuentra en un momento óptimo (es la causa del 70% de los visitantes), el turismo todavía está lejos de los registros que tenía antes de la guerra, cuando era uno de los principales destinos del sudeste europeo. Si bien es cierto que el turismo está viviendo una lenta recuperación, las comparaciones son odiosas. Mientras que unos 150.000 españoles visitaron el pasado año un destino turístico por excelencia como Croacia, poco más de cinco mil estuvieron en un lugar todavía desconocido como Serbia, aunque también es cierto que esta cifra es mucho mejor si se compara con los 1.521 viajeros españoles que hicieron lo propio en el 2001. “El principal problema es la falta de vuelos directos con España”, reconoce Gordana Plamenac.

Poco a poco, Belgrado, igual que el resto del país, sale de su ostracismo. Cada vez más personas solicitan información sobre este destino, y aquellas que visitan lugares como el barrio bohemio de Skadarlije o Sveti Sava, la iglesia ortodoxa más grande del mundo, descubren una ciudad muy diferente de lo que imaginaban. “La gente se sorprende”, asegura Ana S. Trobivch. El Gobierno de este país balcánico lo sabe y por ello apuesta por el turismo como uno de motores de la recuperación económica y ha destinado más de un billón de euros a mejorar las infraestructuras. La privatización de los principales hoteles, actualmente propiedad de cadenas internacionales, y la inauguración de una nueva terminal en el aeropuerto de Belgrado son algunas de las iniciativas que buscan acabar con un estigma que pesa como una losa en este país ­balcánico.
Un puesto de bebidas en el mercado del barrio Zemun
Tres jóvenes tumbados en lo alto de la muralla de esa famosa fortaleza
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