Los amigos de la selva

Un camaleón de Jackson (Chameleo jacksonii) mira a la cámara de Thomas Marent, quien ha dedicado 16 años a documentar los ecosistemas de las selvas tropicales del mundo. Para él, trabajar allí es "como ir a la caza de tesoros", algunos tan vistosos como este camaleón azulado, oriundo del parque nacional Monte Kenia.
Espesas, misteriosas y todavía inaccesibles en algunos puntos, las selvas tropicales ocupan sólo un 6% de la superficie terrestre, pero albergan casi la mitad de las especies del planeta. Son lugares desmesurados, donde todo, el color, el calor, la lluvia, el sonido, la flora, los insectos y los animales, adquiere dimensiones distintas. “Un gran invernadero, salvaje, caótico y exuberante, creado por la misma naturaleza”, así describió Darwin la selva brasileña tras su primer paseo. Una experiencia que al naturalista le proporcionó “un placer tan profundo” que creía difícil poder experimentarlo otra vez.
La hermosura y la riqueza de las selvas continúan seduciendo. Es el caso del fotógrafo suizo Thomas Marent, autor de las imágenes de este reportaje. A los veintipocos años, visitó por vez primera un bosque tropical en Australia, y la experiencia en aquel lugar, tan ajeno a sus ordenadas praderas alpinas, lo enganchó para siempre. Ese día inició su proyecto de retratar los bosques tropicales del planeta, que ha durado 16 años.
Reconoce que son lugares difíciles, a menudo hostiles, donde el mayor de los peligros es el más mundano: perderse. Algo que le ha sucedido más de una vez. Pero pese a las malas experiencias, siempre ha vuelto: “La selva virgen es como un mundo perdido, un recuerdo de lo que era el planeta antes de que el hombre domara la naturaleza”, explica. Un testimonio, por eso, muy frágil, ya que los valiosísimos ecosistemas que forman las selvas tropicales están seriamente amenazados. Como cuenta Félix Romero, responsable del programa de bosques de la organización ecologista WWF España: “En el siglo XXI, los bosques tropicales siguen desapareciendo. Entre el 2000 y el 2005, la ONU arrojaba cifras de deforestación de 7,3 millones de hectáreas al año, una superficie equivalente a Castilla y León. Superficie convertida, principalmente, en cultivos de soja, plantaciones de palma o pastos para el ganado”. Según la fundación Rainforest, si seguimos destruyendo los bosques tropicales a la velocidad actual, en el 2060 no quedará ninguno.
Además de la deforestación para cultivos, el tráfico de maderas exóticas, tan populares en estos años de boom inmobiliario, es otra de las grandes amenazas para estos ecosistemas. “La tala ilegal y el comercio asociado, en especial en países con alta corrupción, es algo muy difícil de controlar”, explica Romero. Por ello es fundamental que el consumidor, al comprar madera, exija siempre el certificado FSC (Forest Stewardship Council), un sello que garantiza un origen legal y responsable con la naturaleza y las comunidades locales. Es una manera muy efectiva de preservar estos lugares de belleza irreemplazable que, además, son los pulmones del planeta.°

Una espectacular mantis de las orquídeas (
Hymenopus coronatus) se camufla en una de estas flores, lista para el ataque. Casi la mitad de los medicamentos usados a diario en Occidente procede de plantas endémicas de la selva tropical
Los opiliones son parientes de las arañas y se alimentan de los detritos del suelo, facilitando el reciclaje de la materia muerta. Existen unas 5.000 especies conocidas del orden de los opiliones, y la mayor parte vive en los bosques tropicales de Latinoamérica y del Sudeste Asiático.








