La inquietud de Cerdeña

“La urbanización ya está casi terminada –explica Pasqualino Sanna, uno de los cuatro taxistas que a principios de junio accedió a las nuevas licencias concedidas por el Ayuntamiento de Alguero–, pero hasta ahora sólo se han vendido dos casas: los precios están por las nubes.” “De hecho, yo era electricista, pero ya ve”, dice señalando algunos de los hoteles de la costa y presentando un ticket de 40 euros por 20 minutos de servicio. Las cuentas le salen mejor ahora: los viajeros que llegan en avión no tienen otro remedio que confiar en uno de los 24 taxistas de la ciudad, hasta hacerse con un coche de alquiler. Con todo, aunque en los últimos cuatro años el número de turistas en la zona se haya multiplicado casi por veinte y en algunos diarios italianos la ciudad haya sido rebautizada como Algheroshire debido a la gran cantidad de británicos presentes en verano, los autóctonos no les ven sólo como bolsillos llenos de euros. Al preguntar por un restaurante “que esté bien”, las encargadas de las tiendas de souvenirs de Alguero responden: “La pizzería de la esquina, es buena y muy barata”. Están lejos los restaurantes prohibitivos de la Costa Esmeralda, bahía de ensueño situada en la parte oriental de la isla, donde se encuentran las villas de Silvio Berlusconi y Flavio Briatore. Por otra parte, la costa noroeste de Cerdeña ha sido siempre un destino privilegiado para quienes buscaban tranquilidad y unas vacaciones al estilo familiar.
La mayor parte de los visitantes se aloja en bed&breakfast, pequeñas pensiones o segundas residencias de los isleños, cuyos alquileres se cobran en dinero negro. “Oficialmente el turismo constituye un 10% del PIB de Cerdeña”, explica Giorgio Macciocu, presidente de la federación que reúne a los dueños de hoteles de la isla. “Aun así, calculamos que las cifras reales alcanzan por lo menos el doble, sobre todo en la zona de Alguero.” Un 20% de la riqueza local viene no sólo del alojamiento de los turistas, sino también de la restauración, la venta de artesanía y productos enogastronómicos.
Muchos están convencidos de que el porcentaje turístico del PIB aumentará antes de lo previsto. Por eso los sardos han acogido con entusiasmo la modificación de la polémica ley de protección de costas, que le costó el cargo al anterior gobernador de la isla, Renato Soru, de Cerdeña Democrática. Este emprendedor de izquierdas había conseguido mantener prácticamente intactos los litorales mediterráneos hasta que, en marzo, el candidato del partido Forza Italia le ganó por goleada en unas elecciones regionales anticipadas. Ahora es el momento para el flamante presidente de Cerdeña, Ugo Cappellacci, de mantener las promesas hechas durante la campaña. Una nueva ley urbanística, que según las previsiones entrará en vigor en octubre, permitirá a todos los isleños ampliar las construcciones existentes al menos en un 20% y edificar un 30% más en todos los terrenos que no hayan sido declarados patrimonio natural.
El turismo y el ladrillo son los nuevos potenciales conquistadores de una tierra que históricamente ha sido objeto del deseo extranjero. Que sus bellezas se hayan mantenido vírgenes hasta ahora es algo que sorprende y fascina. El reto para los que las administran está ahora en no dejar que las huellas que pronto imprimirán en sus costas los nuevos conquistadores amenacen su débil ecosistema. Dunas y playas pobladas por especies animales en vías de extinción. Aguas turquesa hasta ahora surcadas sólo por veleros, que se han convertido en autopistas para el transporte de veraneantes.°


Las fuertes corrientes mantienen el agua que baña las costas sardas entre las más limpias del Mediterráneo. El viento y las mareas han esculpido sus rocas durante siglos y han creado grandes grutas







