20/12/2009
Naturaleza herida
Texto de Rosa M. Bosch
Fotos de Andoni Canela
Las Tablas de Daimiel, los humedales manchegos que prácticamente se han secado por la sequía y la persistente sobreexplotación de las aguas subterráneas, encabezan esta segunda entrega de la serie sobre paisajes en peligro. También lo están las cabañas pasiegas, en Cantabria, que deben preservarse ante su creciente uso turístico, y la costa de Barbate, que lucha para evitar un parque eólico delante del histórico faro de Trafalgar

Cabo de Trafalgar
Trafalgar batlla contra los molinos
La contienda se libra en tierra, pero el resultado se verá en alta mar. En 1805, la flota inglesa del almirante Nelson se enfrentó y derrotó a las escuadras aliadas de Francia y España lideradas por Pierre Villeneuve. Dos siglos después, los ayuntamientos de Barbate, Conil y Vejer de la Frontera, cofradías de pescadores y plataformas vecinales han consolidado una alianza para luchar contra la instalación de una suerte de ejército de molinos en el mar de Trafalgar. Este ámbito de la costa gaditana ha logrado crear un frente común de opositores al proyecto que prevé plantar 278 aerogeneradores delante del cabo de Trafalgar, donde descansan la quincena de barcos que se cobró la sangrienta batalla el 21 de octubre de 1805, entre ellos el legendario Santísima Trinidad, de 136 cañones, el mayor navío del mundo en esa época. Cuentan que desde la playa se oían los cañonazos y se intuía la masacre. También yacen en este cementerio marino numerosos pecios, quizás 400 o 500, de todas las épocas, desde los fenicios hasta la actualidad, según datos del historiador José Gregorio Cayuelas. Un tesoro submarino.
Los barbateños aseguran que, en invierno, hasta un feroz temporal de levante con las olas rompiendo contra los acantilados es un espectáculo. En verano, el seductor oleaje en las playas de Caños de Meca, Zahora y Zahara de los Atunes atrae a amantes del kitesurf, el flysurf y el windsurf de todo el mundo.
El viento también es un aliado de los molinos, y Acciona mantiene su proyecto de central eólica de casi mil megavatios de potencia, a una distancia de entre 10 y 18 kilómetros de las playas y a una profundidad de hasta 35 metros. Los barbateños consideran que el cabo de Trafalgar es un enclave emblemático y de gran valor histórico que hay que preservar.
“Además del impacto paisajístico, los aerogeneradores dañarían la pesca y a los cetáceos y a las aves en sus rutas migratorias entre Europa y África”, indica el alcalde de Barbate, Rafael Quirós. “Trafalgar es para nosotros como la Alhambra para Granada o la Sagrada Família para Barcelona, es una seña de identidad”, remata Antonio Morillo, de la Plataforma para la Defensa del Mar de Trafalgar, disfrutando de las vistas de la playa. Mientras, decenas de jóvenes se deslizan con sus cometas de colores a velocidad de vértigo ante el faro de Trafalgar.
“Aquí queremos vivir del turismo, el paisaje y la pesca; tenemos pargo, corbina, dorada, lubina, atún…, y nuestras almadrabas, arte sostenible que se remonta a los fenicios”, añade Morillo. El turismo aflora como alternativa después de la crisis del sector pesquero, que en los últimos años ha visto diezmada su flota.
Mientras los opositores confían en que la Junta de Andalucía y el Gobierno rechacen este parque eólico, Acciona confirma que sigue adelante con el proyecto y que está a la espera de una decisión administrativa. Los molinos son lo que más preocupa ahora en Barbate, pero los ecologistas recuerdan que el cemento ya lleva demasiados años destruyendo el litoral. El Ayuntamiento asume que se han hecho barbaridades, pero se ve impotente para demoler las más de mil viviendas ilegales que se han construido en las pedanías de Caños de Meca y Zahora, en suelo rústico, delante del mar.°
La contienda se libra en tierra, pero el resultado se verá en alta mar. En 1805, la flota inglesa del almirante Nelson se enfrentó y derrotó a las escuadras aliadas de Francia y España lideradas por Pierre Villeneuve. Dos siglos después, los ayuntamientos de Barbate, Conil y Vejer de la Frontera, cofradías de pescadores y plataformas vecinales han consolidado una alianza para luchar contra la instalación de una suerte de ejército de molinos en el mar de Trafalgar. Este ámbito de la costa gaditana ha logrado crear un frente común de opositores al proyecto que prevé plantar 278 aerogeneradores delante del cabo de Trafalgar, donde descansan la quincena de barcos que se cobró la sangrienta batalla el 21 de octubre de 1805, entre ellos el legendario Santísima Trinidad, de 136 cañones, el mayor navío del mundo en esa época. Cuentan que desde la playa se oían los cañonazos y se intuía la masacre. También yacen en este cementerio marino numerosos pecios, quizás 400 o 500, de todas las épocas, desde los fenicios hasta la actualidad, según datos del historiador José Gregorio Cayuelas. Un tesoro submarino.
Los barbateños aseguran que, en invierno, hasta un feroz temporal de levante con las olas rompiendo contra los acantilados es un espectáculo. En verano, el seductor oleaje en las playas de Caños de Meca, Zahora y Zahara de los Atunes atrae a amantes del kitesurf, el flysurf y el windsurf de todo el mundo.
El viento también es un aliado de los molinos, y Acciona mantiene su proyecto de central eólica de casi mil megavatios de potencia, a una distancia de entre 10 y 18 kilómetros de las playas y a una profundidad de hasta 35 metros. Los barbateños consideran que el cabo de Trafalgar es un enclave emblemático y de gran valor histórico que hay que preservar.
“Además del impacto paisajístico, los aerogeneradores dañarían la pesca y a los cetáceos y a las aves en sus rutas migratorias entre Europa y África”, indica el alcalde de Barbate, Rafael Quirós. “Trafalgar es para nosotros como la Alhambra para Granada o la Sagrada Família para Barcelona, es una seña de identidad”, remata Antonio Morillo, de la Plataforma para la Defensa del Mar de Trafalgar, disfrutando de las vistas de la playa. Mientras, decenas de jóvenes se deslizan con sus cometas de colores a velocidad de vértigo ante el faro de Trafalgar.
“Aquí queremos vivir del turismo, el paisaje y la pesca; tenemos pargo, corbina, dorada, lubina, atún…, y nuestras almadrabas, arte sostenible que se remonta a los fenicios”, añade Morillo. El turismo aflora como alternativa después de la crisis del sector pesquero, que en los últimos años ha visto diezmada su flota.
Mientras los opositores confían en que la Junta de Andalucía y el Gobierno rechacen este parque eólico, Acciona confirma que sigue adelante con el proyecto y que está a la espera de una decisión administrativa. Los molinos son lo que más preocupa ahora en Barbate, pero los ecologistas recuerdan que el cemento ya lleva demasiados años destruyendo el litoral. El Ayuntamiento asume que se han hecho barbaridades, pero se ve impotente para demoler las más de mil viviendas ilegales que se han construido en las pedanías de Caños de Meca y Zahora, en suelo rústico, delante del mar.°

El parque eólico se ubicaría delante del cabo de Trafalgar, enclave en el que hace dos siglos se libró la sangrienta batalla. El levante hace de este mar una zona peligrosa, pero muy apetecible para los aerogeneradores

de: Florentino Camacho Notario | 24/12/2009
Es triste ver como se aleja el presente para convertirse en historia. La pena es que, lo que convertimos en historia, es algo que nunca más recuperará su hermosa esencia. Las " Tablas de Daimiel", un rico humedal que difícilmente volverá a serlo por culpa de la sobre-explotación acuífera. Las "cabañas pasiegas", refugio de ganado y pastores, habitadas por turistas con aspiraciones campestres. Barbate y su "faro de Trafalgar", espectadores de feroces temporales, convertidos en visionarios de gigantescos molinos de viento por obra y gracia de la imparable energía limpia y renovable. Un reportaje precioso, ilustrado con unas fotos muy bonitas. Mi felicitación a Rosa M. Bosch y Andoni Canela.









