Enclaves con derecho a sobrevivir
Un paisaje histórico, el yacimiento de Numancia, en Soria; un enclave agrícola y pulmón verde de Valencia, l’Horta, y uno de los últimos valles vírgenes del Pirineo, el de Castanesa, afrontan los envites que plantean grandes complejos residenciales, deportivos y turísticos. Son enclaves emblemáticos que dentro de unos años podrían verse adulterados si prosperan diferentes proyectos.

Año 2010. Las otras tres batallas de Numancia
Corría el año 133 a.C. cuando el Senado romano encargó a Escipión el Africano la misión de someter y acabar con la rebelde y tenaz Numancia. Misión complicada, pues esta población celtíbera sumaba casi 20 años repeliendo los ataques de Roma. Numancia acabó sucumbiendo, pero para ello fue necesaria una ardua planificación militar que incluyó el levantamiento de un cerco de nueve kilómetros vigilado por siete campamentos. Ante tal despliegue y la diferencia numérica entre ambos bandos (las cifras bailan, pero la proporción pudo ser de uno a diez a favor de los romanos), Escipión cantó victoria tras trece meses de asedio.
En el siglo XXI, Numancia se enfrenta a otras tres batallas: contra un polígono industrial, contra la Ciudad del Medio Ambiente y contra una promoción inmobiliaria. De momento, sólo puede dar la primera casi por ganada.
El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha ratificado este verano la ilegalidad del procedimiento de expropiación de terrenos de la familia Marichalar para posibilitar la construcción de un polígono industrial de 117 hectáreas cerca de los restos de Numancia. “Ahora sólo queda que el Supremo se pronuncie sobre la sentencia –recurrida por la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Soria– que declaró ilegal la recalificación como suelo industrial de estas fincas”, apunta Amalio Marichalar. Las entidades que defienden preservar Numancia y sus alrededores –la Real Academia de Historia y la de Bellas Artes de San Fernando, el Instituto Arqueológico Alemán, el Icomos y un largo etcétera de universidades y grupos ecologistas– ven como la amenaza del polígono se aleja, pero temen el impacto de las obras ya en curso de la Ciudad del Medio Ambiente, promovida por la Junta, y de una urbanización de 280 adosados, en el término de Garray. Estas dos batallas se antojan mucho más complicadas.
“Lo importante de Numancia no es el yacimiento en sí, sino el paisaje de los alrededores, mantenerlo intacto es fundamental para entender el sitio de Numancia; esa idea de cerco se pierde si se urbaniza el entorno”, defiende María Jesús Pérex, directora de departamento de Historia Antigua de la UNED. Pérex, al igual que Jaime Siles, catedrático de Filología Latina que preside la Sociedad Española de Estudios Clásicos, o José María Ballester, ex director de Patrimonio Cultural del Consejo de Europa, se echan las manos en la cabeza al ver como las máquinas remueven las tierras junto al campamento Alto Real, una de las siete fortificaciones mandadas construir por Escipión. Tanto el yacimiento de Numancia como los campamentos fueron declarados bien de interés cultural (BIC).
Pérex tilda de “escándalo monumental” que junto a Numancia se proyecten casi mil viviendas, las 280 citadas y otras 700 que prevé la Ciudad del Medio Ambiente, un complejo residencial y de servicios que también incluye edificios institucionales y zonas de ocio, en el humedal del Soto de Garay, un enclave de valor ecológico. “Arrasar el entorno es como destruir el yacimiento, ¿para qué hemos suscrito el Convenio Europeo del Paisaje?”, clama Pérex.
Los expertos destacan no sólo los valores como paisaje histórico de estos parajes, sino también su importancia cultural (lo cantaron Cervantes, Machado, Gerardo Diego...) y ecológica, de ahí que consideren una paradoja más que la Junta promueva una Ciudad del ¿Medio Ambiente?











