16/05/2008
Perdidos en el Atlántico
Texto de Nina G. Sabatés
Fotos de Michele Roth
Fernando de Noronha es un paraíso en el Atlántico. Una pequeña isla brasileña que fue presidio y hoy, convertida en el centro de un parque nacional marino, se muestra como el destino soñado del ecoturismo.

Noronha es un refugio en medio del Atlántico para muchas especies de aves.
Los vestigios en Fernando de Noronha hablan de un largo periodo como presidio y base militar. A esta pequeña isla perdida en el Atlántico, rodeada de islotes y roquedos, desterraron durante más de dos siglos a los peores delincuentes de Brasil, líderes revolucionarios y presos políticos de la dictadura militar. También las primeras mujeres que llegaron a la isla, en 1841, eran presas.
Hoy, Fernando de Noronha es un oasis dentro del caótico Brasil, pues no hay casi violencia ni pobreza y tiene uno de los índices de desarrollo más altos del país. “En Noronha se goza de una paz y una libertad que no existen en el resto de Brasil”, afirma Ana Nanete, que a sus 80 años es guía en la iglesia de los Remédios, lleva cincuenta años en la isla y ha parido en el único hospital de Noronha a sus nueve hijos. Casi todos se dedican al turismo. “Cuando llegué a Noronha en 1974 no encontré ni una página de información histórica”, declara la historiadora brasileña Marieta Borges, que investiga el pasado del archipiélago. Borges resalta el olvido en que vivió este territorio, que no fue brasileño hasta 1824, dos años más tarde que el continente, pues nadie comunicó a sus autoridades que Brasil ya era independiente de Portugal.
Hoy, Fernando de Noronha es un oasis dentro del caótico Brasil, pues no hay casi violencia ni pobreza y tiene uno de los índices de desarrollo más altos del país. “En Noronha se goza de una paz y una libertad que no existen en el resto de Brasil”, afirma Ana Nanete, que a sus 80 años es guía en la iglesia de los Remédios, lleva cincuenta años en la isla y ha parido en el único hospital de Noronha a sus nueve hijos. Casi todos se dedican al turismo. “Cuando llegué a Noronha en 1974 no encontré ni una página de información histórica”, declara la historiadora brasileña Marieta Borges, que investiga el pasado del archipiélago. Borges resalta el olvido en que vivió este territorio, que no fue brasileño hasta 1824, dos años más tarde que el continente, pues nadie comunicó a sus autoridades que Brasil ya era independiente de Portugal.
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