Adiós

Les pido por favor que lean en voz alta estas palabras: “A veces he soñado, tan sólo soñado, que al alba del día del Juicio Final, cuando los grandes conquistadores, los grandes legisladores, los grandes hombres de Estado lleguen a recibir su recompensa –sus coronas, sus laureles, sus nombres grabados para siempre en el mármol imperecedero–, el Todopoderoso, al vernos llegar a nosotros con nuestros libros bajo el brazo, se volverá hacia Pedro y le dirá, no sin cierta envidia: “Mira, estos no necesitan recompensa. Aquí no tenemos nada que darles. Han amado la lectura”.

No dejen de leer, por favor. No esperen a las recompensas en otro mundo. disfruten en este

Esas frases las pronunció en una conferencia hace unos cien años una escritora genial, Virginia Woolf. Hoy quiero regalárselas a ustedes. Es mi regalo de despedida. Un gesto de adiós, después de casi una veintena de años reuniéndome aquí con ustedes cada quince días. En todo este tiempo, nos hemos tomado muchos cafés juntos y hemos engullido no pocos croissants de domingo por la mañana.

Pero nuestras citas quincenales, de momento al menos, han terminado. Yo les echaré de menos, se lo aseguro. Añoraré esta obligación de sentarme ante mi ordenador y pensar en algún tema que les pueda interesar y tratar de escribir sobre él del mejor modo posible. Ha sido un privilegio: alzar la voz en medio de tantos ruidos desagradables y que esa voz sea escuchada es, sí, un privilegio de los grandes.

Ha sido también un compromiso. Con ustedes, con mis lectores, y con todas esas personas “sin voz” a las que a veces he querido prestarles la mía. Así que sólo puedo despedirme con cierta tristeza, qué duda cabe, pero también con la feliz sensación de haber hecho algo que merecía la pena. Y con muchísimo agradecimiento: a toda la gente que ha trabajado para que el Magazine existiese, desde los redactores hasta los quiosqueros, pasando por fotógrafos, ilustradores, diseñadores, personal de administración, trabajadores de la rotativa, repartidores, etcétera. A los “jefes” de arriba y de más arriba que han confiado en mí.

Y a todos ustedes, las mujeres y los hombres a los que les han interesado mis palabras. Los que aman la lectura. Como ya saben que a veces soy un poco pesada con ciertos temas, mientras agito la mano en el aire despidiéndome, permitan que se lo vuelva a decir: no dejen de leer, por favor. No esperen a las recompensas en el otro mundo. Disfruten en este. Adiós.