Audiolibros

Se extiende por el mundo la fiebre de los audiolibros digitales. Mientras el e-book se declina y el papel se defiende con uñas y dientes, las narraciones orales crecen sin parar. En Gran Bretaña, por ejemplo, el 2018 trajo un incremento de un 43% en sus ventas, en Estados Unidos. un 37%. En España vamos algo a la zaga todavía, pero la tendencia es favorable también.

El formato se está convirtiendo en un cotizado pedazo de tarta dentro del sector editorial. Y no, sus usuarios no son gente con problemas de visión o venerables ancianos que se sientan a escuchar historias como antes se hacía con los seriales radiofónicos. Lo más curioso es que la literatura grabada, entre la gente joven, hace furor.

¿Dónde están las causas de esta tendencia? La fácil e inmediata accesibilidad a miles de títulos a través del móvil es sin duda una de ellas. Otra razón quizá se encuentre en los atractivos matices añadidos por los profesionales que prestan su voz, a menudo reputados actores y actrices. La principal clave que los expertos argumentan, sin embargo, es que la audición facilita la multitarea, no exige exclusividad. Conducir suele ser la actividad paralela más común, otras muy frecuentes son el uso de transportes públicos, hacer recados diversos, dedicarse a actividades deportivas o acometer tareas domésticas. Verdaderamente, no se me ocurre mejor acompañamiento que una buena novela para un atasco, un autobús abarrotado, un aburrido rato de elíptica, o la ardua tarea de planchar tres lavadoras.

No se me ocurre mejor compañía en un atasco o un rato de plancha que una buena novela

Como casi siempre que algo espuma, sin embargo, las cejas empiezan a alzarse escépticas y suspicaces, y los puristas plantean la pregunta del millón: ¿escuchar un audiolibro computa como lectura, o es hacer trampa?

En ambos casos se trata de ejercicios de comprensión mediante inmersión en una trama, aunque los procesos neuronales implicados no son exactamente los mismos. Un estudio realizado por el University College London afirma no obstante que la audición de algunas escenas narrativas puede llegar a emocionar y conmover más que la propia lectura, el cine o la televisión. Otras investigaciones ahondan en lo cuantitativo: los propios consumidores del formato valoran enormemente el hecho de poder disfrutar de más obras en menor tiempo que la lectura convencional. Las editoriales se están poniendo las pilas; en el ámbito internacional las hay ya con “total audio policy”: cualquier publicación con estructura narrativa, tendrá su propia versión en audio book.

¿Acabaremos todos conversos, o será una moda pasajera? Dejemos pasar unos años para saber.