Avión pide Marvel

Nada como once horas de vuelo para atracarse con todas las películas que no puedes ver durante el año. Avión pide cine comercial de primer orden. Nada de discursos elaborados, temas complicados o tramas enrevesadas. No. Avión pide Marvel.

Les escribo estas líneas de forma apresurada porque tengo una playlist formada por Captain Marvel, Los Vengadores, Doctor Strange y Spiderman que reclaman urgentemente mi atención.

Me fascina la enorme capacidad que ha tenido Marvel a la hora de construir una mitología moderna que recalienta relatos milenarios, arquetipos y narrativas que nos acompañan desde siempre y se presentan como originales. 

La contemporaneidad de los temas y tramas de sus películas no es obvia, pero no por ello no vale la pena deleitarse en ellas. Estas películas monetizan los cambios sociales vistiendo sus tramas de relevantes y de culminación del movimiento que toque. Captain Marvel es merchandising de #MeToo. Envolviendo de trascendencia sus decisiones comerciales convierten cada película en un evento. Y lo hacen con efectos especiales, estrellas de Hollywood y una pretendida informalidad que esconde un diseño milimétrico y la precisión de los trenes japoneses. 

Por eso gustan tanto estas películas. Por eso historias que aparentemente son infantiles, repetitivas, nostálgicas o maniqueas conectan tan bien con todas las audiencias. Es fantasía y ciencia ficción, pero basada en una realidad polarizada, socialmente fragmentada y que demanda escapismo de gran formato que construya conversaciones sencillas y cree temas comunes entre países y generaciones. 

Que este avión pida Marvel esconde una voluntad de mirar la realidad que nos rodea de forma hiperbólica. Qué mejor sitio para hacerlo que en un avión, que al final no es tan diferente de un cine, excepto por el tamaño de la pantalla y la frecuencia con la que la gente necesita ir al servicio.

Así que, si me lo permiten, les dejo ya y empiezo con la primera película porque si no me apresuro el vuelo no me da para tanto cine.