Comedores escolares

La prensa asturiana detalla los problemas que el colegio de Santa Eulalia de Oscos tiene con su cocinero. Están hasta el gorro de su comportamiento. Los padres de los alumnos explican que llevan doce años tolerando sus desmanes, que se presenta cuando le apetece y que, cuando no le apetece, no se le ve el pelo. “Faltas injustificadas o bajas acumuladas”, dicen, que en alguna ocasión hicieron que tuvieran que pedir la comida a un restaurante. Explica El Comercio de Gijón que la paciencia se les acabó hace unos días: “No estaba en condiciones de trabajar. Se puso agresivo con las cuidadoras y tuvieron que llamar a la Guardia Civil. Nuestros hijos no están seguros en el comedor. Llevamos mucho tiempo soportándoselo todo. Tenemos miedo a que los pequeños se vean afectados porque no sabemos lo que es capaz de hacer”. ¿Lo de que “no estaba en condiciones de trabajar” significa que iba como una cuba? Puede.

¿Lo de que “no estaba en condiciones de trabajar” significa que iba como una cuba? Puede

El caso es que el día que la gota colmó el vaso, una treintena de alumnos que habitualmente comen en la escuela la abandonaron, cogiditos de la mano de sus padres y madres, dispuestos a no volver si la Consejería de Educación no toma las medidas que consideran oportunas: “Sabemos que tiene un problema y nosotros, también. No nos podemos arriesgar a que pase algo más”. Lo de “tiene un problema” parece incidir en la misma sospecha de antes. Al menos es una frase habitual en esos casos.

Durante los últimos lustros –¿qué digo lustros?, ¡décadas!– se han multiplicado los programas televisivos dedicados a la cocina. Desde los que explican cómo preparar un plato –los de Karlos Arguiñano, por ejemplo– a los que buscan el morbo y el escarnio. El ejemplo más preclaro son los que conduce con mano maestra Alberto Chicote –tremendo Pesadilla en la cocina–, a quien lo que interesa es vilipendiar al restaurante que visita y ensañarse con sus defectos: falta de higiene, personal ineficiente, local anticuado, carta pobre, platos mal preparados... Tras explicar a los propietarios cómo pueden mejorarlo y actualizarlo, los telespectadores podemos ver luego cómo lo reinauguran, la mar de bonito y eficiente. O no.

Qué lástima habernos perdido la posibilidad de ver a Alberto Chicote visitando la cocina del colegio de Oscos y encarándose con ese cocinero innominado. Productores televisivos: en los comedores escolares hay mucha tela por cortar.