Corte de mangas

No quiero escribir sobre eso. Ya saben a lo que me refiero: a la decepción que hemos sentido todos los españoles que, el 28 de abril, creímos ingenuamente que la izquierda tenía al fin la posibilidad de reconstruir un país machacado. No quiero escribir sobre el bochorno que a muchos nos ha producido la incapacidad de negociar de los unos y los otros, las actitudes inamovibles, las desconfianzas mutuas, las soberbias respectivas, la estúpida manera de echarse las culpas a la cara, como los niños cuando se pelean: “Empezó él...”. 

Llevamos años suspirando por políticos que miren más allá de sus narices

Hace tiempo que la sensación de vivir en medio de un desastre político no me abandona. Y el desastre político es, en realidad, el desastre de muchas de las cosas de nuestro día a día. Llevamos años –¿o serán siglos?– soportando corrupciones, mala gestión, incapacidades múltiples, nepotismo, recortes injustificados, chulerías diversas, improvisaciones sin fin... Años suspirando por políticos que miren más allá de sus narices –es decir, de los intereses de su partido o de los propios– y contribuyan a construir el proyecto de país que nos merecemos. 

Hoy llueve sobre buena parte del norte de España. A la vuelta de un viaje de trabajo, he parado el coche para escribir este artículo al borde de una carretera de montaña, bajo esta lluvia y este frescor, y lo que quiero es celebrar esta tregua en medio del calor y este esplendor de cumbres y nieblas que ahora mismo diviso. Hace pocas horas que ha ocurrido el desastre, y no sé qué estará sucediendo cuando estas palabras se publiquen. Probablemente estaremos más cerca de otras elecciones. O tal vez haya ocurrido un milagro y algunos estén cumpliendo con su deber y negociando lo que deberían ser los próximos cuatro años de estabilidad, aunque lo dudo. Pero ahora mismo no quiero que eso me afecte. 

Cuando termine de escribir, me calzaré las botas de agua que siempre van en mi maletero y me daré una vuelta por algún sendero, entre esos viejos robles que ya parecen estar reverdeciendo bajo esta inesperada humedad. Disfrutaré de este breve momento de relajación, y les prometo que cuando esté ahí dentro, en el corazón del bosque –como si rezara, pero a la inversa–, haré un profundo corte de mangas en dirección al sur, al lugar en el que se alza ese dichoso Congreso de los Diputados que nos ha fastidiado, también, este verano.