La crítica radical

Cada tanto los medios de comunicación publican noticias que muy a menudo siguen un mismo patrón: cuando una galería de arte contemporáneo inaugura una exposición y cierra hasta el día siguiente, por la noche los encargados de la limpieza encuentran en medio de la sala una obra –contemporánea, no lo olvidemos– que confunden con basura. Pueden ser tochos, montones de arena o de papeles, tablones... Deducen que los dejaron ahí tras la inauguración. ¿Y qué hacen? Pues recogerlo todo y tirarlo a la basura, que para eso les pagan su sueldo. Al día siguiente, cuando regresan los responsables de la galería llega el llorar y el crujir de dientes.

Esta vez quien se ha cargado la obra no ha sido el encargado de la limpieza

En esta ocasión no ha sido la persona encargada de la limpieza. Ha sido ni más ni menos que una crítica de arte, Avelina Lésper, que estaba conduciendo una visita guiada por las salas de la Zona Maco, la feria de arte contemporáneo de la ciudad de México, considerada por los entendidos como la más importante de Latinoamérica. Tras dar unas explicaciones dejando claro que no tiene en muy buena consideración las obras del artista Gabriel Rico, fue a dejar una lata de Coca-Cola en la digamos escultura de este artista guadalajarense. La obra se titula Nimble and sinister tricks (to be preserved without scandal and corruption) y consiste en un montaje con láminas de vidrio, una pelota de tenis, la rama de un arbusto, piedras, un balón de fútbol y una navaja, todo ello sustentado precariamente por unos tubos de latón. 

Al cabo de poco, el montaje cedió y cayó al suelo. El precio de la obra es de veinte mil dólares. La galería afectada ha criticado a Lésper por su falta de profesionalidad. La crítica de arte se excusó: “Salí huyendo del lugar, porque el accidente sucedió cuando la obra implotó al intentar acercar una lata de refresco vacía a la obra. No traté de agredirla ni violentarla. Llevaba una lata vacía de refresco, traté de ponerla sobre una de las piedras, pero la obra explotó, se hizo pedazos, ni siquiera pude apoyarla, me quedé con la lata en la mano”. Ha sugerido dejar la obra tal cual ha quedado, como testimonio de su “evolución”. 

Lo más interesante es que muchos de los presentes, cuando vieron que la obra se descuajeringaba y caía al suelo, creyeron que se trataba de una performance. El respeto a lo que creían una acción artística hizo que no aplaudiesen, con lo que evitaron que los acusasen de cómplices del desaguisado.