Desahucios

Asisto a las enésimas imágenes en televisión del desalojo de varias familias de sus pisos, unas vecinas del centro de Madrid a las que los nuevos propietarios del edificio han cuadruplicado el precio del alquiler y que, obviamente, no pueden pagar. Se me parte el alma: mujeres mayores –y en este caso también niños– expulsadas a patadas de las casas en las que han vivido durante años, abandonadas en la calle por un sistema y unas administraciones que no tienen soluciones para estos dramas. Los datos son estremecedores: 150 familias son desahuciadas a diario en España, 100 por impago del alquiler y 50 por no poder hacer frente a sus hipotecas. 4.500 familias al mes, 54.000 al año. No 54.000 personas, sino 54.000 familias, que es muchísimo más.

Pongamos –siendo generosos– que la mitad de esos casos afecten a personas con pocos escrúpulos, de ésas que se instalan en una vivienda y luego no pagan porque no les da la gana. Aun así quedarían 27.000 familias tiradas al arroyo, sin uno de los derechos más elementales.

CREÍMOS QUE ÉSTE ERA UN PROBLEMA DE LA CRISIS, PERO NO HA HECHO MÁS QUE AGRAVARSE

Creímos que éste era un problema de la crisis. Pero la crisis ha pasado –supuestamente– y el problema no ha hecho más que agravarse, ahora en el sector de los alquileres, disparados a unos niveles inasumibles para millones de españoles que cada vez ganan menos (o nada). No sé cómo lo hacen en otros países, pero desde luego, en la Europa que nos gusta, las cosas no suelen ser así. Un ejemplo que conozco: a mi amiga M., que vive en Alemania, cuando no pudo pagar su alquiler durante tres meses, el Ayuntamiento de su ciudad le adelantó el dinero, que luego ha ido devolviendo poco a poco y sin intereses. Sí, hay lugares donde algo así es posible.
¿Ustedes se lo imaginan? ¿Se les pasa por la cabeza que una mala racha o el abuso por parte de un propietario desalmado –particular o empresa– les pueda dejar en la calle, con todos sus muebles, sus cosas, su vida entera tirada en la acera? ¿Y que no exista para eso ninguna solución? Está muy bien que los políticos hablen siempre de la Constitución y defiendan en su nombre cosas como la unidad territorial. Pero mientras se les olvide que la Constitución también reconoce el derecho a una vivienda digna y que son ellos, desde sus puestos de representación y de responsabilidad, los que deben hacer que eso sea verdad, el resto de sus palabras carecen para mí de sentido.