Heterodoxos

José María Blanco White fue un cura sevillano que vivió a caballo entre el siglo XVIII y el XIX y entre España e Inglaterra. Su condición de cura prevaleció sobre su condición de escritor, y como escritor prevaleció en él la lengua inglesa sobre su lengua materna, para él “como un rumor lejano de una mazmorra en que hubiese sufrido encarcelamiento, grillos, heridas, insultos”. Él no había sufrido nada de eso, claro, pero a los sevillanos les gustan las imágenes, y los ingleses estaban deseando oír de España cosas así. También les contó que la Inquisición lo habría quemado vivo por relapso de no haber emigrado en 1810. Pero lo cierto es que en 1812 se abolió la Inquisición (aunque no lo hizo definitivamente hasta 1834), y Blanco pudo volver, aunque se ve que esa no fue la única razón de su huida.

Hoy en día Blanco White triunfaría: culpaba a España de todas sus penurias 

De no haber participado en un acto sobre heterodoxos andaluces ve uno poco probable que hubiera leído a Blanco White (Cartas de España, Autobiografía y España), algunos ensayos suyos y otros sobre él de Menéndez Pelayo, Vicente Lloréns y Juan Goytisolo, así como la biografía de Fernando Durán. Goytisolo culpaba del ostracismo de Blanco White a la roña derechista española, pero no a los ingleses, lo cual es bastante absurdo, teniendo en cuenta que Blanco White es principalmente un autor que escribió en inglés y publicó toda su obra en Inglaterra. ¿Por qué no lo reeditaron ellos? Una vez más se cumplió aquello de “Roma no paga a traidores”. Por su lado, la roña española (Menéndez Pelayo) lo tuvo por “el renegado de todas las sectas”. A estas alturas lo que Blanco opinara de la Santísima Trinidad a muchos nos pilla ya tan lejos como Franco.

Ser heterodoxo (o revolucionario) tiene en nuestro mundo un prestigio del que carecen otros más ordenados. La conclusión que he sacado yo es que Blanco White quizá fuera un heterodoxo en Sevilla, pero en Londres era de lo más ortodoxo (cobró incluso una pensión de 250 libras por publicitar la hispanofobia que convenía al Foreign Office). ¿Y como escritor? Tiene tres temas: hablar de sí, victimarse y culpar a España de todas sus penurias. En ese sentido, la verdad, hoy Blanco triunfaría. Lloréns alabó la sinceridad de sus confesiones, pero “la sinceridad es una virtud cuando no se tienen otras”, decía Galdós, sin entrar en aquello que también decía Gracián: “La queja trae descrédito”.