Hombres, hombres

Albert Rivera. Íñigo Errejón. Pablo Casado. Pablo Iglesias. Pedro Sánchez. Santiago Abascal. Ahí están, colocados por orden alfabético, los nombres de los actuales candidatos a la presidencia del gobierno en los partidos de ámbito nacional más importantes. Seis señores con bigote y barba, uno detrás de otro. Seis hombres jóvenes al frente de organizaciones que, aparentemente, responden a las exigencias del mundo contemporáneo. Seis señores que son –o deberían ser– los mejores de cada partido, los más capaces. 

No voy a entrar a dudar aquí de sus respectivas valías. Vamos a dar por hecho que todos ellos son inteligentes, honestos, entregados y dialogantes servidores públicos (aunque, sobre lo de dialogantes, la mayor parte ya nos ha demostrado sus limitaciones). Aun así, ¿de verdad que, en pleno siglo XXI, entre los cientos de miles de militantes y cuadros que componen esos partidos, no hay ninguna mujer que pueda igualarse a ellos, si no mejorarlos?

No es casualidad que los partidos tengan candidatos y no candidatas

Más allá de mi ideología feminista, lo que he aprendido de la vida en el largo puñado de años que ya llevo por aquí me hace estar convencida de que no es casualidad que todos los partidos políticos estén encabezados por hombres. El poder, en el ámbito que sea, sigue siendo un reducto mayoritariamente masculino, definido y regido por normas hechas a la medida del estereotipo patriarcal de la masculinidad que nos ha dominado durante siglos. Es patriarcal la manera de concebir el poder y la de ejercerlo, y también la forma de acceder a él, a ese mundo de gestos, palabras y actitudes que ellos entienden mucho mejor que nosotras y en el que se entienden entre sí, incluso cuando se están acuchillando los unos a los otros. 

La incorporación de las mujeres a ese universo privilegiado y excluyente es todavía costosa, lenta y, a veces, incluso, imposible. La fotografía de esos seis candidatos lo demuestra. No sé a ustedes, pero a mí esa imagen me incomoda y me preocupa. Con corbata o sin ella, de manera consciente o inconsciente, esos seis hombres son los herederos de una antiquísima educación, de una manera de entender el mundo que no sólo es rancia, sino que además no responde, según creo, ni a la realidad actual ni a sus necesidades y exigencias. Es lo que tenemos, y habrá que bregar con ello, pero más vale cuestionarlo para que el modelo no se siga reproduciendo hasta la eternidad.