Y la lámpara mágica

A una empresa consultora se le ha ocurrido hacer una encuesta preguntando a los norteamericanos si los números árabes deben enseñarse en las escuelas. La pregunta exacta es: “Las escuelas, ¿deberían enseñar los números árabes como parte del currículum?”. El resultado es muy interesante. Un 56% de los encuestados responde que no, un 29% que sí y el 16% restante dice que no tiene opinión clara al respecto. No hace falta ser Sherlock Holmes para deducir que la mayoría de los que contestan no tienen ni pajolera idea de que los números que utilizan cada día, desde pequeños, se llaman así; de los que contestan y del resto de la población que, en cambio, lo sabe todo sobre Supervivientes o sobre cómo debería haber sido el final de Juego de tronos, pero que carece de lo que antes se llamaba “cultura general básica”. Mucho iPhone y mucha polla, pero ni idea de que las cifras que utilizamos habitualmente (0, 1, 2, 3, 4...) se llaman así porque, provenientes de India, llegaron a Europa gracias a los árabes, vía Al Ándalus. 

Las escuelas ¿deben enseñar los números árabes o volver a los romanos?

La encuesta retrata la rapidez con la que se manifiestan los prejuicios. En cuanto detectaron el adjetivo “árabe” dijeron que no. El director de la consultora –CivicScience– explica que su intención era precisamente evidenciar los impulsos tribales de la gente, que responde preguntas sin primero entenderlas. Basta navegar un poco por la red para ver esa pulsión cada día: se condenan sugerencias sin antes analizarlas, como si el objetivo fuese ser el primero en contestarlas de forma gregaria y, a poder ser, grosera. Dice el de la consultora: “Muchos no conocen los orígenes de nuestro sistema numérico, pero tanto les da: optan por la respuesta tribal”. La pregunta es: en el caso hipotético de que renunciasen a los números árabes, ¿volverían a los romanos para estudiar matemáticas? ¿II más II: IV; IX por VIII: LXXII...?

Nada nuevo bajo el sol. Para no movernos de los prejuicios a aquel lado del Atlántico (aquí también hay mucha tela para cortar), hace cuatro años, cuando Trump inició su campaña electoral pregonando que había que expulsar de Estados Unidos a los musulmanes y acabar con Estado Islámico, otra consultora –Public Policy Polling– hizo otra encuesta. Preguntó a la población si había que bombardear el sultanato de Agrabah. Un delirante tanto por ciento de votantes (tanto republicanos como demócratas, ojo) dijo que sí. Agrabah es un país ficticio, el de la película Aladdín.