La lista de la compra

El próximo año habrá elecciones legislativas en Nueva Zelanda, lo cual sería lo más normal del mundo sino fuese porque, en esta ocasión, por primera vez instalarán urnas en supermercados. No lo harán porque las cifras de participación sean habitualmente bajas. En las de 2017, cuatro de cada cinco personas ejercieron su derecho a voto, un porcentaje francamente alto comparado con muchos de los que se registran en otros países. Lo harán para facilitar todavía más las cosas. El ministro de Justicia, Andrew Little, se muestra orgulloso de la iniciativa: “Es importante colocar las urnas en aquellos lugares en los que los ciudadanos desarrollan su vida cotidiana y, por lo tanto, puedan resultarles más cómodos para ejercer su derecho, dado el ajetreo de sus vidas”

La normativa que permitirá convertirlos en colegios electorales se aprobó a finales de junio, y como era de prever ha sido criticada por la oposición, que cree que se trata de una maniobra para favorecer a los partidos de izquierda –laboristas y verdes–, actualmente en el poder. No acabo de entender el porqué. ¿Acaso en Nueva Zelanda sólo va al súper la gente de izquierdas? Sea lo que sea, en la lista de la compra que muchos preparan antes de ir, a los “1 kg. naranjas, 4 aguacates, 1 kg. arroz, 3 hamburguesas...” deberán añadir “votar”, no sea que se olviden. Si son abstencionistas, no es necesario que añadan nada.  

Por estos lares, cuando hay elecciones, lo más habitual es que los puestos de votación se sitúen en colegios o escuelas, o en dependencias del Ayuntamiento si se trata de un pueblo pequeño. Pero el mundo anglosajón (Nueva Zelanda incluida) es diferente. En el 2004 escribí para La Vanguardia una serie de reportajes sobre la campaña que se desarrollaba en Estados Unidos y que ganó Bush. En Miami visité un colegio electoral instalado en un centro fastuoso, el Stephen P. Clark, en el meollo de la ciudad. Una maravilla. Son capaces de instalar colegios electorales en cualquier sitio. No se cortan ni un pelo. En Estados Unidos y en Gran Bretaña los ponen en pubs, boleras, cafeterías, peluquerías, concesionarios de coches, salones de billar, lavanderías, pistas de patinaje, recepciones de hoteles o chiquiparques. Nada les parece demasiado suntuoso o menospreciable si de instalar urnas se trata. 

 –Cariño, voy un momento al bar, que tengo que votar.
 Envidia cochina.