Mágico 2020

Me gusta 2020. Quiero decir el número en sí, esa combinación de dígitos que se repiten en pareja y que suman 4, una cifra perfecta y ordenada, de atenernos al misticismo que los antiguos aplicaron a las matemáticas. Y como me gusta el número he decidido, siguiendo los restos de pensamiento mágico que todavía quedan en mi cerebro –a pesar de la esforzada racionalidad–, que me gusta también el año. Me aplico pues a pedirle deseos diversos. Por ejemplo, que nos dé a los españoles, por fin, un gobierno estable, un equipo de gentes que puedan pensar a largo plazo. Incluso que, simplemente, puedan pensar. Que sepan de sus materias, que tengan en cuenta que el futuro es algo un poquito más extenso y complejo que el plazo de las siguientes elecciones.

Pido a este nuevo año, por ejemplo, que nos dé por fin un gobierno estable

Me imagino a un grupo de mujeres y hombres inteligentísimos, preparadísimos, entregados al servicio público, conscientes de que lo único que debe importarles es el interés de la ciudadanía y no el de sus partidos ni mucho menos el suyo propio. Los veo ya llegando cada mañana a sus despachos, rodeados de personas tan competentes y honradas como ellos mismos, y tratando de poner en marcha proyectos que resuelvan algunos de nuestros problemas más graves. Está todo ese jaleo de Catalunya que alguna vez habrá que abordar mediante el diálogo, por supuesto, pero están también las cosas de cada día, esas que nos hacen la vida agradable o penosa y que tanto dependen de los gobiernos.

Sin ir más lejos, la escasez de ayudas sociales, las condiciones laborales cada vez peores, la carestía insoportable de la vivienda, la contaminación asesina, la deforestación que nos asola, los inexplicables vaivenes de la enseñanza, el desinterés general hacia la cultura, el empeoramiento de la sanidad pública, la estrechez de las pensiones, la tan común antipatía de las administraciones... las mil y una cosas que soportamos.
Si existe un dios oculto en las matemáticas, le ruego que convierta este 2020 en un año de esperanza. Que volvamos a creer que, entre todos, podemos construir un país mejor, en el que la gente no tenga que sufrir innecesariamente por injusticias flagrantes, ineptitudes varias y cortedad de miras establecida como un principio de acción política. Y que, cuando termine, pueda volver a escribir un artículo sobre él en pasado: sí, decididamente, el 2020 ha sido muy bueno. Feliz año, queridas y queridos lectores.