¿Museos?

Los museos de selfies se multiplican. Si la fotografía es un arte y como tal la acogen en sus salas algunos museos (el MoMA, por ejemplo), ¿por qué el selfie no va a tener sus mismos derechos? El selfie es un autorretrato realizado con una cámara fotográfica, sea una digital específica o incorporada a un smartphone. Gauguin, Durero, Van Gogh, Picasso o Hockney pintaron sus autorretratos sobre lienzos, pero eran épocas en las que la fotografía o no existía o tenía poca consideración. A saber si ahora se harían una selfie y dedicarían más tiempo a las naturalezas muertas. En algunas de sus últimas obras, Hockney utiliza la fotografía: toma decenas y luego las sitúa en una superficie formando collages nada convencionales.

Gracias a los museos de selfies el interés por el arte aumentará radicalmente

Desde este agosto, en Budapest hay un Museum of Sweets & Selfies, el primero de Europa. Pero el primigenio se instaló el año pasado en Hollywood, durante dos meses. Fue un museo pop-up, como tantas cosas que aparecen durante un tiempo, concitan a masas ansiosas de novedad y luego cierran. (Los restaurantes pop-up se llevan la palma.) El de Hollywood se llamaba The Museum of Selfies e incluyó muestras dedicadas a selfies en sitios peligrosos, a selfies tomados en cuartos de baño –ah, el de Scarlett Johansson...– y a selfies de platos de comida. Viendo que el éxito había sido absoluto, cuando lo cerraron lo trasladaron a Las Vegas. Nada de pop-up aquí. Lo abrieron hace un mes. Ahora, The Museum of Selfies está en el corazón de la ciudad, a un paso del hotel Luxor, el Caesar’s Palace y ese rótulo luminoso retro que da la bienvenida a la ciudad –“Welcome to Fabulous Las Vegas”– y que se ha convertido en icono para los amantes de los rituales mil veces transitados.

Ahí puedes hacerte una autofoto sentado en un butacón como el de Juego de tronos, pero hecho de palos de selfies. Ingenioso, ¿verdad? También puedes meterte en una piscina de emoticones de goma, en una tina repleta de dólares e incluso hacerte una selfie junto a una reproducción de la estatua del David de Miguel Ángel que puedes tirar al suelo sin que te riñan. A diferencia de los museos de verdad, aquí no te riñen por nada, ni evidentemente te prohíben fotografiarte frente a la Gioconda o la Maja Desnuda. Por un lado, porque no tienen esos cuadros y, por otro, porque cuanta más gente se fotografíe y cuelgue las imágenes en Instagram, más rebaños acudirán: la publicidad les sale gratis. El futuro era esto.