Ni sustos ni baratos

Aunque Abc tituló la notica de forma llamativa, esta pasó sin pena ni gloria: “Precio récord de la obra Mierda de artista: 275.000 euros en una subasta de Milán”. A Piero Manzone, su autor, un artista conceptual (gran oxímoron), se le ocurrió lo propio en noventa latitas de conserva, ponerles una etiqueta (“Mierda de artista. Conservada al natural en mayo de 1961”) y sacarlas al mercado valorando su peso (30 gramos) al precio que tenía el oro en aquel momento.

hace treinta años pensaba uno que el arte conceptual se evaporaría

Dejando de lado algunas consideraciones (¿qué significa ese “al natural”? ¿Baño maría, pasteurizada, sin conservantes?) y dando por hecho que contenga lo que declara (una gran humorada de Manzone, que murió joven, en 1962, antes de cumplir los treinta, habría sido que hubiese puesto en cada lata no su propia mierda, sino la de su gato, abriendo un debate interesante, a saber, que desde Duchamp aquí todo el mundo es artista, hasta el gato, aunque probablemente este último extremo no se sabrá nunca, porque no sabemos que nadie haya destruido una sola de esas latas para saber qué hay dentro), dejando estas consideraciones de lado, decía, se nos plantean otras no menos interesantes.

Hace treinta años pensaba uno con gran ingenuidad que el arte conceptual se evaporaría como otros mil ismos de las vanguardias artísticas. Resulta patente que estaba uno muy equivocado. Hace ocho o nueve, que el premio Velázquez, el más importante de las llamadas artes plásticas, se concede a gentes que no utilizan pinceles ni lienzos ni caballetes ni nada que recuerde el oficio del pintor. ¿Y por qué el arte conceptual triunfa tanto hoy? José Luis Pardo, en Estudios del malestar, su último libro, alude a los dirigentes populistas reunidos en el Museo Reina Sofía de Madrid para discutir estrategias políticas mientras el director del museo y Toni Negri se pasean por él. Sí, nos sugiere Pardo, a los museos y al arte ha llegado un nuevo populismo, el que nos promete que cualquiera capaz de escretar (cagar) es un artista en potencia si tiene audacia y sobre todo ganas (noventa latas no son cualquier cosa). Hace años, Gaya acuñó para esta clase de “manifestaciones artísticas” lo de “sustos baratos”. El tiempo le ha quitado también la razón a él: han dejado hace mucho de ser sustos y ya no son baratos. Hoy cotizan a 275.000 euros.