Nos vamos yendo

La modernidad nos ha enseñado a ver y valorar las cosas pequeñas, es parte de su grandeza: el cuarteto tanto como la sinfonía, la intimidad al mismo nivel que la gesta heroica, un dibujo hecho en un trozo cualquiera de papel tanto como el gran cuadro del pintor de Corte. Los dibujos de Goya, por ejemplo: 250, de más de los 500 que se conservan, se exponen ahora en el Prado. Son extraordinarios. Tal vez la exposición más fascinante en ese museo desde la mítica de Velázquez. ¿Y todos esos dibujos son igual de buenos? Por supuesto que no. Sólo faltaría. ¿Son iguales las olas de la playa? Los dibujos de Goya han de verse, y aun oírse, como las olas sucesivas: subyugan uno por uno, como ellas, pero asombra y sobrecoge el conjunto, como el mar inmenso, inabarcable y misterioso. 

Llegó el rey Felón y las gentes que pudieron irse de españa, como Goya, se exiliaron

¿Y qué hay representado en ellos? Todo lo que le sale al paso o se le pasa por la cabeza: costumbres, tipos, truculencias, sátiras (políticas, religiosas, sociales), riñas, caprichos y desastres, visiones y pesadillas, pesadumbres y muchedumbres... 

También la modernidad que valoró lo pequeño (el ciudadano) por encima de los tres estados puso a las multitudes al frente de la Historia. Las multitudes son “una de las grandes aportaciones de Goya”, anota el comentarista. Goya las saca en procesiones, en los toros, en un parque. Cuando las multitudes se convierten en masas, en el primer tercio del siglo XX, vendrán con ellas las grandes matanzas y el exterminio del individuo, del ciudadano. El lado oscuro de la modernidad. Goya, que ya en Burdeos pudo leer la Enciclopedia, prohibida en España, debió de leer como ilustrado que era lo que Diderot y D’Alambert escribieron allí: “Multitud: Desconfía del juicio de la multitud; en los asuntos del razonamiento y filosofía su voz es la de la maldad, la estupidez, la inhumanidad, la sinrazón y el prejuicio. La multitud es ignorante y bárbara, juzga mal, no es capaz de acciones valientes y generosas”. Las multitudes aclamaron a Fernando VII, el rey Felón, y las gentes que pudieron irse de España, como Goya, se exiliaron. Estos dibujos, realistas en tanto que veraces y modernos en tanto que íntimos, parecen decir “se hace camino al andar”, sí, pero también “nos vamos yendo”.