Príncipes de gales

Como muchas ciudades costeras del sur de Gran Bretaña, la galesa Porthcawl era un destino turístico ideal en épocas pretéritas. Eran décadas en las que, por vacaciones, los británicos no viajaban masivamente fuera de su país, como hacen ahora, que a la que pueden pillan un avión barato y se van a Magaluf –o a cualquier otro lugar, mientras esté en el Mediterráneo occidental– para practicar el noble deporte del balconing. El ya lejano cierre de las minas de carbón galesas contribuyó a la decadencia de Porthcawl porque muchos de los mineros pasaban ahí sus vacaciones; apenas quince días.  

Baños con sensores que detectan si, dentro, se practican actividades impropias

Pero a pesar de todo sigue manteniendo un cierto turismo, sobre todo interior. Playas, paseos marítimos y centros de diversión variados, uno de los cuales es Griffin Park. Este agosto, el Ayuntamiento anunció que, como los actuales baños están ya obsoletos, procederán a renovarlos este octubre. Debe estar obsoleto el edificio entero, porque lo demolerán por completo y construirán uno nuevo, que prevén inaugurar la próxima primavera. Y ahí es donde salta la sorpresa, porque en su anuncio explican que en los nuevos lavabos instalarán “alta tecnología antisexo”. Se trata de baños que, en el suelo, incorporan sensores de movimiento capaces de detectar si en el cubículo ha entrado más de una persona y si se dedican a “actividades sexuales impropias”. Caso de ser así, la puerta se abrirá automáticamente, sonará una alarma agudísima y sobre los pecadores caerán chorros de agua que los dejarán empapados. 

Pero ha llegado septiembre, que es un mes traidor. Todo mi gozo en un pozo. Leo en The Guardian, el mismo diario en el que en agosto leí la noticia, que el Ayuntamiento ha dado marcha atrás, abrumado por las críticas, que han sido muchas y variadas. Alegan que sus planes han sido malinterpretados. Construirán baños nuevos, sí, pero de los de toda la vida: “El Ayuntamiento nunca ha tenido intención alguna de instalar ningún tipo de sensores de movimiento, ni chorros de agua, ni puertas que se abran automáticamente...”. 

Los que en nuestros años mozos y no tan mozos acostumbrábamos a frecuentar bares, restaurantes y discotecas donde a menudo las urgencias obligaban a utilizar los baños con fines lúbricos no podemos sino levantar nuestra copa (ahora de agua y nada más) a la salud de los galeses que han conseguido esa victoria y recordar todo aquello con añoranza.