Río arriba

En su larga marcha hacia Kafiristán, Danny (Sean Connery) y Pecky (Michael Caine) se ven obligados a pactar con un tiranuelo local. Fue ésta una licencia de John Huston en El hombre que pudo reinar, basada en un relato de Kipling. A este satrapilla simpático le preguntan cuáles son sus enemigos. El hombre, sin dudarlo y dolidísimo, dispara: “los del pueblo de al lado; cada vez que bajamos  a bañarnos nuestros vecinos se mean río arriba”.

Lo mejor de las parodias es que pueden mostrar lo ridículo de la solemnidad y el patetismo patriótico

Algunos políticos de León están dolidísimos de ver cómo sus colegas de Valladolid llevan orinándose cuarenta años en el río de la historia y de los presupuestos, y recuerdan que León tuvo reyes antes que Castilla leyes. Atajando razones: allí acaban de reclamar su separación de Castilla y León, quieren ser sólo León. 

Como uno ha sido de León, me han preguntado por ese asunto en un periódico local. Si el pueblo leonés votara un día eso yo sería considerado un extranjero, porque al no vivir en el territorio ha dejado uno de ser del pueblo leonés y aun leonés a secas (aunque, la verdad, no creo que lo notáramos ni el pueblo leonés ni yo). A estas alturas es inútil recordar que el problema de los nacionalismos son las desigualdades, injusticias y enfrentamientos civiles a que dan origen –si acaso no nacen de ellas–, y que las desigualdades, entre ciudadanos libres e iguales, se combaten con ideas, no con sentimientos. Da igual. A tal grado de ensoñación hemos llegado.

Lo mejor de las parodias es que pueden mostrar lo ridículo de muchas cosas presentadas con solemnidad y patetismo patrióticos, por lo mismo que una caricatura puede ser más expresiva y exacta que un retrato fotográfico. Tendría gracia ahora que la Unión Europea empezara a tambalearse por el Barrio Húmedo leonés, reputado por sus tabernas y origen de mil micciones. Nunca supimos si aquel primer partido nacionalista se llamaba Sólo León o León solo. Esa anfibología era simpática, no obstante, pero hoy vemos que también era mentira: quieren formar la nueva comunidad autónoma con Zamora y Salamanca, provincias a las que, naturalmente, no han preguntado si quieren esa unión. Si fuera posible me haría zamorano, por sedicionarme yo también, aun a sabiendas incluso de ver cómo algunos de mis antiguos paisanos han emprendido la marcha ya hacia la parte alta del río.