De series y lecturas

Durante la feria del libro de Buenos Aires, participé en una charla organizada por el periódico La Nación para debatir sobre el trasvase de novelas a series televisivas. Al final de aquel ameno encuentro entre escritores con obras adaptadas y periodistas especializados en ficción audiovisual, quedó flotando en el aire una pregunta: ¿Está el consumo de series robando tiempo a la lectura? No tuvimos tiempo para debatirlo, pero la cuestión nos dio que pensar a todos.

A título personal y desde mi faceta de lectora, mi respuesta es sí, y por eso yo misma me freno y me autoimpongo límites: sé que, si me dejo seducir, quedaré atrapada por la pantalla y acabaré postergando los libros que tengo entre manos. El día, al fin y al cabo, tiene 24 horas y si descontamos las que pasamos trabajando, durmiendo, desplazándonos, atendiendo a la familia y la intendencia doméstica, y cumpliendo con mil compromisos y obligaciones –de la visita al dentista o al supermercado al paso por la lavandería–, los momentos dedicados al ocio o a alimentar el alma con obras ajenas quedan a menudo reducidos al mínimo.

Algunos de los nuevos contenidos de ficción emanan de la propia literatura

Pregunto a un par de amigas, a mi hermana, a una librera, a mi editora, a su marido... La respuesta es unánime, todas las voces coinciden: la oferta de las plataformas digitales es tan apabullante y tan al alcance de la mano, que resulta difícil resistirse a la tentación.

Sumemos además el hecho de que algunos de los nuevos contenidos de ficción emanan de la propia literatura: de Juego de Tronos a Sherlock; de House of Cards a La reina del sur. En HBO triunfa últimamente El cuento de la criada, basada en la novela de Margaret Altwood. La catedral del mar de Ildefonso Falcones está estas semanas emitiéndose en España con excelentes índices de audiencia a través de Antena 3 y pronto lo hará vía Netflix con alcance mundial. De mis cuatro novelas, una se convirtió en serie hace unos años, otra está entrando en fase de preproducción y para la más reciente tenemos ya un puñado de ofertas.

¿Qué nos deparará el futuro? ¿Acabaremos rindiéndonos al creciente modelo de consumo audiovisual, retornaremos al placer de la lectura sosegada, o lograremos mantener un equilibrio? 

Ojalá tuviera una bola de cristal para poder prever lo que nos viene. Hoy por hoy, sinceramente, no lo sé.