Soluciones

Los lectores de más edad recordarán lo que era transitar con bultos voluminosos por las estaciones y los aeropuertos hace unas décadas: paso de caracol, esfuerzo ímprobo y garantía de agujetas en los brazos. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que las maletas no tenían ruedas. Tratándose éstas de un invento que se pierde en el tiempo, y siendo el transporte algo consustancial a los humanos, resulta difícil concebir que llegase el Apolo 11 a la Luna antes de que a un avispado ejecutivo norteamericano se le ocurriera registrar la patente de semejante simpleza.

De los políticos ansiamos propuestas realizables para la vida cotidiana

Con todo, aquel invento inicial distaba de lo perfecto: las ruedas iban situadas en una esquina y el arrastre se hacía mediante una tira adosada a la parte superior de la maleta, por lo que la estabilidad resultaba precaria y el despliegue de cierto brío aún era necesario. Habría que esperar hasta 1987 para que un piloto de Northwest Airlines, harto de acarrear sus bultos por las terminales, llegara a la conclusión de que, poniendo las ruedas en la base y añadiendo un asa rígida y extraíble, su vida iba a ser mucho más llevadera. Acababa de nacer el equipaje rodante, un paso gigantesco en la industria que cambiaría la forma global de viajar para siempre.

Hay formidables retos tecnológicos que nos dejan con los ojos como platos por su alcance y envergadura, y hay problemas simples que, por razones ignotas, tardan siglos en encontrar soluciones. Pienso acerca de esto mientras en la radio escucho que un grupo de veinteañeros ha desarrollado una aplicación para que los camioneros puedan dormir en casa, evitando trayectos de miles de kilómetros al volante y noches de sueño incómodo en la cabina. La solución es de sencillez extrema: un sistema de relevos. El conductor que empieza su trayecto pongamos en Sevilla, lleva el vehículo hasta Madrid, donde pasa a otras manos previamente concertadas que lo llevan digamos a Barcelona, donde asume su turno un tercero si es necesario. Y así, hasta donde haga falta. En paralelo, cada camionero que concluye su trayecto, tiene previsto otro viaje en sentido contrario que lo devuelve al punto de partida.

Soluciones pragmáticas y eficientes, lógicas, asequibles y elementales. Ojalá nuestros políticos se sacaran algunas de la chistera. Menos promesas sin fondo. Lo que ansiamos son propuestas fácilmente realizables que faciliten la vida cotidiana a los ciudadanos.